Lobos (Roberto Brodsky)

por José Luis Pascual

Título: Lobos

Autor: Roberto Brodsky

Editorial: Random House

Nº de páginas: 216

Género: Narrativa contemporánea

Precio: 18,90 €

SINOPSIS

Lobos pone en escena –y en ruta, pues se trata de un largo e inquietante viaje en auto– la difícil relación entre un padre y su hija adolescente mientras atraviesan Estados Unidos rumbo a un campamento de ecología radical al cual ella ha decidido ingresar.

La delicada salud de la hija y su mejor amiga, los fantasmas políticos y literarios de él y las nuevas miradas sociales sobre las palabras y las conductas ponen entre ambos un abismo que el amor y el mutuo empeño no logran salvar. La catástrofe vive en los cuerpos y en el derrumbe del mundo conocido. El viaje es, así, una incursión sin retorno en el lenguaje de la despedida y la paranoia, mientras el padre lleva consigo un manuscrito como la hija su furia.

RESEÑA

Las novelas de carretera tienen algo que me atrae poderosamente. Atravesar un país entero a través del asfalto, y más con una imaginería como la norteamericana, nos hace partícipes de un viaje por extensiones interminables de terreno que, de algún modo, se convierten en un no lugar, en uno de esos espacios liminares que tan de moda se han puesto. Confieso públicamente que tengo una novela escrita en cuyo interior la carretera y el viaje suponen un tema importante. Elegí hablar de la relación entre un padre y su hija, que es justo lo que hace el escritor chileno Roberto Brodsky en su última novela. Nuestras ópticas, empero, no pueden ser más equidistantes. Esto no quita para decir, ya lo avanzo, que Lobos me ha encantado.

Brodsky utiliza el viaje como herramienta a través de la que articular un eterno abrazo de despedida entre un veterano profesor de escritura creativa y su hija Julia, quien ha decidido mudarse a un campamento ecológico para aportar su granito de arena en esa tarea tan gargantuesca que es cambiar el mundo. Además, Julia sufre lupus, enfermedad que limita su vida cotidiana y que, como gran metáfora que sobrevuela toda la historia, afecta a todo su círculo íntimo. Mi segunda confesión es que también he convivido con una persona aquejada de esa enfermedad. Es otro punto que me hace conectar con la novela de un modo que no sospechaba.

Tal y como sucedía en la recientemente reseñada DOM, la novela de Brodsky echa el ancla en un tema principal: encontrar la manera de decir adiós. Julia debe despedirse, en primer lugar, de una vida normal al ser diagnosticada de lupus; posteriormente, ha de aprender a vivir sin Sophie, su amiga del alma, que es víctima de un cáncer incurable; la última despedida es la del padre, que también es la de su propia infancia y adolescencia, para afrontar de golpe la edad adulta. Brodsky crea un viaje hacia esa meta, una línea recta que desemboca en el futuro como agente destructor de todo el pasado.

Más allá de nuestra propia implicación en la obra, de nuestra empatía para con los personajes, el autor despliega una habilidad especial para hacer confluir una prosa sobria con una lírica en la que no dejamos de hallar imágenes poderosas. Evidentemente, el texto se entenderá mejor (quizá «dolerá más» sea una expresión más adecuada) si conoces la enfermedad que desfila por las páginas de la novela. Brodsky debe de hacerlo, pues traslada con enorme fidelidad las vicisitudes y consecuencias que acarrea el sufrir una enfermedad autoinmune.

La novela alberga pasajes de una clarividencia literaria incuestionable. Asistimos a una serie de reflexiones que nos embargan y nos sumen en un estado de lucidez que es el mismo del autor. Estos recursos, fascinantes sin duda, fagocitan sin embargo el ritmo de la obra en ocasiones, llevándonos a pausas extensas dentro de una novela que ya es de por sí pausada. Aunque Brodsky lidia con este problema armado de brillantez, habrá lectores que lo acusen. A mí me ha pasado, aunque por fortuna lo considero un problema menor dentro de una obra relumbrante.

No quiero acabar sin mencionar el desenlace. El cierre es perfecto como una carretera circular o, quién sabe, interminable. La escena elegida por el autor para terminar su obra sirve como símbolo de un momento concreto que, sin embargo, se nos antoja eterno. Quizá Lobos nos adentre en un limbo que es el reverso de ese país engañoso en que se desarrolla la novela. Y tal vez en ese limbo no existan las despedidas porque, cada vez que se hacen presentes, el motor de nuestro coche renquea y nos obliga a detenernos. Fascinante obra.

Deja un Comentario

También te puede gustar

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del usuario a través de su navegación. Si continúas navegando aceptas su uso. Aceptar Leer más