El cuarto de Verónica – Ira Levin

por José Luis Pascual

Título: El cuarto de Verónica

Autor: Ira Levin

Traductora: María Raquel Albornoz

Editorial: Plaza & Janés

Nº de páginas: 123

Género: Teatro, Suspense

Precio: Descatalogado

SINOPSIS

La joven Susan Kerner es abordada – mientras cena con su novio en un restaurante – por una encantadora pareja de cierta edad, que se muestra impresionada por el asombroso parecido de Susan con Verónica Brabissant, fallecida mucho antes. Susan y su novio acompañan a la pareja hasta la mansión de los Brabissant, para ver el retrato de Verónica y comprobar el parecido. Y allí comienza la extraña pesadilla… Ira Levin mezcla la realidad con la fantasía en una subyugante urdimbre que inquieta y atenaza por su verosimilitud y por la sorprendente maestría e imaginación.

RESEÑA

A veces conviene volver la mirada a textos de cierta antigüedad, bien sea para coger aire entre narrativas contemporáneas que pueden resultar mareantes, bien para comprobar su vigencia muchos años después. En mi camino se cruzó, de forma casual, El cuarto de Verónica, libreto teatral que no conocía, pese a ser una obra representada con asiduidad. Si, como era mi caso, a usted no le sugiere nada el título, el nombre de su autor lo pondrá en contexto. Ira Levin publicó esta obra en 1974, años después del éxito que lo convirtió en celebridad: La semilla del diablo. 

Tal y como me sucedió con Esperando a Godot, resulta una experiencia muy refrescante la de enfrentarse a una obra de teatro. Descubrir los recursos narrativos que ofrece el teatro es muy esclarecedor para quienes escribimos, pues no solo ayuda a trabajar los diálogos, sino que además sirve para enfocar nuestro narrador dentro de una escena detallada. Con sutileza, pero al mismo tiempo cogiendo al toro por los cuernos, Ira Levin desliza en el texto un asombroso dominio de ambos aspectos. El resultado es una obra sumamente eficaz que deviene en todo un manual de instrucciones sobre cómo manejar la tensión narrativa.

Si bien en la obra de Beckett encontrábamos distintos subtextos que nos llevaban a reflexiones variadas, El cuarto de Verónica se centra en algo tan concreto como el suspense o, si queremos, el terror psicológico. Desde el inicio se nos plantea una situación que pasa de ser anecdótica a convertirse en un delicado dilema. Cuatro personajes y una sola habitación es todo lo que necesita el autor para urdir una trama cuyos puntos de giro sorprenden, y mucho. Al tratarse de una obra breve, que puede leerse perfectamente en una hora y media o dos horas (el tiempo real en que se representaría la obra), no explicaré nada de la trama. Solo diré que el autor clava la estructura escénica y que es complicado encontrar un momento en el que detener la lectura.

Ira Levin crea aquí una historia que en cierto sentido moderniza el gótico para llevarlo a una modernidad que, si bien hoy puede parecernos anticuada, sigue funcionando de maravilla. Además, el juego entre clasicismo y actualidad cobra importancia dentro de la propia trama, lo que confiere al texto un poso mayor del evidente. No es muy habitual encontrar historias de terror, o al menos que apelen al suspense, en el panorama teatral, por lo que ardo en deseos de asistir a una representación de la obra. Así lo digo: ojalá todas la novelas de género que se publican hoy estuviesen tan bien pensadas y fuesen tan efectivas como El cuarto de Verónica.

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