Ritual Román 62: El problema de la paz

por Román Sanz Mouta

Título: El problema de la paz

Autor: Joe Abercrombie

Editorial: Alianza Runas

Nº páginas: 712

Género: Grimdark

Precio: 24,90€ /12,99€ (digital)

A pesar de los reveses sufridos, no hay nada que se interponga en el camino de Savine dan Glokta, en el pasado la inversora más poderosa de Adua, cuando ha puesto su ambición en un objetivo. Para héroes como Leo dan Brock y Stour Ocaso la paz no es más que un inconveniente que debe remediarse cuanto antes. Pero primero hay que alimentar agravios y reunir aliados. Entre tanto, Rikke tiene que dominar el ojo largo… antes de que su poder acabe con ella. En todos los sectores de la sociedad anida el descontento. Los Rompedores aún acechan en la clandestinidad, tramando planes para llevar a cabo el Gran Cambio que por fin libere al pueblo, mientras los nobles descontentos tratan de aumentar su influencia y sus prebendas. Orso intenta hallar un camino seguro en el laberinto de cuchillos que es la política, pero sus deudas y sus enemigos no dejan de aumentar. Ninguna alianza, ninguna amistad, ninguna paz, dura para siempre.

 

CRÓNICA

Para hablar de El problema de la paz, fácilmente podríais ir a la reseña de la primera parte de esta saga, Un poco de odio, y cambiar una sinopsis por otra, pues su estilo se mantiene entretenido, depurado, ácido, impecable y sucio cuando debe. Pero intentaré ser original y contar algo en lo que no se haga hincapié navegando por otras reseñas.

Y es que el gran valor de las novelas de Abercrombie, aparte de su inmenso talento, la capacidad para hilar varias tramas, la multidimensión que concede a los personajes, y esa manera de enganchar al lector casi enfermiza, pasa por la continuidad y las consecuencias. Porque resultan un flujo, tanto en las trilogías como en las obras sueltas que siguen desgranando su particular mundo. Donde se nos muestra a protagonistas desgastados, descastados, decadentes, o su otro lado del espejo, al inicio de sus periplos donde todo es ilusión, ambición, energía. ¿Veis? Consecuencias. O el paso del tiempo, que a nadie ni nada deja indiferentes, ya sea a padres que fueron guerreros, reyes o magos únicos, y que ahora ven desde sus tronos de hueso (y lo digo por la precariedad de las caderas) cómo han sido reemplazados por hijos o hijas con parecidos defectos heredados y algunos de nueva generación, para volver a repetir los mismos o parecidos errores, debido quizá a esos progenitores que tan ejemplares no fueron. De nuevo, consecuencias. O el avance industrial, casi una réplica más mordaz que reproduce nuestra propia realidad, y a la que estos niños y niñas criados con cuentos de héroes, y estos héroes y villanos pagados de sí mismos, deben adaptarse o morir bajo sus engranajes. Por no hablar del pueblo llano, que solo sufre por ínfulas ajenas. Una vez más, consecuencias.

Porque, si no, mirad cómo empezaron (listado en la anterior crónica) y cómo arrancan aquí:

  • Rikke, maravillosa, dura, certera, y no solo por el Ojo largo. Ahora, intenta aprender sobre su don para que este no termine de destruir su mente y su cordura. Y eso la obliga a cambiar, convertirse en más dura…

  • El joven León. Todo prepotencia y ambición sin cerebro. Ahora, el gran guerrero que consiguió la pelea que quería y la ganó. Pero ya no es un guerrero, más bien una marioneta sombra que intenta reinventarse desde su insensatez, siempre hacia delante sin medir los riesgos….

  • Orso, el príncipe borracho y todo lo que oculta. Ahora es rey, e intenta ser un buen rey, juicioso y justo. Hasta que colmen la cumbre de su paciencia, y mejor no enfadar a un rey, ya que esconde mucho más de lo que aparenta, virtudes de ser sincero…

  • Savine, hija de quien es. Estuvo cerca de tocar el cielo, cayó en desgracia, y resurge cual ave fénix, haciendo lo que haga falta hasta recuperar su posición privilegiada sin depender de nadie. Alentando una nueva guerra mientras espera controlar sus piezas…

  • Stour Ocaso, mucho más interesante que su simpleza orgánica y lobuna. Acecha en la sobra y amenaza en presente y directo comido por la impaciencia. ¿Ladrará o morderá…?

  • Vick y sus mil caras. Sigue cargando el peso de su pasado, de sus actos. viviendo con honestidad para con la mentira. Ejecutando un papel esencial desde sus dobles y triples juegos…

  • Broad, un monstruo contenido entre hombres que ve diáfana la injusticia, porque la sufrió en sus carnes, y que solo necesita volver a saborear la sangre para dejar salir a la bestia que no duerme…

  • Isern, profética y pragmática protectora de Rikke. Ahora, todavía la guardaespaldas, casi madre. Un papel fundamental, pues la necesita su niña más que nunca…

  • Trébol, el sabio oportunista. Ahora, líder de guerras de guerrillas contra su voluntad, obedeciendo al lobo hasta que vuelva a atisbar una oportunidad de escapar del mundo o exprimirlo…

  • Zuri, la misteriosa ayudante de cámara. La mejor mitad de Savine. Ya sabremos de ella…

