Entrevista a Athman M. Charles

por Daniel Aragonés

Introducción

Estoy aquí, con Athman M. Charles, en la sala de espera de un hospital, ambos reventados, contentos y con muchas cosas que contar, quizá demasiadas. Una enfermera cadavérica se pavonea con mesura delante nuestra. Juraría que nos ha guiñado un ojo. Joder, echa gusanos por debajo de la bata. En fin.

Para poneros un poco en situación, Cantos y lamentos del dios de los suicidas y Aquello que mordisquea mis zapatos son sus dos últimas obras, imprescindibles si quieres conocer el terror de un modo realista. Un compendio de relatos, poemas prosaicos, puñaladas dolorosas y golpes certeros. Denso. Oscuro. Tan real que lo sientes en el alma. Durante su lectura quieres rascarte. Arrancarte la piel a tiras. Es muy intenso. Son dos obras que permanecen en mi mesilla de noche por infinidad de buenas razones, realmente buenas.

Vamos al lío:

De charla con Athman M. Charles

¿Quién es Athman? ¿Es real o una creación?

Buenas, Dani. Un placer hablar contigo. Joder, empezamos fuerte… Athman es una creación, un alter ego nacido en los albores de internet, cuando participaba en foros de literatura y terror, que ha resultado ser más real que la persona que vive tras el pseudónimo. Sin sus limitaciones, sin condicionantes, sin la necesidad de aparentar. Es el que tiene el valor, la desvergüenza y el poco talento que pueda uno encontrar en lo que hago. 

Es aquella parte de mí que se negaba a aceptar que mi verdadero yo fuese solo el tipo que se pasaba cincuenta horas semanales currando en la obra tirando de pico y pala, rodeado de gente que no entiendo ni me entiende, dejándose arrastrar por el día a día esperando con ansia ese pequeño espejismo de libertad que suponía tener una horas el fin de semana para dedicarse a lo que le hacía feliz, a lo que me hacía sentir vivo, a ser YO de verdad. El escritor, el fiestero, el montañero, el boxeador. Todos ellos eran Athman incluso antes de darle nombre y autonomía.  El personaje se descubre como la naturaleza real de este calvo que suscribe y no el supuesto original, un simple machaca sin más aspiraciones ni inquietudes, apoltronado en la desidia. Athman es la mejor versión de mí, la más libre y auténtica y es una suerte dejarla campar a sus anchas.

 

Después de esta presentación, entro en materia. ¿Por qué el autor de terror no está reconocido en España? Yo creo que es necesario, la literatura sin referencias se queda un poco coja.

Ufff, es complicado. Partimos de que aquí nunca hubo una época dorada en el cine ni en la literatura, salvo cosas muy puntuales como el pulp, donde las novelitas de «a duro» tuvieron mucho éxito, pero era un nicho de cuatro autores malpagados currando a destajo y donde el western se comía la mayor parte del pastel. A diferencia de los EE. UU., antes de mitad de siglo XX  nos chupamos una puta guerra civil que supuso, hasta hace nada, la absoluta censura y castración de cualquier cosa que se saliese de la norma, de lo considerado aceptable en lo moral, de lo de a pie. No hubo una época dorada del fantástico, ni al terminar el conflicto, ni en la post-guerra, ni en la mal llamada Transición que vino después. Aquí nos dio por el destape y por perseguir suecas en tetas.

Hubo conatos y de calidad (programas como Historias para no dormir y más tarde, Noche de lobos, que nos dieron algo de vidilla y plantaron la semilla de nuestros gustos), pero fueron solo la excepción que confirma la regla. Éramos (y en muchos aspectos seguimos siendo) una sociedad casposa y cateta a partes iguales, de puticlub el sábado y misa de domingo, de Eurovisión y de criticar todo lo que viene de fuera, (¡Puto Halloween, viva Todos los Santos!), a menos que hablemos del sempiterno Stephen King y, quizás, las pelis de George A. Romero. Aquí éramos más de Marisol y La vida es una tómbola y culebrones venezolanos. 

