Título: La ley de los cerros
Autor: Chris Offutt
Traductor: Javier Lucini
Editorial: Sajalín Editores
Nº de páginas: 278
Género: Novela negra sureña
Precio: 20 €
SINOPSIS
Tras veinte años como agente de la División de Investigación Criminal del ejército, Mick Hardin se retira y planea instalarse en Córcega. Antes, viaja a su Kentucky natal después de una ausencia de dos años para pasar unos días con su hermana Linda, la sheriff del condado. Una vez allí, Linda lo pone al día del caso que está investigando: el asesinato del mejor mecánico de coches de carreras locales, presuntamente involucrado en peleas ilegales de gallos. Cuando Linda es herida de gravedad en un tiroteo, Mick es nombrado ayudante del sheriff y hará lo que sea necesario para dar con el pistolero.
RESEÑA
Qué bien sienta volver al universo creado por Chris Offutt. La ley de los cerros es la tercera entrega de la trilogía inaugurada con Los cerros de la muerte, trilogía en la que el autor norteamericano retrata con maestría la idiosincrasia de la vida en los Apalaches. Huimos aquí del frenetismo de las grandes ciudades para sumergirnos en otro policial que se toma su tiempo, al igual que los personajes, condenados a una vida apagada y lenta pero, de algún modo, satisfactoria a varios niveles. Posiblemente radique ahí la fascinación que desprenden las novelas de Offutt, en cómo nos muestra otra vida tan distinta a la urbanita.
El omnipresente Mick Hardin regresa a Rocksalt dos años después de los eventos sucedidos en Los hijos de Shifty (aunque son novelas independientes, las conexiones están muy trabajadas por el autor). Retirado del ejército, su regreso es temporal, pues sus planes son marcharse a Córcega. Sin embargo, un nuevo crimen va a desencadenar una serie de sucesos que pondrán en jaque a Hardin y a todos los que le rodean.
El decorado es, sin duda, uno de los aspectos que mejor sabe destacar el autor. El pueblo de Rocksalt, descrito por Offutt como una entidad con vida propia, vuelve a convertirse en un personaje secundario que en todo momento solicita la importancia que merece. Además, a lo largo de un pasaje vital de la novela, este protagonismo queda compartido con los suburbios de Detroit, otro espacio decadente que alberga sus propias y salvajes normas. Ambos espacios desprenden una atracción fascinante, ese tipo de admiración que de vez en cuando uno encuentra en lo primitivo.
Es palpable el oficio de Chris Offutt durante toda la obra. El ritmo está perfectamente medido dentro de una estructura clásica de inicio, nudo y desenlace. Cualquier aprendiz de escritor debería fijarse en cómo el autor trabaja los diálogos. A menudo, los personajes establecen conversaciones que suelen arrancar con un tono trivial y que, poco a poco, van cobrando una significancia y una intensidad espectaculares. Esto, aderezado con las descripciones de la vida natural, especialmente de las aves, componen ese aura tan especial que posee la trilogía. Marca de la casa que sirve para subrayar momentos relevantes de la obra.
Poco que añadir. No soy fan de la novela negra, y sin embargo esta trilogía me ha subyugado de principio a fin gracias a su estilo, su tono y su espíritu. Todo un ejemplo de literatura que trasciende lo comercial para fluir con la naturalidad de los arroyos de los Apalaches. Los cerros huelen a gasolina, madera y sangre, pero también a petirrojos, cárabos y arrendajos. Porque la ley de los cerros es también la ley del bosque.

José Luis Pascual
Administrador

1 comentar
Cuando acabe con todo lo que tengo, sin duda, me voy a zampar las novelas de este hombre. Muy buen análisis.
En este tipo de novelas, la vida que transmiten los entornos son la clave. Es como un animal lleno de pulgas.
Abrazos enormes.