Ritual Román XXXVI: La casa de arenas movedizas

por Román Sanz Mouta

Título: La casa de arenas movedizas

Autor: Carlton Mellick III

Editorial: Orciny Press

Nº páginas: 254

Género: Bizarro maestro, distopía fantástica de terror

Precio: 15,95€ / 4,99€ digital

Esta es la historia de dos niños que no conocen a sus padres, aunque viven en la misma casa que ellos. Sueñan con el momento en que podrán abrazarlos por primera vez, pero parece que los padres nunca tienen tiempo para ir a verlos. Los niños saben que tienen que estar en algún lugar de la mansión que comparten con sus progenitores, pero tienen prohibido salir de la guardería en la que viven. Siempre les han dicho que si la abandonan, sus vidas corren peligro.
Durante un tiempo, las cosas van bien: tienen una niñera que los cuida y unas máquinas les proporcionan todo lo que necesitan… Hasta que un día pasa algo que los obliga a abrir la puerta y adentrarse en los pasillos oscuros de una casa que les es ajena, para desvelar los misterios que rodean su propio pasado y el mundo en el que han creído vivir.

CRÓNICA SUMERGIDO EN LO BIZARRO

Lo primero que tengo que destacar es la envidiable capacidad de imaginación del autor para crear una historia con tantas ramificaciones, tanta riqueza y tantas capas como esta. Dentro de un escenario magnífico y empático de visualizar, casi de tocar, sentir y oler. Porque cuando arrancas la novela, cuando alcanzas su ecuador e incluso llegando a su desenlace, no puedes todavía definir, explicar qué género estás leyendo de forma hipnótica. ¡Los aúna todos! Tenemos un terror tanto subyacente como real y acechante, el nivel de fantasía es grotesco, la ciencia ficción (¿distopía o utopía?) poco a poco va ganando terreno para imponerse suave, junto con un realismo de la mano del surrealismo que nos presenta esa realidad futura tan lesiva, con paralelismos en situaciones muy cercanas a nosotros, a nuestro presente actual y sus terribles promesas premonitorias.

En el perfil de los personajes, unos protagonistas con los que no encajamos, y con todo, les cogemos un cariño insoportable, tanto a Tata como a Polly y Pulga. Crean vínculos. Entre ellos, para con el resto de personajes y el lector(a). Parecen niños, pero pueden ser otra cosa bien diferente, evolutiva. Nos llega su miedo, sus niveles de ansiedad, sus dudas en esa maduración artificial y enclaustrada, sus anhelos, la impotencia que sienten ante la mayoría de los eventos que no controlan, pues parecen ser víctimas propiciatorias de un sistema que nadie les ha explicado. Piezas en un tablero de ajedrez adulto.    

Pero sí nos situamos en ese mundo, esa casa interminable con una atmósfera sobrecogedora y construida con el mimo de un arquitecto perfeccionista y demente. El conjunto total de trama-ambientación-personajes es uno de los más brillantes e intrincados (y no me repito, ya dije en su momento que reseño obras que me calen hondo y me dejen poso, y esta lo consigue en muchas formas; provocarme, perjudicarme, alegrarme) de los que he disfrutado.

La novela en sí trata sobre unos niños que están encerrados en una casa inmersa en una sociedad en la que parece ser que, hasta que no cumplan determinada edad, no pueden encontrarse (no reencontrarse, pues ni los conocen ni los han visto nunca) con sus padres dentro de esas paredes, en mansiones ciclópeas de infinitas habitaciones y miríadas de plantas. Sin que sepan nada fuera de su guardería, pues así se llaman los cuartos que habitan al cuidado de la Tata, incluso el colegio es virtual, los compañeros y compañeras y supuestos amigos y amigas. Y tampoco pueden atisbar lo que hay y existe fuera de esa guardería, en la casa eterna. Solo saben que unas criaturas terribles acechan, viviendo al amparo de la oscuridad, una oscuridad donde son todopoderosas y en la que pueden manifestarse físicamente con sus garras y cornamentas para devastar toda vida, matando y no muriendo. Estos niños, Polly y Pulga, junto con todo el reparto que irá surgiendo y brotando a lo largo de la obra, solo pueden esperar a los años adecuados para que sus padres los alcancen. Los lleven con ellos. Pero la casa es quien no tiene paciencia, comienza su imparable deterioro, y los impulsa a la aventura.

Las peculiaridades, los matices los detalles. Gotas como que, estos infantes, al crecer, se convierten en una suerte de monstruos y, al nacer, vomitados por el tubo de una incubadora que no saben de donde provienen, son gusanos. Que pasan de gusanáceo a humanoide y luego a humano para devenir después en esos supuestos monstruos. O eso parecen creer.

Con esta premisa, bien elaborada y justificada (felicitaciones por la destreza respecto a la coherencia y verosimilitud a lo largo del texto), volamos en la degustación. No puedo contar más de su argumento, sí invitar para adentrarse en la novela, soñar y sufrir con ella. Ser fuerte y valiente para pasar sus páginas igual que los niños navegan por las habitaciones y plantas, con dolores, heridas y esperanzas.

Ya me hablaron y recomendaron con parabienes a Carlton Mellick III otros escritores, buenos lectores y desde la misma editorial. Se han quedado cortos. El bizarro ha sometido aquí al resto de opciones para fecundarlas en algo más grande y mejor. Tiene el autor tanta maestría como grado de perversidad. Y no será está la última de sus imaginerías que devore.

Deberíais hacer lo mismo. Bienvenidos a La Casa de Arenas Movedizas.

Pd: afortunado el lector y la lectora que afronte esta novela. Ya me gustaría descubrirla de nuevo.  

2 comentarios

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Cecilio Gamaza septiembre 5, 2020 - 10:11 pm

Vaya pinta!
Sus reseñas son geniales, este ha entrado en la lista, y caerá pronto!

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Román septiembre 6, 2020 - 10:54 am

Esta te va a gustar, sugiere y perturba. Es despiadado a la vez que sensible el autor. Una historia y una publicación diferente, para bien.

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