Melody: Diario de una stripper (Sylvie Rancourt – Autsaider Cómics)

por José Luis Pascual

Título: Melody: Diario de una stripper

Guion/Dibujo: Sylvie Rancourt

Editorial: Autsaider Cómics

Género: Autobiográfico

Nº de páginas: 360

Precio: 20 €

En los últimos tiempos vivimos una auténtica explosión de cómics basados en las experiencias personales de sus autores. Es un boom de autoficción pensada para llevar al mundo de las viñetas biografías con mayor o menor interés. En mitad de tal maremágnum, Autsaider Cómics nos trae Melody: diario de una stripper, un poderoso artefacto que recoge las historietas pergeñadas en 1985 por Sylvie Rancourt, autora que durante varios años alternó la creatividad gráfica con el trabajo de stripper en distintos tugurios. 

El cómic, dividido en siete segmentos, narra las vivencias de Melody —alter ego de la autora—, que sobrevive con su trabajo como stripper mientras se ve inmersa en una relación algo tóxica con su novio, el poco recomendable Nick. Todo lo que se nos cuenta en estas historias corresponde a distintas anécdotas de la vida de Rancourt, trasladadas al cómic en forma de su relación con las compañeras de clubs, peleas y reconciliaciones con su novio y el dibujo del día a día de una existencia poco sencilla. 

Lo primero que destaca del cómic es la simpleza e inocencia del trazo de la autora, que convierte las viñetas en una suerte de cartoon caricaturesco que choca frontalmente con la turbiedad del mundo que retrata. Ese fuerte contraste, lejos de constituir un problema, termina siendo la gran virtud del álbum, ya que le otorga una personalidad propia y poco habitual en otras obras underground. Rancourt lo plasma todo con increíble naturalidad y desparpajo, logrando aligerar el tono y desposeer de dramatismo a una serie de situaciones que, cuando lo pensamos, plantean dilemas morales bastante peliagudos.

Ese espíritu de dibujo animado en cuanto a lo naif del desarrollo y comportamiento de los personajes impregna la obra desde la primera a la última página. Rancourt convierte un mundo que imaginamos sórdido y turbio en algo casi inocente, sugiriendo de modo muy sutil todo el lado oscuro pero siempre ocultándolo bajo esa capa de aparente ingenuidad. Eso sí, la autora no escatima en desnudos, tanto que rara es la página en la que no vemos a Melody o alguna de sus compañeras en plena acción, ejecutando sus movimientos de striptease o cambiándose entre bambalinas. El componente explícito vuelve a chocar con esa aparente inocencia, logrando de nuevo ese efecto tan estimulante.

Todo lo que se cuenta en el cómic bien podría formar parte de una película de Scorsese, pero tanto el punto de vista femenino como el tono nos lleva a otros códigos totalmente diferentes. Es de destacar la firme posición de Sylvie Rancourt en cuanto al feminismo actual. Su obra puede componer un obstáculo a muchos de los puntos de vista de la sociedad moderna, pero ella lo defiende como una visión tan diferente como válida. «No solo las feministas están en posesión de la verdad», llegó a afirmar en una entrevista allá por 1986. En realidad, su Melody es un personaje fuerte que, aunque parezca lo contrario, asume las riendas de su vida y acepta las consecuencias de lo que ella ha elegido.

En este sentido, es importante señalar cómo la obra sitúa al mismo nivel a los personajes masculinos que los femeninos, promulgando una suerte de distopía en la que la industria del sexo es algo tan natural y cotidiano como el ambiente que se mueve en cualquier otro trabajo. Por supuesto, se deja adivinar la trastienda del mundillo, pero Rancourt prefiere no emitir juicios morales, sino mostrar algo desde dentro, y hacerlo de un modo muy alejado a como suele pintarse en los medios de comunicación. 

Más allá de estas polémicas, Melody: Diario de uns stripper es un tomavistas que recorre la experiencia vital de una persona, un grupo de postales en las que se evidencia un modo de vida elegido conscientemente. Las pequeñas miserias cotidianas que a todos nos asolan se nos escupen aquí con ese toque picantón que casi nos remite a otra época, llevándonos a ver a la protagonista como una especie de Betty Boop 2.0, una starlette seductora que fue capaz de llevar su existencia al papel. Y nosotros lo agradecemos.

2 comentarios

Daniel Aragonés mayo 30, 2022 - 2:16 pm

Muy buena reseña, como siempre. Me llama mucho la atención este trabajo.

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José Luis Pascual mayo 30, 2022 - 7:37 pm

¡Muchas gracias! Sí, la verdad es que es muy curioso el contraste entre la temática y lo inocente del estilo de dibujo.

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