Título: En el sur de Indiana
Autor: Frank Bill
Traductor: Ce Santiago
Editorial: Malas Tierras
Nº de páginas: 280
Género: Relatos de rural noir
Precio: 24 €
SINOPSIS
Bienvenidos al sur de Indiana, en el corazón de Estados Unidos, donde los empleos sindicados y las granjas familiares han dado paso a laboratorios de metanfetamina, tráfico de armas y peleas a puñetazo limpio. Sus habitantes —hombres y mujeres, adictos y camellos, víctimas y victimarios de todas las edades— vagan a la deriva entre la miseria y la soledad, la droga y el alcohol, en un escenario controlado por pandillas armadas hasta los dientes y clanes en constante disputa.
RESEÑA
Me tumbo en la cama y abro el libro. Echo una ojeada, como siempre. Suelo leer los agradecimientos, la breve biografía del autor, el índice con los títulos. 17 relatos y una sinopsis prometedora. Me coloco bien las gafas y enciendo la luz portátil que uso para enfocar bien las letras.
Después de acabar el primer cuento me pongo con el segundo. Luego con el tercero. 50 páginas del tirón y mi hijo me llama para bajar a la calle. ¿Cómo le digo que no tengo ganas? No puedo hacerlo. Así que paro y me bajo con él a jugar al fútbol. En los tiempos muertos pienso en lo que tengo entre manos. Desde que devoré Knockemstiff, de Donald Ray Pollock, no me había enganchado tanto con una obra. Por la noche, cuando llegamos, decido ver una serie infantil con él y nos quedamos dormidos. Sueño con esos tres títulos. Una pequeña historia une a los personajes y engrandece la visión global.
Es sábado. Me levanto con fiebre y dolor corporal. Entro en la ducha, me apaño un poco la mente y le digo a mi exmujer, madre de Gunnar, que se vayan juntos a pasar el día. Vuelvo a la cama y me adentro por completo En el sur de Indiana. Las historias se van separando unas de otras, pero algunos personajes repiten y vuelven a mostrarse. Me gusta que mezcle unos cuentos con otros, eso demuestra personalidad. Pasa lo mismo con la taberna. Todos acuden al mismo lugar. Son detalles soberbios.
El viaje me transporta a un lugar que tenía olvidado: mis orígenes en crudo. Con cada relato, y pese a estar hecho una basura, una extraña felicidad me invade. La violencia. Los parajes. Armas de fuego. Bandas latinas de narcotraficantes. Maltratadores. Rateros. Policía forestal. Mujeres capaces de cualquier cosa. Perros. Mapaches. Violaciones. Apuestas ilegales. Podría decir que no existe un hilo conductor, pero resulta que Frank tiene un don para otorgar a toda esta amalgama de barbaridades el brillo de la coherencia. Cuando un autor te obliga a empatizar con la hecatombe existencial sabes que lo está haciendo bien.
La seña de identidad del rural noir marca cada página del libro, como lo hace la sangre cuando te cortas con el filo de una navaja. No hay ni un relato insustancial. En conjunto, puedo decir que es una obra redonda y homogénea, perfecta. No rehúye de nada. Se trata de una oda a las zonas rurales del sur. Sin necesidad de ahondar en explicaciones ridículas o añadir descripciones inservibles. Furtivos, de Tom Franklin, comparte este mismo ADN, pero la violencia que nos regala Frank Bill es una absoluta maravilla.
Analogía:
Existe un paralelismo asombroso entre Frank Bill y yo. Ambos nos criamos en una zona rural. Granjas. Armas de fuego. Caza. Cuchillos. Ganado. Y mucha dureza vital.
Recuerdo las matanzas de cerdos y corderos, cómo los cuchillos cortaban la carne y los animales se desangraban delante de mis ojos. La gente era ruda, pero cuando amaban lo daban todo. De niño me parecía divertido andar por ahí con una escopeta, disparando. Cortar ramas con un cuchillo de monte o jugar con la semiautomática descargada de mi abuelo. Era lo normal. Mi abuelo me hablaba de la Guerra Civil y de muchos actos violentos que cometió. No se andaba con remilgos a la hora de contar historias. Es evidente que, hoy por hoy, veo aquello de otro modo, pero no por eso deja de ser mi origen.
Frank tampoco intenta ocultar nada, y eso me gusta. Las zonas salvajes son para gente dura, supervivientes, cazadores, mujeres con arrojo y fuerza, capaces de empuñar un arma y hacer uso de ella. Nos cuenta cómo es el sur de Indiana desde la perspectiva más sangrienta y cruel. La letra con sangre entra.
En el sur de Indiana aúna ciertos ingredientes que me apasionan. Violencia. Sentido identitario. Rural noir estadounidense. Realismo sucio. Coherencia. Crimen. Y la marca del sur.
Bestial.

Daniel Aragonés
Redactor
