Título: Días oscuros
Autor: Thomas Olde Heuvelt
Traductora: Ana Isabel Sánchez
Editorial: Nocturna
Nº de páginas: 464
Género: Terror
Precio: 21,50 €
SINOPSIS
En Lock Haven, un pueblecito del estado de Washington, hay una calle muy especial: Bird Street. Todos sus residentes tienen éxito, son ricos, saludables y felices. Y sus hijos son sofisticados, inteligentes y triunfadores.
Por lo menos, durante once meses al año.
Porque en noviembre comienzan los Días Oscuros. Noviembre es el mes de los accidentes, los conflictos familiares, las enfermedades y, en fin, la mala suerte. Y es en noviembre cuando un forastero llega a Bird Street para cobrar la deuda que los residentes han contraído con él a cambio de su felicidad.
Ese precio es una vida humana. Sin falta.
Pero este año, las cosas no salen según lo previsto. Este año, los Días Oscuros se tuercen de un modo escalofriante…
RESEÑA
La obra me llegó por un desliz, un fallo comunicativo —quiero suponer—. Esperaba otro título y cuando abrí el paquete y la vi, me dije: ¿Qué hago? No puedo devolverla, a fin de cuentas, soy redactor para Dentro del Monolito. Hacer caso omiso a esta novedad de tanto calado no es profesional. Así que me lancé al vacío. Quizás con algo de escepticismo, no lo voy a negar —el estilo no me atrae en absoluto.
Iré al grano. Dado que soy crítico y creador, busco algo que me aporte y abra las aduanas artísticas —es fundamental—. ¿Días oscuros lo ha conseguido? Pues no, la verdad. Me parece un buen libro, no lo voy a negar, capaz de reunir elementos de terror psicológico y fábula oscura. Evocando viejas historias Stephen King, Shirley Jackson o Peter Straub. Quiero destacar su mirada perturbadora e incisiva. Thomas Olde Heuvelt nos conduce a los rincones más lóbregos de la conciencia. Días oscuros cuestiona la moral y nos habla sin tapujos, que no sin rodeos, del precio de esa felicidad cómoda que tanto desean algunos. Sombría y tensa, es una buena opción para quienes disfrutan del terror contemporáneo y los pactos fáusticos. Simple, cargada de personajes, familias y sinrazones.
Pese a la densidad del comienzo, por el cual casi la dejo aparcada, merece la pena adentrarse en esta espiral de acontecimientos. Puntos de vista adultos y adolescentes. Cómo afectan los hechos a unos y a otros. Un juego opresivo y mezquino.
Thomas es el sucesor de King, no tengo la menor duda, así nos lo quieren vender. Se enfunda en ese estilo bestseller tan cansino y lanza sus salvas al aire editorial. Obras largas. Densificadas. Henchidas de párrafos que llevan a otros párrafos. Personajes que van evolucionando con lentitud. Secretos que pesan. Familias que se rompen. El mal no entra de golpe: se adecúa. Espera. Crece entre conversaciones, silencios y pequeñas decisiones. Ahí es donde mejor funciona la novela. Cuando deja de explicar y comprime. Para mi gusto, demasiado coral y con mucha maleza literaria. Hay voces que aportan y otras que frenan. Las ideas están bien pulidas, pero una novela no es mejor por ser más larga. A veces, cortar también es escribir.
Para los amantes de este tipo de historias, la recomiendo. Tirarte en el sofá, con un helado de queso y fresa, abrir el libro y dejar que pasen las horas. Sin prisas. Aceptando sus desvíos. Aguantando algún tramo más espeso de la cuenta. Porque, cuando arranca, sabe sujetarte. No busca el sobresalto fácil. Prefiere dejar una sombra. Una duda embarazosa. Terror sostenido. De ese que se queda contigo cuando cierras el libro.

Daniel Aragonés
Redactor