El componente de crítica social, ya parte vital de la idiosincrasia en cada saga, es todavía más importante y se muestra sobrecogedor. Las diferencias entre unos estratos y otros, los excesos innecesarios, las injusticias o abusos empresariales, y quienes luego pagan las consecuencias (de nuevo). Y, sobre todo, no ser capaz de verlo desde esas posiciones elevadas, preocupados en sus mezquindades. Quienes llegan desde abajo solo observan a la plebe de la que eran parte para regodearse en las diferencias y celebrar lo que han conseguido y lo que han dejado atrás. Quienes caen de arriba solo quieren retornar a la ola de su ambición detestando su nuevo estatus. Todes ellos viven irreales, y quienes tienen un pie en ambas realidades, tanto de pobres como de ricos, aborrecen las dos, pero son capaces de contemplar el espectro en su totalidad. Imaginad el nivel de hastío, que asistimos poco impertérritos a atentados, inmolaciones, racismo, totalitarismo… Aparte de los intereses políticos, de cuitas por el control de la imagen y la manipulación anticipando movimientos en el tablero de ajedrez (sin importar las muertes que cuesten). Y el proletario, que no posee voz ni voto ni tiene nada más que el horario impuesto y la paga que les indignifica. El realismo arrasa en este estado intermedio de trilogía. Porque no olvidemos que es la novela más difícil del trío, pues recoge las consecuencias del primer tomo y se prepara la explosión definitiva del tercero, pero con su pausa, no dejan de sucederse los eventos, aunque sea en maquinando (no es una novela de transición, todo lo contrario, me atrevo a garantizar que es mejor que la anterior, sin ahorrarse ni una sola broma ni una sola crueldad, ni una sola sorpresa (se os va a desencajar la mandíbula)).

El medrar de la decadencia se siente bajo la piel. Pica. Porque incluso a todos estos personajes llenos de ambición, la decadencia los alcanza. Y tal hecho lo demuestran sus interacciones, sus diálogos, sus actos, sus traiciones y desvelos (sublime la charla previa entre Orso y Leo, desnudos como pocas veces).

A destacar la preponderancia del matriarcado, porque al final son ellas quienes manejan los hilos tras derrocar a sus maridos reyes o regentes, devenidos en reliquias de otra era que se sustentan de tragos y halagos. Pero hasta a estas matriarcas, glorificadas o invisibles, a veces se les escapan los hilos de sus inquietos títeres hijos, que cultivan sus propias ambiciones (otra palabra que se repite).

¿El quid? Que haya demasiados reyes, demasiados dignatarios, demasiada gente con poder, ese es el verdadero problema de la paz. Porque, tan ociosos como insaciables, acabarán chocando entre ellos. Porque vemos dos guerras, una de pactos y alcobas y susurros, y otra en el campo de batalla. Eso, los que cumplan sus promesas, quienes ganarán o perderán, como también los que falten a sus acuerdos y se aprovechen de las espaldas desvalidas, que se convertirán en los verdaderos vencedores de la contienda múltiple (qué bien sienta una buena puñalada por la espalda en el instante adecuado, ni antes, ni después). Porque puede haber dos bandos, pero cada uno alberga excesivas banderas e intereses.

Y el desenlace, con un clímax tremebundo donde todo cambia, y lo que se intuye para la traca final de la tercera entrega, más lo que no somos capaces de adivinarle al autor, se convierten en un simposio de anhelo por su lectura. ¿Para cuándo?

No carente, por supuesto, de ironía y sarcasmo (clásico en Abercrombie ese humor negro), vemos que, cuando llega lo inevitable y no hay vuelta atrás y la catástrofe se cierne, surge el mayor sentido del humor, conjunto con esas dudas y arrepentimientos. Cuando se ve quiénes están convencidos de su causa y cuáles ha sido arrastrados por la marea en marabunta, pues no todos luchan o se rinden de la misma forma. Y la justicia solo la decide el ganador, porque en la guerra no existen bandos, solo supervivencia.

Pero ojo, no todo son halagos y parabienes, si he de hacer una crítica, sería al excesivo desnudar de dientes (ya me entenderéis).

En terminando, un compendio de virtudes esta novela. Ya no incidiré más en las visiones y perspectiva desde los ojos de los diferentes personajes (sean protagonistas o tengan una simpe escena, porque dota en una página o en un párrafo de toda una vida, y consigue que nos sean cercanos, familiares, casi íntimos, afectándonos eso que sufren o disfrutan) que caracteriza la narración de Abercrombie, y que aporta nuevos sesgos a la batalla, porque una cosa es pelear entre guerreros, y otra cosa es fingir que vas a acudir a no pelear, para que luego te estalle la lucha en la cara. Espléndida novela. Disfrutada a cada parte, y paladeada en su tercio final incomparable. Reciba mi admiración este maestro de la cruda fantasía. ¡NO-OS-LA-PERDÁIS!

 

Pd I: a todas las novelas de Abercrombie les pega como banda sonora Everybody Knows de Leonard Cohen. Escuchadla de fondo durante alguna batalla.

PD II: más, más, más. Ya. Todes al barro.

2 comentarios

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C.G. Demian abril 15, 2021 - 11:45 am

El libro aguarda en mi estantería y me pone ojitos a diario, pero tiene que esperar un poco más. Muy buena reseña Román,

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Román abril 15, 2021 - 7:29 pm

Muy agradecido, amigo. Dale en cuanto puedas, te va a dejar seco….

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