Título: Las croquetas del señor Keller
Autor: Jorge Salvador Galindo
Editorial: Eolas Ediciones
Nº de páginas: 274
Género: Narrativa humorística
Precio: 18 €
SINOPSIS
Javier Tomeo escribe novelas como croquetas«. En esta frase, pronunciada en su día por Juan Benet, reside el origen de este libro. Un libro que recorre la trayectoria novelística del escritor aragonés y hunde sus raíces, al mismo tiempo, en la tradición de la mejor narrativa humorística.
Las croquetas del señor Kellerestá compuesto por treinta relatos y dos informes de lectura ficticios sobre dos novelas inéditas que Javier Tomeo jamás escribió ni escribirá. Y el contenido, tomado en conjunto, se convierte en un juego metaliterario, en un imaginativo viaje que atraviesa la ficción y el tiempo para homenajear a uno de los escritores más originales de nuestras letras.
En estas páginas se esconde la flora y la fauna más estrafalaria: caracoles carnívoros, hormigas kafkianas, tejos parlantes, rábanos rebeldes, tortugas de la suerte, carpas psicotrópicas, ranas con perilla, un iguanodón combustible… Ah, y una paloma de veintitrés kilos. También hay espacio para más de cien personajes que parecen extraídos de un bestiario de excentricidades: mayordomos asesinos, vecinos hiperliterarios, emperadores del futuro, golfistas licántropos, reporteros del infierno… Ah, y una niña endemoniada succionada por un televisor.
RESEÑA
En la cubierta de Las croquetas del señor Keller, bajo el mismo título, puede leerse «A fiction travel / A non-fiction trouble» (Un viaje de ficción / Un problema de no ficción). No es un subtítulo baladí, pues Jorge Salvador Galindo nos regala un viaje literario a través de las tierras sembradas por Javier Tomeo, al tiempo que nos plantea un problema llamado humor. Y lo llamo problema porque, en los últimos tiempos, pese a ser más necesaria que nunca, parece que la literatura humorística no encuentra su lugar.
El libro es una defensa a ultranza de la utilización de lo cómico como herramienta para encontrar literatura de primer nivel. No es algo que veamos muy a menudo, pero Salvador Galindo logra, por una parte, devolver a Tomeo a la primera plana gracias a una serie de relatos (nada menos que treinta y dos) que se titulan como las propias novelas del oscense, y por otro lado, vindicar el humor como una parte vital del ser humano y de la literatura. Este empeño quijotesco bien merece la pena cuando el lector se enfrenta a textos que miran la comicidad desde muy diversas ópticas y voces narrativas, aunque siempre coincidentes en captar la esencia tomeana de entender el mundo.
Desde el primer cuento, «El cazador», se pone en liza todo el estilo y la intención del autor: crear fábulas plagadas de una distorsión humorística de la realidad, algo que hoy nos parece novedoso pero que ya cultivaban muchos autores no hace tantos años. Basándose en el absurdo, Jorge Salvador Galindo alcanza la hilaridad a través de la escena y el diálogo, en una serie de situaciones descacharrantes que se apoyan en una comicidad que alterna el humor blanco con otro mucho más perveso y que, además, trata de recuperar algo tan nuestro como el esperpento.
Como sucede con otros géneros tales como el terror, el humor es algo muy personal y subjetivo. Confieso que mi sentido del humor es un tanto retorcido, pero he conectado mucho con el humor absurdo en ocasiones y cáustico en otras, pero siempre irónico y mordaz, que gasta el autor. Por supuesto, es posible que mis referentes sean muy distintos a los que llevaron a Salvador Galindo a emprender no solo la escritura de esta obra, sino a dirigir el único sello dedicado a la literatura humorística en España (la colección La risa floja, que forma parte del catálogo de Pez de Plata), pero me identifico mucho con la visión surrealista que desprende este libro. Encontramos juegos de palabras que bien podrían formar parte del repertorio de Tip y Coll, delirantes riñas metaliterarias similares a las que pregonaban los Monty Python, pero también curiosos homenajes a Bukowski o Kafka, e incluso narraciones procaces propias de Woody Allen.
Más allá de eso, lo literario se desprende de la portentosa imaginación del autor, que recuerda, en otro registro, a los Diarios de las estrellas de Stanislaw Lem. Para que el lector se haga una idea, en Las croquetas del señor Keller podemos hallar cuentos como El climen del cine Oliente… perdón, «El crimen del cine Oriente», historia de terror que mata de miedo, literalmente; también tenemos guiños a la ciencia ficción con un enfrentamiento bélico en la luna capitaneado por un lejano pariente del mismísimo Napoleón, un cuento medieval con rábanos como protagonistas, una reinterpretación de La metamorfosis de Kafka en clave hormiguil o un magnífico homenaje al mismísimo Pedro Páramo de Rulfo.
Otro aspecto curioso, que le da a un libro tan cargado de relatos una sorprendente unicidad, es la conexión que los cuentos establecen entre si. No es raro ver personajes comunes, lugares u objetos repetidos, situaciones vistas desde diferentes puntos de vista. Todo ello nos sitúa en un universo tan loco como inequívoco. Y es un universo dibujado con una prosa muy afinada que utiliza frases que fluyen en un vaivén entre el clasicismo, lo moderno y lo popular.
No podemos obviar que a veces el humor de Jorge resulta soez y a contrapelo, y eso hace que desemboque en una literatura audaz e irreverente que no teme adentrarse en recovecos delicados. El humor le quita peso al drama, no cabe duda, y uno se queda muy satisfecho tras leer estos relatos, placenteros como un dedo introducido en el ano (eso me han contado).
Es difícil que un libro con tantos textos mantenga una coherencia interna total o un nivel uniforme. De manera sorprendente, Salvador Galindo consigue hacer check en ambas casillas. Tener tan claro el leit motiv del libro ayuda, pero no por ello deja de ser un logro imponente. Tengo que mencionar algunos cuentos que me satisficieron especialmente. Empiezo con «La ciudad de las palomas», cuento que se carga la estructura habitual de un relato y que representa toda la intención del autor: cagarse en lo establecido como si fuese una paloma de 23 kilos. Igualmente, encuentro hilarante «El discutido testamento de Gastón de Puyparlier» desde la propia elección de los nombres de los personajes hasta su desarrollo, que no deja títere con cabeza. Quizá encontremos en «Los amantes de Silicona» una de las piezas maestras del libro, por su perfecta fusión entre comicidad desvergonzada y metaliteratura despampanante. También me encantaron los dos últimos textos, redactados como si fuesen informes de lectura profesionales y que otorgan una nueva de las muchas miradas distintas del autor hacia el humor y la literatura.
Tiremos de las croquetas para rematar la reseña, creo que es lo suyo. La bechamel es esponjosa y nutritiva, aderezada con tacos de humor omnipresentes que, en nuestra boca, no pierden esa cualidad sabrosa que sorprende. El rebozado literario cruje, y de qué manera. Su textura nos recordará a sabores de nuestra infancia, de nuestra juventud, y a veces nos parecerá enteramente nuevo. Y una última cosa: un autor que bautiza a los personajes de un relato como puntuaciones de golf merece todos mis respetos.

José Luis Pascual
Administrador

1 comentar
Hay que abrir la puerta al humor.
Buen análisis.