Las manos pequeñas (Andrés Barba)

por José Luis Pascual

Título: Las manos pequeñas

Autor: Andrés Barba

Editorial: Anagrama

Nº de páginas: 112

Género: Narrativa contemporánea

Precio: 12 €

SINOPSIS

Marina, de siete años, recién ingresada en un orfanato tras la muerte accidental de sus padres, se convertirá para todas sus compañeras en la admirada y la excluida, en la pauta que permitirá medir la vida que no se ha tenido y en el final del paraíso de la ingenuidad. Como en la vida, el dolor de amar lo que no se comprende se solapa al sufrimiento de no pertenecer al grupo, hasta que la imaginación crea estrategias para sobreponerse a la realidad e inventa el juego. Un juego que sólo podrá ser jugado seriamente, con la violencia con la que sólo se juega en la infancia. Una breve e intensa novela que confirma el pronóstico de Rafael Chirbes en Letra Internacional: «Para mí Barba se ha vuelto un escritor imprescindible».

RESEÑA

Andrés Barba lleva años sonando como uno de los autores españoles contemporáneos más atrevidos y peculiares del panorama literario. Reconozco que, aunque alguna otra obra suya ocupa un hueco en mis estanterías, Las manos pequeñas es mi estreno con el autor y su particular imaginario. Reconozco, también, que me ha sorprendido.

La novela gira en torno a Marina, una niña de siete años que ha perdido a sus padres en un accidente de tráfico y que, poco después, es internada en un orfanato junto a un grupo de niñas que no le van a facilitar su estancia. Lo que no saben es que Marina lleva algo dentro, algo muy oscuro que entronca con el trauma y, quizá, con algo más. Con estos mimbres, Andrés Barba nos inyecta en el interior de la mente de Marina, en extraños recovecos plagados de temores, dudas y alteración de la realidad. 

El narrador elegido por Andrés Barba, una suerte de narrador omnisciente, centra su foco en el personaje de Marina —aunque creí percibir algún salto de un personaje a otro sin una transición que lo justifique, especialmente al inicio de la novela—. Esto nos inmiscuye dentro de una temática dura que toca la soledad y la indefensión, siempre desde una mirada infantil que a veces cuesta reconocer debido a lo denso del estilo, a cómo alcanza emociones y sentimientos que quizá se expresan de un modo demasiado adulto.

Pese a estos problemas, en muchos momentos la prosa alcanza un nivel extraordinario, no solo por cómo el autor cuenta, sino por la elección de algunas metáforas. Sin duda, a nivel literario encontramos pasajes cumbre, que se aprovechan de un extraño espíritu poético que le otorga a la obra una voz muy especial. A esto debemos sumar un componente de perversidad que va en aumento durante la novela. Marina es un personaje caramelo, una mente rota que, tras el trauma de perder a sus padres, no comprende el mundo del mismo modo que el común de los mortales. Es en esa mirada casi alienígena donde la novela brilla, donde se diferencia de la literatura contemporánea, donde Andrés Barba escribe sus propias leyes.

Suele afirmarse con demasiada ligereza que un hombre no puede meterse en la mente de un personaje femenino con una mínima credibilidad. A quien defiende esto, solo puedo apremiarle a que lea Las manos pequeñas. De no conocer la identidad de Andrés Barba, uno podría pensar que la novela estuviese escrita por Layla Martínez, María Fernanda Ampuero o Mónica Ojeda. No solo por la perturbadora sensibilidad que asola el tono, sino por el increíble componente poético. Llamamos novela a Las manos pequeñas, pero bien podríamos decir que en realidad es un enorme poema, turbio y desolador como pocos.

Obra que, aun siendo anterior, entronca en espíritu con Crisálida, de Fernando Navarro, y que podría adscribirse sin demasiados problemas al género de terror. Sin embargo, no es un terror explícito ni efectista, sino uno que busca la sugerencia a través de la crueldad emocional, y que pide la participación atenta del lector en su juego macabro. No es esta, por tanto, una novela que no puede recomendarse a un público casual, sino a ese tipo de lector inquieto que no teme adentrarse en historias turbias, potentes y confusas en el buen sentido.

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