Título: Dulcenombre
Autora: Marina Arrabal
Editorial: Blackie Books
Nº de páginas: 240
Género: Narrativa contemporánea
Precio: 14 €
SINOPSIS
Una joven llamada Dulcenombre sufre delirios místicos a ojos de los psiquiatras. La aparición de un estigma en su cuello parece darle la razón. Pero en lugar de convertirse en una elegida de Dios podría estar convirtiéndose en algo mucho más oscuro.
RESEÑA
Cada libro nos lleva a un lugar de nuestra alma. Cada autor nos somete a una transformación introspectiva, una renovación. Así debe ser, en mayor o menor medida. Cuando eso no ocurre, conviene cerrar el libro y olvidarlo. Mis reseñas parten de esa reflexión sencilla: hablo de las sensaciones, del lugar al que me lleva la lectura, de las imágenes que me sugiere, de los recuerdos que despierta y de las visiones futuras que deja abiertas.
Con Marina Arrabal ha sido un torrente a cámara lenta. Lectura especial, densa por momentos, emotiva, dura, inocente. Muy agradable en varios aspectos.
Empiezo por el principio. Estaba tonteando por la red y me topé con un cartelito de Dulcenombre. Podría haberlo ignorado, pero no fue así. Me llamó la atención sobremanera. Sentí un abrazo de oscuridad que me impregnó de calidez —curiosa sensación—. Acto seguido investigué a la autora, como hago siempre, incluso le mandé un privado que luego borré para no parecer un acosador sin fundamento. Marina me cautivó con sus posts de Instagram. Con esa intrahistoria continua y su forma de narrar. Todos los artistas despellejan sus entrañas en esa parte virtual de sus vidas. Fueron tantas sacudidas internas. Algo romántico, como cuando leí a Palahniuk en su momento. O a Paul Auster. Incluso a William Burroughs. Una ambigüedad atrapante. Fue instantáneo, me tuve que comprar la maldita novela.
Dulcenombre me acompañó en las vacaciones y la terminé en casa, tumbado en la cama. La obsesión que transmite es liviana y sutil. La magnífica creación del personaje es la clave: cómo evoluciona dentro de una obra que, en apariencia, permanece estática; cómo nos traslada a una época de nuestro país alejada de los ecos cibernéticos; cómo muestra, paso a paso, la enfermedad mental y una realidad que desconocemos y tratamos de un modo inadecuado. No quiero profundizar demasiado, por aquello de no desgranar la trama. Solo diré que Dulcenombre, la protagonista, es la verdadera novela; no hay más. Me parece un trabajo complejo. Destaco tres cosas por encima del resto: Los trofeos, la sangre y el fanatismo religioso.
En cuanto a todas esas imágenes, quizás si nombro a Julia Ducournau la autora sonría. Crudo y Dulcenombre comparten cierta atmósfera. Cada autora con sus fetiches y carga moral. Por aquello de alejarnos de lo convencional, durante la lectura me vino a la mente Una chica vuelve a casa sola de noche, con su aura retro y el realismo de trasfondo. Conozco la afición al cine de Marina, y me fascinan sus influencias.
¿Qué quiero decir con todo esto? Estamos ante una autora con mucho futuro, y lo digo desde el egoísmo lector.
En cuanto al mensaje, habla del encierro, de la falta de propuestas familiares, de la sobreprotección, del silencio y de cómo la enfermedad mental se trata como la peste. La no reinserción social se presenta como un personaje que se asoma por una rendija hasta romper la cuarta pared. Somos iguales, debemos ser iguales, no seas distinto. Es evidente que no soy el más adecuado para hablar de esto. Si nos referimos al estilo, no es nada retorcido: Marina denota un conocimiento profundo tanto de las letras como del lector medio. Sin complicaciones. Los capítulos se reparten de forma magistral entre un narrador en tercera persona y unas grabaciones en primera. Presente y pasado: ese cóctel que tan buenos resultados ofrece si se utiliza bien.
Espero que acudáis a vuestra librería más cercana y os hagáis con un ejemplar. Es por vuestro bien.

Daniel Aragonés
Redactor
