Ritual Román 157: El hombre sin nombre

por Román Sanz Mouta

Título: El hombre sin nombre

Autor: Laird Barron

Editorial: La biblioteca de Carfax

Traducción: Antonio Rivas

Nº páginas: 128

Género: Terror abstruso

Precio: 18 € 

SINOPSIS

Nanashi ha llevado una vida de violencia. Es un alcohólico rehabilitado a quien el clan Heron salvó de la ruina y le dio un propósito: la muerte. Su última misión es secuestrar a Muzaki, un famoso luchador retirado que se encuentra bajo la protección del clan rival. Pero las cosas no son como parecen y Muzaki esconde un aterrador secreto.

RITUAL

Nanashi es un personaje misterioso. El hombre de los trabajos sucios, de pretéritos vacíos. Sin aparente conciencia. Metido en la Yakuza, en medio de una guerra entre dos bandos. Y para avanzar en esa guerra, le envían a una misión junto a sus conocidos (que no confiados) compañeros psicópatas y asesinos. Una fiesta.

Pero el objetivo, Muzaki, no es lo que parece, para nada.

Porque Muzaki se convierte en el protagonista de la novela, no solo por su plática profunda, filosófica, desquiciante, lesiva, sino por la presencia brutal, por lo que evoca, porque se aúna en un personaje al mismo personaje y a la vez la atmósfera de la novela. Difícil de explicar, pero lo intentaré.

Laird Barron es un maestro del desplazamiento espaciotemporal dentro de sus textos. Con patrones oníricos, el protagonista, Nanashi, una vez entra en contacto con Muzaki, antiguo luchador, mito viviente y loco aficionado, quien se presta para ser secuestrado y asesinado, muta la realidad, la suya, la de todos. Ese es el plan.

Hasta que abre la boca. Hasta que habla y contagia a Nanashi, aquel que escucha, porque es un recipiente hueco donde luchan su pasado, remordimientos por el camino, con su presente y su inexistente futuro. Y Nanashi emprende un viaje de terror lisérgico contra todo y todos para encontrar quizá una razón, quizá una verdad esquiva o una mentira cierta. Lo que fuere, le espera al final de un peculiar camino de raíces, donde esos saltos lo sitúan en escenarios improbables, donde se enfrentará a demonios de Morfeo, a ilusiones ajenas y a dos organizaciones criminales que no pueden coexistir más. Crudo. Hermoso.

Es interesante Nanashi, porque al devenir en hueco, es capaz de albergar en su interior al lector o lectora que devore esta breve obra, cuasi una novelette. Consigue que compartas con él su experiencia psicodélica de horrores colindando con lo nefasto, y en la que baila al son de los hilos de Muzaki (imperdible creación, ya me gustaría saber más sobre sus historias).

Entre acción desenfrenada (y sangrienta), género negro, algo de terror ignoto, la composición del genio que es Barron nos absorbe hasta el infinito, siempre sorprendidos por el giro que da el manuscrito y por lo imprevisible de su imaginación.

Los personajes, dos, quizá tres, no mentaré a esa tercera, sublime, se comen el texto. Sin menguar los secundarios, piezas a derribar o superar. Jefes finales. Sicarios. Matones. Asesinos. Víctimas.

La atmósfera, que ayuda a crear en metaliteratura el propio Muzaki, es capaz de confundir y subyugar, llevando al límite la credibilidad, pero consiguiendo que sea efectiva, visual, enloquecida, demoledora.

El argumento quizá suponga lo menos importante, que no poco trabajado. Hablamos del periplo vital de un personaje agostado y de una estrella fuera de foco, Nanashi y Muzaki. Antes de que se conozcan, nos envuelve la prosa de misterio y seudonoir. Tras su encuentro, damos el salto a lo desconocido de la incordura, atrapados por la prosa y la deriva de esta delicia de obra.

En resumen, y quizá haya divagado ligeramente, o mi ritual os deje más torcidos que la misma novela, lo cual dudo, Laird Barron aporta un estilo y escuela diferente al horror, al misterio, a la acción, al pulp onírico. Abarca tantos géneros que colman el paladar de cualquier lector y lectora aficionado, y puede que también de los profanos a nuestro lado oscuro, pues su extrañeza y su intensidad son hipnóticas. Pese a su brevedad, te apresa entre sus páginas y no te suelta hasta mucho después de finiquitar su trama y cerrar el tomo. Cosa a tener en cuenta, pues su delirio se queda contigo, amigo, amiga mía.

Vamos a apostar por Laird Barron, y espero, con fruición, que traduzcan más de sus textos a nuestra rica lengua.

Lee, maldito, maldita, ¡lee!

 

Pd: para quien no lo haya paladeado, te envidio el momento en que lo descubras. Suertes.  

2 comentarios

Daniel Aragonés febrero 16, 2024 - 11:32 am

Muy buena reseña. Desde luego, me llama la atención esta obra. Tengo ganas de leerla, y más después de tu reseña. Me pones la birra en los labios.

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Román febrero 17, 2024 - 9:36 am

El autor es peculiar, y solo por conocer y reconocer su voz y apuesta, merece la pena. Si quiere usted la novela, a disposición.
Más birra para cualquier labio!

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