Título: Plop
Autor: Rafael Pinedo
Editorial: Interzona
Nº de páginas: 144
Género: Fantasía oscura
Precio: 16 €
SINOPSIS
Plop es una novela descarnadamente escrita, porque el hueso y la médula están ahí a la vista. Hay novelas crueles, por supuesto, pero es difícil encontrar una pieza narrativa en la que no haya ni una sola concesión. Es una cosa seca, como concentrada, como puños cerrados. El lenguaje sirve para comunicar lo que está acá, pero lo que está más allá no tiene nombre ni lo tendrá quizás nunca. La ciencia ficción tiene novelas muy descarnadas, muy crueles, pero esto creo que es lo más cruel que leí. Yo creo que Pinedo está solo dentro de la literatura latinoamericana. No se puede decir que este muchacho sale de allí, o que abreva de allá. Esa cosa monstruosa de toda la humanidad no lo encuentro en otra parte. Puede haber, quizás, en un texto medieval, qué sé yo. A mí me parece que ese hombre está solito, lo cual es un gran honor.
Angélica Gorodischer
RESEÑA
Más allá de la absoluta desolación que desprende la lectura de Plop, cuando uno indaga y trata de buscar referencias u obras que puedan haber servido en su arquitectura, pocos títulos acuden a la mente. El más obvio es La carretera, de Cormac McCarthy, novela con la que comparte decorado y aspectos tonales. Sin embargo, La carretera se publicó cuatro años después de que Plop viese la luz. Podemos recurrir, no obstante, a otra obra del buen McCarthy, Meridiano de sangre. Si bien los mundos tratados son muy diferentes, aquí sí que hallamos similitudes en cuanto a cómo se exhibe la deshumanización más terminante. En realidad, da igual, ya que Rafael Pinedo va mucho más allá que McCarthy en cuanto a traspasar límites y hurgar en la miseria y la podredumbre del alma humana. ¿Podemos estar ante una de las obras más duras que nos ha dado la ficción? Rotundamente, sí.
Plop estrecha un círculo muy compacto y muy reducido en torno a un grupo de humanos que vive, como todos los demás, rodeados de barro, hierros oxidados, despojos, basura y cadáveres. Incluso en tales condiciones, de tanto en tanto se producen nacimientos; uno de esos niños es el elegido por Pinedo para contar su historia completa. Lo bautizan como Plop porque ese es el ruido que hizo al caer al barro desde el vientre de su madre. Con ese dato, puede el lector hacerse una somera idea de lo que va a encontrar en la novela.
Nos situamos, por tanto, en un mundo postapocalíptico en el que el ser humano sobrevive como un animal más. Bajo una lluvia perpetua, vamos a ser testigos de una ráfaga de secuencias que dibujan un alma humana desprendida de cualquier atisbo de luz o esperanza. Aquí todo es muerte, abuso, caza, sexo y alimentación. El comportamiento se basa en el instinto más que en la razón. El regreso a la barbarie como modo de vida.
Ni que decir tiene que estamos ante una novela dura, descarnada, escrita sin concesiones. Allí donde La carretera buscaba su impacto en la alternancia de crudeza y poesía, Plop no escatima en mostrar la violencia sin cortapisas. Los escasos lazos de unión entre los personajes se sitúan por debajo de los impulsos primordiales. Ello conduce a que los rituales que se suceden estén anclados en el salvajismo, que el sexo se utilice como un recurso instintivo que sirve para comerciar, y que su modus operandi supere cualquier tabú imaginable.
La técnica que emplea Rafael Pinedo para insertarnos en este cruel universo es muy curiosa. El autor argentino utiliza párrafos muy breves, de dos o tres frases como máximo, que otorgan al libro un aura de fugacidad muy marcada. El mismo criterio se aplica a los capítulos, que nunca superan las tres páginas. Situada en las antípodas de las grandes epopeyas de la fantasía oscura convencional, la novela apuesta por la concisión y la brevedad. Pese a ello, nada falta en la historia.
Los géneros fantásticos abrazan el término grimdark para definir a obras distópicas con contenido ultraviolento y sangriento. A Plop esta etiqueta se le queda corta. Muy corta. Si me permiten, me voy a referir a ella como la obra que inaugura el grimdarker. Y es que en pocas ocasiones la literatura habrá mostrado el proceso de deshumanización tan a las claras como lo hace esta novela. En realidad, ni siquiera existe tal proceso, sino que la atrocidad, la crueldad y la muerte constituyen la normalidad y, como tal, todos lo aceptan. No hay nada más. Una de las novelas más salvajes de todos los tiempos.

José Luis Pascual
Administrador
