Título: Breve historia de la oscuridad
Autor: Vicente Monroy
Editorial: Anagrama
Nº de páginas: 104
Género: Ensayo
Precio: 11,90 €
SINOPSIS
En nuestra cultura, tendemos a relacionar la oscuridad con el mal, el miedo, la ignorancia y la barbarie, pero en ocasiones puede ser un refugio acogedor. Sucede con las salas de cine, santuarios en los que se forjan mitos, deseos e ideales, templos del placer en cuya noche artificial podemos liberar nuestras emociones reprimidas y buscar respuestas que rara vez encontramos en la luz del día. En nuestro presente de pantallas múltiples, este libro reivindica – sin nostalgia ni resignación– los cines en los que los espectadores comparten esperanzas y angustias, sueños y pesadillas. La oscuridad de estas salas es iluminadora.
RESEÑA
¿Qué debieron sentir aquellas personas que asistieron, por vez primera, a la proyección de La llegada del tren a la ciudad de los hermanos Lumière? Imagino que la aparición de la locomotora en una superficie plana, moviéndose en dirección a ellos, supondría algo similar a un terror atávico. Ver materializarse un tren ante tus narices no distaría demasiado de aceptar lo sobrenatural. La magia del cine también funciona en ese sentido. Breve historia de la oscuridad viene a defender las salas de cine, aunque en realidad es un canto de amor a la proyección cinematográfica tal y como fue concebida por algunos pioneros.
Parecen tan heridas de muerte que tratar de rescatar las salas de cine a estas alturas de siglo es todo un ejercicio de valentía. Convertidas en el reducto del cinéfilo, que a menudo se ve asaltado por estímulos que no deberían estar allí, como las luces de dispositivos móviles, las charlas en voz alta de personas impertinentes o esa enervante masticación a dos carrillos tan extendida, las salas de cine han perdido parte de esa magia. En realidad no, en realidad somos nosotros quienes se la hemos usurpado con nuestro comportamiento bárbaro. Sin embargo, cuando se dan las condiciones adecuadas, esa magia retorna con todo su esplendor. Más de ciento veinticinco años después de su invención, el cine continúa desplegando sus maravillas y deslumbrándonos con un espectáculo inigualable.
Vicente Monroy realiza en este breve ensayo un repaso por la historia de las salas de cine, espacios concebidos en inicio como lugares de reunión que, en muchos casos, se situaban al aire libre y, por tanto, sus proyecciones sucedían a plena luz del día. La idea de congregar al público en un espacio cerrado y oscuro proviene de Richard Wagner, que creía que esa era la manera de que el espectador se sumergiera en lo que sucedía en el escenario. Su Festspielhaus, por tanto, tiene la culpa de que hoy no concibamos ver una película en una sala de cine iluminada. Esta es una de las cosas que nos enseña el libro.
Resulta muy curioso ver cómo la idea original de inmersión pronto se vio sustituida en algunos sectores conservadores de la sociedad por «el lugar de perdición» al que acudían jóvenes y no tan jóvenes a satisfacer sus instintos sexuales. Hasta tal punto llegó este asunto, que la iglesia católica promulgó una iniciativa para proyectar películas en las iglesias. Y es que la oscuridad siempre ha estado asociada al mal, a lo indeseable, a lo marginal. No es sencillo desprenderse de tales ideas preconcebidas.
Desde ese pasado glorioso, Vicente Monroy se atreve a imaginar un futuro en el que las salas de cine se transformen en algo más acorde a nuestros días. Ese ejercicio de anticipación es otra de las virtudes de este coqueto ensayo que, sin duda, encantará a todo cinéfilo que se precie.
Personalmente, me enorgullezco de, en pleno 2026, seguir acudiendo religiosamente al cine al menos una vez por semana. Las plataformas de streaming representan un sucedáneo que, en ocasiones, se viste de cine con un disfraz muy logrado. Sin embargo, no dejan de ser eso, una imitación que jamás alcanzará las sensaciones que produce asistir a una proyección cinematográfica en una sala diseñada para ello. Lo dice mejor Chris Marker en una cita que aparece en Breve historia de la oscuridad:
En la televisión se ve la sombra de una película, el rastro de una película, la nostalgia, el eco de una película, pero nunca la verdadera película.
No puedo estar más de acuerdo.

José Luis Pascual
Administrador
