GODZILLA: LOS MONSTRUOS Y LA HUMANIDAD

por Carlos Ruiz Santiago

Una de las primeras cosas que hice cuando me independicé fue establecer una tradición: todos los miércoles, una película de Godzilla. Se empezaba por la primera y se iba en orden cronológico hasta la última. Yo ya había visto no pocas de las cintas del icono nipón, pero así podría ver las que me faltaban y apreciar los cambios a lo largo de los años. Y es una tradición que sigo a pies juntillas porque me encanta Godzilla.

Hay muchas razones, porque, al fin y al cabo, ¿quién no adora a un lagarto atómico gigante vomitafuego? Sin embargo, hay algo que destaca sobre todo lo demás.

Godzilla demuestra que la ficción siempre supera a la realidad.

Nuestro querido Goji nace en el caldo de cultivo que es una sociedad rota y traumatizada por el uso del arma más terrible jamás creada sobre población civil. Japón siempre ha sido un país tendiente al hermetismo, pero aquello creó una cicatriz de esas que sanan lento. No son solo las muertes, es la ira y el rencor que ello crea, el sentimiento de culpabilidad, la sensación del mundo entero de que, tal vez, se había ido todo un poco de las manos.

Se había llegado demasiado lejos, como si nuestro odio becerro y descerebrado hubiera sido capaz de crear un arma que superase a su creador. La bomba atómica tiene eso en común con Dios.

Justo en este maremágnum de horror nace Godzilla. Japón crea un horror nacido del miedo nuclear, una oda antibelicista donde la tierra como conciencia colectiva toma todo ese odio y rencor y lo amalgama en una criatura terrible, que sufre y hace sufrir a un tiempo. Si veis Shin Godzilla, remake apócrifo de la original, el sentido del horror atómico es aún más destacable. Godzilla surge vomitando sangre porque es una aberración que jamás debió existir y al que el lento paso de los segundos le somete a una tortura constante. Que la primera vez que escuchamos el icónico rugido del kaiju sea cuando muta y ruge de pura agonía por el cambio repentino es toda una declaración de intenciones.

Shin Godzilla como un el horror contrahecho que es

También es una declaración de intenciones el Oxygen Destroyer, el arma usada para acabar con el Godzilla original y que causa que el científico inventor destruya todos los planos de su creación. El trauma por haber creado algo demasiado abominable como para existir es un tema constante en estas películas, una espada de Damocles forjada en ego que cuelga sobre el cuello de la humanidad.

Y no es solo Godzilla, muchos otros tantos kaijus con los que ha compartido pantalla representan cosas similares: Hedora es el horror de la contaminación en una era que descubre el ecologismo, casi la era Hesei entera es un constante de gente metiendo las narices donde no deberían. El miedo a las consecuencias de nuestras acciones cuando jugamos a ser Dios, ni más ni menos.

Y no es solo eso, tras el éxito de la película original, Godzilla se vuelve tan cabal en la cultura nipona que empiezan a usarlo para exorcizar otros miedos. Los extranjeros son un trauma perenne en ellos y no es casual la cantidad abismal de villanos alienígenas que tiene nuestro kaiju favorito: Ghidora, Gigan, Spacegodzilla… Aparte del enemigo en la sombra que es el gobierno internacional en general y el estadounidense en particular, que tan claro se ve en su patética inacción en muchas de las cintas. Y todo eso sin hablar de las numerosas civilizaciones alienígenas que se han hecho pasar por amigas de la humanidad solo para controlar o encerrar a los kaijus de turno.

Porque, y esto es sumamente interesante, según avanzan los años, Godzilla se vuelve el protector de la tierra. La ira del planeta comienza a tomar conciencia en una especie de relación tensa con la humanidad en la que nadie está cómodo del todo, pero debemos de aceptarnos. No tenemos ninguna otra casa, al fin y al cabo.

Godzilla nunca es un ente benigno, pero sí pasa a ser una fuerza de la naturaleza que no tiene más culpa de hacer lo que hace que cualquier otro animal al seguir sus instintos. Ishiro Honda, el director de la cinta de 1954, tiene una frase genial que resume muy bien esto que trato de decir: «Los monstruos son seres trágicos. Nacen demasiado grandes, demasiado fuertes, demasiado pesados. No eligen ser malvados. Esa es su tragedia».

Storyboard de la escena de Godzilla: Minus One en la que se nos recordó que Goji es un monstruo marino

Y justo a esto me refería cuando hablaba de realidad y ficción. La existencia carece de narrativa, de puntos de giro y catarsis. La realidad es azarosa, caótica y extraña en el peor sentido de la palabra. Los humanos, demasiado inteligentes para nuestro propio bien, no podemos existir de ese modo. O no podemos sin caer en la demencia galopante al menos. Godzilla le da sentido al pueblo nipón, les permite expulsar el veneno de su interior, entenderse y continuar hacia adelante. Los japoneses lo necesitan tanto como el propio kaiju a ellos. La analogía con Dios continúa, algo a lo que le damos poder para que nos dé poder, una creación artificiosa que se vuelve real por una aceptación generalizada.

La ficción siempre superará a la realidad porque nos permite arreglar el mundo, cambiar las cosas, explicarlas, encontrar el orden en el caos primigenio de la existencia. En nuestra búsqueda de domar todo aquello que no entendemos y nos asusta, creamos la ficción, algo superior a nosotros mismos. Al igual que la bomba atómica, nuestra creación nos supera y nos define.

Y sacar, del horror, algo positivo.

Porque en eso reside gran parte de lo que la gente olvida a la hora de mirar la ficción: la catarsis es dolor, sí, pero también revelación. ¿Os acordáis cómo os he contado antes que en Shin Godzilla el kaiju sufría a cada instante de manera indecible?

Pues su voluntad de vivir es más fuerte.

Al igual que nosotros, héroes trágicos que nunca pidieron nacer y que aun así deben vadear las calamidades de la existencia, Godzilla se niega a rendirse. Aunque le ataquen, aunque lo destrocen y su mera existencia vaya contra natura. Al igual que en Minus One, se resiste a morir y a dejar de avanzar sin importar lo que suceda.

Por eso la ficción siempre va a superar a la realidad. Porque, cuando todo está oscuro, siempre te deja encontrar la luz si sabes donde mirar.

3 comentarios

vicente febrero 28, 2024 - 9:53 am

Desde hoy le tengo más cariño a Godzilla.

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Daniel Aragonés marzo 1, 2024 - 10:12 am

Me gusta mucho el artículo. Las tengo que ver todas, birra en mano.

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Estrellita Aldebarán junio 4, 2024 - 10:31 am

Jamás había visto a Godzilla desde esa perspectiva. Me encantó el artículo. Me recuerda mucho a la enseñanza que transmite la novela “Frankenstein, o el moderno Prometeo” de Mary Shelley sobre la responsabilidad que tiene el hombre con su propia creación.

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