Título: El traje del muerto
Autor: Joe Hill
Traductor: Julio A. Sierra
Editorial: Nocturna
Nº de páginas: 384
Género: Narrativa contemporánea
Precio: 19 €
SINOPSIS
Jude Coyne es una estrella de rock, aunque hace ya tiempo que dejó los escenarios. Vive en una apartada mansión con su novia y su secretario, y lo único que aún le divierte es coleccionar objetos relacionados con lo sobrenatural.
Todo cambia cuando decide pujar por un fantasma que se subasta por Internet. Poco después, le entregan una extraña caja con forma de corazón que contiene el traje del muerto.
Al poco tiempo, el espectro se le aparece y Jude comprende una perturbadora verdad: por más que huyas, es muy difícil escapar de un fantasma. En especial si se trata del espíritu de alguien de tu pasado.
RESEÑA
¿Cómo empezar una reseña? Resulta complejo. No me gusta lanzar el texto como un gancho de izquierdas. Tampoco quiero andarme por las ramas y hablar del contexto y el modo en que me aventuré a pedir esta obra para la revista. La realidad es que me gusta Joe Hill. Conecto con sus temáticas. Siento atracción por el trasfondo. Pese a que el objetivo es entretener, existe algo más. Es vidente que no lo hace como Coupland, Easton Ellis o Palahniuk. Se trata de una rotura inconsciente. El escritor se independiza del entorno que lo envuelve y reivindica su propia voz narrativa. «Soy yo y no quiero depender de nadie. JOE HILL. Su voz. Sus historias. Soy JOE HILL y quiero matar a mi padre». Dado que no pretendo destripar ciertos entresijos, lo dejaré aquí. Por supuesto, no digo que el autor quiera matar a su padre en el mundo real, pero sí en el inconsciente colectivo.
Pongo mi lectura en situación:
Cuando El traje del muerto llegó a mis manos me encontraba en un momento vital, y hablo como lector, en el que escapaba del formato best seller —a veces me superan las descripciones, la repetición continua y las acciones simples que ocupan diez o veinte páginas—. Joder, me dije, por qué pides esta obra si no tienes ganas de tragarte un tocho. Por suerte, fue abrirla y caer poco a poco en sus fauces. Un terreno diáfano cargado de trampas ocultas. Estilo directo. Buena estructura. Y un carácter amable con el público.
Estamos ante un título de terror, humor y acción. La combinación perfecta del blockbuster. La nueva era de la edición de género. Atrás quedan los clásicos, con su seriedad y estilo recargado. Ahora debe primar lo explosivo. Las mentes modernas necesitan experimentar con los límites. El fantasma tiene que interactuar. El asesino debe exponer sus actos de un modo explícito. Es así, queramos o no. Impactar, enganchar y reconvertir, cosa que Joe hace a la perfección.
Abro las primeras páginas y, como siempre, voy lento. Procuro empaparme, salsear, fusionarme con los personajes y evolucionar con ellos. Si esto no ocurre, dejo cualquier novela, ensayo o cómic. No sigo con la farsa.
¿Qué ocurre? Seré subjetivo. El frontman de una banda de rock, hastiado, abandonado a una suerte absurda, se deja llevar por su propio personaje y es devorado por la leyenda negra. Los días de gloria quedaron atrás. Es como si el mismo Ozzy encarnase el papel protagonista. Un tipo que no tiene desperdicio. Convive con una veinteañera. En una mansión. Con sus perros. Su secretario le lleva prácticamente todo. Él solo se dedica a poner malas caras y cagarse en todo. Fucking rock & roll. Ahí comienza todo, casi a cuchillo.
Al margen de ciertos entresijos que descubrirás cuando decidas leerla, la acción se centra en su afán por coleccionar objetos relacionados con el más allá, el misterio y lo prohibido. De este modo, su secretario compra el traje del muerto, una prenda que va acompañada por un fantasma. Simple. Sin artificios. A partir de ese momento la vida del afamado cantante da un vuelco. Empieza a darse cuenta de muchas cosas. No se puede vivir de una pose eterna y pretender que la gente te baile el agua. Así es como pasas de odiar al personaje a empatizar. El proceso evolutivo es muy interesante. Lo mismo ocurre con el resto de los actores y la argamasa emocional que construyen, incluidos los canes, de suma importancia en los devenires que se suceden.
Algunos críticos hablan de matar al padre, y puede que tengan razón. Yo lo llamaría independencia. Joe reivindica varias cosas en esta novela. Se desmarca sin abandonar la senda del amor, la compañía y la locura. Es algo personal.
Uno de los detalles que más me gusta es cómo la situación se transforma en road movie. Pasamos de sentir el aliento del muerto dentro de una mansión a viajar por Estados Unidos con la sensación de que todo va a terminar mucho peor de lo que empezó.
No olvidéis estos nombres: Florida y Georgia.

Daniel Aragonés
Redactor