La cosa ha cambiado poco y estamos con las mismas telenovelas, aunque ahora turcas, el Sálvame, bailecitos de Tik Tok  y el turismo de borrachera. Háblales de fútbol o de quién se folla a quién en no sé qué programa reality y todo cristo sabe de lo que hablas. Cuéntales sobre un autor o un libro, y si no es el producto de moda de este año, promocionado de forma machacona (hasta el punto de que si no lo compras o vas a ver la peli cuando salga, no eres nadie ni estas al día), no tienen ni puta idea y te miran raro. Si eso pasa con la literatura en general, ¿cómo va a ser en un nicho como el nuestro? Los videojuegos hacen a la gente violenta y el «asesino de la katana» jugaba al rol. Los que escribimos terror debemos ser psicokillers antropófagos, por lo menos.

En realidad, no tengo ni idea. En el cine y series, el género funciona. En los videojuegos y mangas, otro tanto. El target es mayoritariamente joven y lo consumen en esos formatos. No digo que no lean, solo que no escogen este tipo de lecturas. La razón por la que los libros no tienen el mismo reconocimiento se me escapa por completo.

 

¿Dónde estás como escritor? ¿Dónde te ves? ¿Dónde crees que te ubican? 

Ahora mismo, en el margen, diría que incluso fuera de plano.  Seamos sinceros: Yo he desistido de intentar nada en este mundillo pequeño, endogámico y saturado. El decidir de forma consciente no seguir en el juego, el no mover tu trabajo, te lleva a la marginación; pero, al menos en mi caso, ha sido una decisión no solo voluntaria, sino completamente acertada. Soy libre. Hago lo que quiero, escribo mis mierdas según las siento. Es mi desahogo, mi terapia, mi búsqueda personal. No necesito la aprobación de nadie. No estoy atado a formas, estilos, tendencias, modas ni nada más que a mi propio proceso creativo, mis neuras, mis filias y fobias y dejar salir todo el cacao mental que bulle en mi cabeza. Si me leen cien, cojonudo. Si me leen dos, lo mismo. Me da igual. Claro que como autor quiero llegar a la gente, a futuros lectores, pero eso queda en segundo lugar, tras el simple hecho de poder ser yo y hacer lo que me da la gana. Son muchos años batallando, currando en el mundillo, conociendo peña, metido en eventos y saraos y, total, lo único bueno es alguna de la gente que he conocido, gente muy maja (pocos, pero buenos) y las risas. Todo lo demás, postureo, curro desagradecido y poco más.

 

Me encantaría ver tus obras en las librerías, pero por desgracia, no es así. ¿Qué obras te gustaría ver en las librerías? No te rompas la cabeza tampoco. La cosa anda floja en nuestra parcela, no quieren vendernos.

Como lector, me meto de todo, desde bestsellers a autoeditados, así que a priori no le hago ascos a nada siempre que tenga algo que contarme. Si se trata de lo que quisiera, es simple: prefiero mil veces a una pequeña editorial que se parte la cara por seguir en la brecha que a algunos popes endiosados que se creen por encima de los demás y pretenden sentar cátedra con sus mierdas elitistas y clasistas. Quiero literatura de trinchera, de la que sale del barro, de la que nace de dentro y sale reventándole el pecho al autor para abrirse paso. De lo visceral, de lo auténtico, de lo que crece fruto de la experiencia y el talento. De la risa, de la mala baba, del humor negro, del odio, de la rabia, del hastío o el inconformismo. Quiero imaginación, creatividad, libertad sin etiquetas. Quiero obras que me diviertan de verdad o me peguen bofetones en la jeta y me hagan recordarlas al cabo de una semana, de un mes o de un año.

 

La fama es un monstruo de dos cabezas. ¿Qué te sugiere esta paparrucha que te acabo de soltar?

La fama no existe, son los padres (o la empresa que tienes detrás haciendo campaña). Y es tan volátil y aleatoria que, si te llega de chiripa, exprímela hasta dejarla seca.

Cuando estaba leyendo tus libros, hace unos meses, te imaginaba en tu escritorio. ¿Dónde, cómo, por qué escribes? ¿Algún ritual? El público quiere conocer al autor que hay dentro de ti.

