Ritual Román 96: The Book Tour

por Román Sanz Mouta

Título: The book tour – Autor en gira

Autor: Andi Watson

Editorial: Nuevo nueve

Nº páginas: 272

Género: Suspense

Precio: 22€ 

Tras la publicación de su última novela, G.H. Fretwell, un escritor inglés menor, se embarca en una gira de presentación y firma de su libro para promocionarlo. Nada va según lo planeado y su viaje se convierte gradualmente en una pesadilla. Además, ahora la policía quiere hacerle algunas preguntas sobre una misteriosa desaparición, y parece que los problemas de Fretwell apenas han comenzado.

En su primer libro para adultos en muchos años, el aclamado dibujante Andi Watson evoca las ansiedades que siente todo escritor y las comprime para convertirlos en una joya cómica en formato novela gráfica. Ingenioso, surrealista y muy observador, The Book Tour ofrece una lección cautivadora sobre cómo dejarse ir por las circunstancias.

 

RITUAL

Empiezo esta lectura recomendada, en blanco y negro, de trazo simple, con caras y cuerpos esbozados levemente, pero de plasmada agilidad narrativa, eficaz para el avance y para el oscurantismo de la historia que nos cuenta. Porque me preside la inquietud tras su arranque. Existe algo erróneo, equívoco, ya desde el inicio. Me atrapa. ¿Por qué?

Pero vayamos con el argumento: un escritor sale de pequeña gira para presentar su última novela, dejando a su mujer e hijo en casa. Empieza mal el tour, pues le arrebatan, ante su inocencia y credulidad, la maleta llena de sus propios ejemplares. Ante la pasividad policial hasta que menciona la maleta como objeto del robo. Uno de los detalles extraños. Y continúa mal, pues no firma ni un ejemplar en su primera sesión, sin presentarse una sola persona. Desanimado, vuelve al hotel, reforzando su moral para la siguiente, intentando hablar con su familia. La historia se repite, comprendiendo además que cada tarde firma a fecha posterior del superventas del momento, que arrasa por donde pasa. Junto con su editor, que lo evita, lo ignora, lo engaña, lo deja tirado, con la frustración que esto provoca a la paciente y buena persona que parece el escritor (parece… no me fío). Añadiendo otra alteridad: la mujer que trabajaba en la primera librería donde no firmó ha desaparecido. La que se llama exactamente como su mujer, Rebecca, con dos C y no con K. Y los investigadores de la ley lo interrogan en progresión de intensidad (debido a un presunto asesino en serie). A partir de aquí, la cosa, con un escalofrío acompañando al lector, continúa cuesta abajo, haciendo que nos cuestionemos qué pasa, cómo, por qué.

Lo repito, perturba, y no por el dibujo. Es la cadencia de los sucesos, unos actos perfectamente orquestados que nos llevan día tras día, librería tras librería y hotel tras pensión. Sumado a los problemas con el editor, la falta de reseñas, los lectores ausentes. Reconozco que, como escritor, muchas de esas situaciones me suenan (sobre todo las negativas), alcanzando un mayor grado de empatía; sintiendo verdadero cariño por el protagonista, aunque sospeche de él. Aunque sospeche de todo. Porque me mantiene intranquilo y en tensión.

La sucesión de encuentros, desencuentros, casualidades o momentos planificados por terceros (y esos diálogos directos, informativos y que a la vez sugieren). La fatalidad que acompaña al protagonista, que casi parece peleado con su libro. Y la disfuncionalidad de la relación ausente con su mujer y su hijo, junto a esas otras mujeres que aparecen y desaparecen fugaces. Todo eso enrocado compone una trama poliédrica que cautiva. Porque esa progresión, desde que arranca su gira es torva, cada alojamiento, cada librería, cada persona con la que cruza palabra o mirada, cada barrio, resulta en apariencia peor que el anterior, mientras que la oleada de esos feminicidios, una ola de crímenes terribles, sobrevuela transversal y subyacente, siendo dirigidas las miradas hacia el protagonista, el buen G.H. Fretwell, lo que ayuda a ensombrecer su ánimo, empezando a sentir un tipo de miedo muy concreto, un miedo que compartirnos a la vez que él padece la persecución, o quizá sufre el síndrome de ser perseguido. Porque nos falta algún dato, algún detalle que nos están mostrando sin ver y que acabará por restallar en nuestra comprensión.  

Las calles, antes prístinas de perfectos edificios, se llenan de sombras, de suciedad recargada, de líneas no rectas. La tenue sonrisa y el brillo en los ojos del protagonista por la ilusión provocada por su gira mutan en seriedad, preocupación, miedo, y se vislumbra (caras donde los ojos son un punto, las bocas una línea y las narices unas simples figuras curvas). Las arrugas, las ojeras, los rostros angulosos, voluptuosidad a modo más deforme, diferente, amenazador, sustituyen a esos alegres semblantes de los personajes iniciáticos. Todo eso se nota en un dibujo parecido a un cartoon a trazos, que recurre a lo minimalista (y repito que no sé nada como para hablar de ilustración, dibujo, pintura o arte, me limito a intentar compartir las sensaciones), tremendamente efectivo para la historia, con toques angustiosos, claustrofóbicos, debido los contrastes, al blanco y negro, al ritmo fluido que va cayendo en la desesperación, en la certeza de lo inevitable.

Además, es un eco social, donde vemos estratos diferenciados, donde se muestran los comportamientos egoístas, los prejuicios, los problemas de comunicación, el dejarse llevar por las mayorías. Un pequeño descenso a los infiernos como castigo por un pecado que no sabe ha cometido el protagonista.   

El desenlace, sorprendente. Quizá no tanto a más observadores y suspicaces que hayamos sido durante este maravilloso recorrido. Pero, con todo, sorprende. Y ojo, es un desenlace anti clímax, más pasivo que explosivo (un río desembocando plácido en la mar), dejándote con esa suavidad al mando de la obra para que decidas qué ha sucedido, cómo, por qué.

Una novela gráfica que descubrí gracias al gran Pepe Pedraz, y que recomiendo sin fisuras.

¡Más cómic!

 

Pd: el sufrimiento de los y las escritoras autodidactas, autosuficientes, parias, desconocidos, underground… No tiene parangón ni fondo. Y, con todo, merece la pena escribir, crear algo que antes no existía y hacerlo de una manera nunca vista para poder compartirlo. Porque toda obra tiene su lector(a).  

1 comentar

Morrigang enero 20, 2022 - 10:25 am

Me encanta la postdata. : )

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