Amigdalatrópolis (B. R. Yeager)

por José Luis Pascual

Título: Amigdalatrópolis

Autor: B. R. Yeager

Traductor: Alejo Ponce de León

Editorial: Caja Negra

Nº de páginas: 184

Género: Narrativa contemporánea

Precio: 20 €

SINOPSIS

Esta novela tiene un protagonista anónimo: /1404er/. Su principal escenario es un foro online de la llamada dark web, en el que todos sus usuarios se esconden tras el mismo alias. Su contenido: el doomscroll compulsivo de imágenes gore, teorías conspirativas, depravaciones sexuales indescriptibles, comentarios xenóbofos o misóginos y campañas de doxeo. El género de este relato podría ser el neurorrealismo, dado que su autor, B.R. Yeager, disecciona con la frialdad de un bisturí la psiquis de un joven incel de 16 años alienado en un mundo virtual y nihilista, en el que cualquier perversión está permitida. La amígdala cerebral de /1404er/ ya no conecta con sus afectos, su familia, su entorno. Mientras la “vida real” se desintegra tras la puerta cerrada de su habitación, su sistema nervioso solo responde a una ráfaga de estímulos digitales cada vez más extremos, una pornotopía libidinal desprovista de cualquier tipo de moral.

RESEÑA

Desconexión: Acción y efecto de desconectar.

Sinónimos: aislamiento, separación, escisión, desunión, disociación, inconexión, interrupción, bloqueo, alejamiento, distancia.

He querido empezar la reseña con esta breve exploración del término «desconexión», pues no es otro el tema principal de Amigdalatrópolis. Solo hay que detenerse a reflexionar un momento para darse cuenta de que las tendencias tecnológicas y sociales apuestan por la desunión, porla interrupción del contacto, por el alejamiento físico de los demás. He ahí el auténtico componente terrorífico de la obra de B. R. Yeager.
Antes de nada, debo avisar que esta novela es una de las obras más crueles, explícitas, insensibles y oscuras que he podido leer jamás. Curiosamente, su lectura vino poco después de que Plop me noqueara totalmente, y podría decir que, aunque no pueden ser novelas más distintas, juntas conforman una suerte de díptico acerca de la más absoluta deshumanización que podamos imaginar.

Amigdalatrópolis nos sumerge en el día a día de /1404er/ (el nombre viene dado por el foro que visita a todas horas, en el que todos sus usuarios adoptan el mismo apodo), un joven que vive encerrado en su habitación al más puro estilo hikikomori. Escindido del mundo exterior y de sus propios padres, que viven en la misma casa, /1404er/ simula teletrabajar pero, en realidad, se dedica a explorar la deep web e interactúa con usuarios tan distanciados del mundo real como él. La novela nos sitúa en el mismo corazón de ese microcosmos tan viciado como malsano. Durante su desarrollo, se nos hace testigo de comportamientos aberrantes e imágenes sacadas de mentes enfermas y perturbadas.

B. R. Yeager utiliza recursos que colocan su novela en un pozo de aguas negras en las que se mezcla el screenlife (esas películas de terror que transcurren enteramente en una pantalla de ordenador) con la sugestión onírica y la sensorialidad repulsiva. La manera de hacerlo es, principalmente, a través de conversaciones en el foro, con posts breves y sus respuestas igualmente cortas y a veces inconexas. Esto se complementa con fragmentos de narración más convencional que corresponden a los pensamientos del protagonista y la relación con su madre, a lo que se añaden pequeñas piezas simbólicas o surrealistas que parecen aludir a ensoñaciones o alucinaciones del personaje. La mezcla consigue una contraposición que pocas veces encontramos: la lectura es fugaz pero, al mismo tiempo, se nos queda grabada.

El contenido de Amigdalatrópolis puede recordar al de Nefando, de Mónica Ojeda, aunque la obra de Yeager me parece mucho más descarnada y menos poética, al desfilar por sus páginas continuas menciones a vídeos de asesinatos y maltrato, incitación al suicidio, exposición de identidades para su escarnio, sexualidad que traspasa todos los tabús… Huelga decir que estamos ante una obra dirigida a un público capaz de asimilar esta clase de temáticas y distinguir que el contenido, lejos de hacer apología de estas cuestiones, las critica con fiereza al exponerlas con tanta explicitud.

Amigdalatrópolis es un puñetazo que muchos no serán capaces de encajar. B. R. Yeager nos pone delante de un espejo, y la imagen que refleja es una postal disociada que desearíamos no ver pero que no por ello deja de ser tan real como lo que encontramos en nuestra cotidianidad. Al final, la obra supone toda una tesis acerca de cómo nos blindamos ante los demás, de cómo la sociedad promulga que evitemos el contacto (¿alguien ha dicho pandemia?) y vivamos en cámaras acorazadas que nos permitan autoabastecernos y dedicarnos al individualismo más exacerbado. En cierto modo, podríamos decir que Amigdalatrópolis es un manual para convertirnos en aliens. Novela que debe ir acompañada de todas las advertencias existentes antes de encarar su lectura y que, sin embargo, no es menos literatura que otras magníficas obras del siglo XXI.

P. D.: Recomiendo leer este magnífico texto de Roberto Chuit Roganovich, vomitado a medida que iba avanzando con la lectura de la novela.

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