El autor que habita en mí era el sosias de un albañil que llegaba reventado a su casa y tras hacer vida familiar, y después de cenar, le quitaba horas al sueño para encerrarse en una pequeña habitación (que era a la vez despacho, taller de manualidades, cuarto de la ropa y trastero) a escribir en su viejo portátil, con una lata de refresco o una birra al lado, un purito en los labios y un cenicero hasta arriba de colillas, que se levantaba y caminaba como animal enjaulado buscando la palabra exacta hasta que la encontraba y volvía a sentarse a escribirla. Los sábados madrugaba porque había que aprovechar el día, ya que siempre he sido más productivo por la mañana.

Ahora soy un señor jubilado y pachucho del corazón, que ha cedido la habitación a su hijo mayor y escribe desde donde puede, sea la mesa del comedor, sea en plan okupa desde el escritorio de mis hijos, sea en el sofá. Ya no hay puros ni refrescos. Solo caramelos de limón y miel sin azúcar y cerveza sin alcohol. Puta mierda, oye… Eso sí, hay algo que no cambia. No escucho música mientras escribo, pero sí antes, para meterme en la historia, crear la atmósfera necesaria, inspirarme. Todas mis obras cuentan con su playlist, su propia banda sonora exclusiva y buscada a conciencia.

 

Tenemos contacto desde hace ya unos años. El grupito es amplio: colegas, amiguetes, amigos, conocidos, trols. Es imposible leerlo todo de todos, pero la admiración está ahí, de forma genérica. ¿Crees, como yo, que hay demasiada mediocridad, falsedad y obstrucciones? ¿No sería más fácil si tirásemos la basura de vez en cuando?

En lo literario, un rotundo SÍ. Se da pábulo a autores y obras mediocres o directamente malas y no hay valor para ir más allá de lo de siempre, de descubrir cosas nuevas, atrevidas, de calidad y capaces de mostrar otra literatura que no quiere lucirse en el escaparate, sino agarrarte por las solapas, sacudirte en los morros y hacerte sentir. Elitismo, endogamia, aprovechados, puñaladas traicioneras y publicar de forma masiva en busca del próximo pelotazo en el caso de las grandes. Cuánto talento desaprovechado y tiempo perdido. Salvo, como siempre, por pequeñas editoriales que sí se mojan y están haciendo cosas muy arriesgadas, valientes e interesantes, por lo que no todo está perdido.

En cuanto a la peña, en general, mi premisa es simple: Mucha gente, pero pocas «personas» y demasiada gentuza. Quien me conoce sabe que pese a ser sociable, extrovertido y empático, me asquea la humanidad, entendiendo esto en referencia a lo que supone la palabra, como concepto, de forma genérica, como un ente. Creo que somos lo puto peor y que la idiotez, la mediocridad, el fanatismo, la picaresca y el tonto orgulloso de sí mismo (lo más peligroso) son una plaga tan extendida que es imposible sobrevivir a ella sin erradicarla por completo. Claro que hay gente maja a la que quiero bien, pero el panorama es desolador. Estamos rodeados de tarados, ignorantes e hijos de puta, así que a las poquitas personas de tu alrededor que valen la pena hay que cuidarlas como el tesoro que son. Y sí, hay que soltar lastre, hacer criba, apartar y apartarse, en todos los aspectos de la vida. No soy antisocial, pero tengo madera y vocación de viejo ermitaño cascarrabias. Por eso lo afronto con cinismo, ironía y humor, riéndome de todo y de todos y tomándolo a pitorreo. Es eso o reventar y empezar a quemar cosas.

 

¿Somos un buen referente de cara al exterior? ¿Cómo te ves dentro del mundillo?

Si alguna vez fui alguien, cosa que dudo, fue más por ser hiperactivo, promover iniciativas y liar a la peña para proyectos chulos que por otra cosa. A día de hoy sigo teniendo contactos, pero soy totalmente irrelevante y estoy fuera del negocio. Terminé muy quemado. Me he quedado obsoleto y mantengo las relaciones por amistad y afinidad, no por el tema literario. Hay personitas muy majas que me ayudaron mucho en todos los sentidos y los quiero a mi lado. Por suerte, queda gente cabezona que se empecina en seguir en la brecha, que se arremanga y no tiene miedo de plantar batalla desde la trinchera, dando el callo, trabajando duro, apretando los dientes y sacando mierda de la buena, de la que vale la pena. Esos son a los que hay que imitar, apoyar y seguir. En cómo nos ven desde fuera, ni idea. ¿Magaluf cuenta como evento literario?

 

Háblanos un poco de tu obra, de esa búsqueda, ¿hacia dónde te diriges, si es que existe una ruta?

Pregunta curiosa y oportuna. Me hallo en un momento de búsqueda personal, de reencontrarme a mí mismo, de saber quién soy tras lo sucedido (problemas de salud por una grave enfermedad que me ha convertido en discapacitado, en un yayo jubileta que ha tenido que aprender a lidiar con lo que eso supone, duelo y depresión mediante). De hecho, Cantos y Lamentos es eso, una suerte de diario del proceso de la enfermedad, del duelo, de la depresión, a modo de terapia y catarsis. 

Sin dejar de trabajar en relatos al uso, sigo reinventándome según me lo piden mis neuras. Mi forma de entender el género se nutre de los demonios personales, de las experiencias traumáticas y aquello del pecado, la culpa, el castigo, la expiación y la redención, de que los únicos monstruos son los que creamos en nuestra mente o incluso nosotros mismos. Es como lo concibo. Todo se reduce a eso, a un juego de espejos, de metáforas, de subterfugios que no son más que nuestro propio reflejo deforme. Nunca he aspirado a ser novelista. Lo mío siempre han sido los relatos y me siento supercómodo ahí. Pero de un tiempo a esta parte eso se ha radicalizado aún más y estoy en modo de experimentación, dejando a un lado el relato tradicional y jugueteando con nuevas formas. Prosa poética, microficción, ideas sueltas, relatos breves y textos bastante crípticos, a modo de pequeñas instantáneas que dejan en mano del lector su propia interpretación.

Nunca he sido capaz de apreciar como se debe a la poesía y no acostumbro a leer ese tipo de obras, pero, de forma incomprensible, coqueteo con ella cada día de forma más evidente, aunque sea de un modo informal, abstracto y reprochable. Amo el weird, lo onírico, el surrealismo, el terror psicológico y la escritura automática, anteponiendo el mensaje y la simbología a la propia historia y narración. También me interesan muchísimo el mundo de la fotografía, el cine experimental, los cortometrajes y el género found footage, y me he liado ahora a probar con lo de aprender a escribir guiones. No sé qué saldrá de esto, pero se trata de darse el gusto, ¿no?

 

El otro día, hablando, me comentaste algo sobre un taller de literatura. ¿Te apetece hablar del tema?

Nada serio, pero algo que me hace sentir una punzada de orgullo. Vivo en un pequeño pueblo fronterizo, de apenas siete mil habitantes y, salvo un club de lectura, no había nada relacionado con la literatura. Junto a otra autora local, lo hablamos y, tras tantear si había gente interesada, montamos un taller de escritura creativa amateur. El tema es que funcionó y, aunque son pocos los integrantes, lleva abierto desde hace seis o siete años. Por razones de salud tuve que bajarme del proyecto, pero este sigue funcionando y, oye, es algo que me hace sentir satisfecho por la parte que me toca.

 

Tienes que elegir un apocalipsis y despedirte desde donde quieras. Dirige tu voz al público. Eres el predicador ahora mismo.

Me pido el puto asteroide. Pero quiero uno de la hostia, tamaño «king size» por lo menos. Y justo cuando vaya a mandarnos al carajo, desde el balcón y siendo televisado a todo el planeta, abrazado a mi familia, poder decir: «Queridos, se acabó lo que se daba, pero que nos quiten lo bailao. Os quiero. Abrazos para ellos, besos para ellas, pellizcos en el culo para todos y al resto, gentuza, patadas en las espinillas y que os follen».

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