La noche líquida (Miguel Garrido de Vega)

por José Luis Pascual

Título: La noche líquida

Autor: Miguel Garrido de Vega

Editorial: Páginas de espuma

Nº de páginas: 152

Género: Relatos

Precio: 17 € / 7,49 € (digital)

SINOPSIS

La noche líquida propone nadar entre dos aguas, en medio del abismo, en ese instante donde la memoria se funde con los hechos, cuando las expectativas pesan más que la razón y nuestras aristas redibujan la frontera de lo real. Seres sin rostro en la negrura de un pantano, jazz en el cumpleaños de Hitler, hombres mojados y niños hechos a retazos, ojos vidriosos que atraviesan entrañas, dedos que sostienen cigarros junto a la piscina, mujeres que gritan desde las profundidades. Y alguien que corre en la oscuridad. Estos personajes anidan su miedo en lo acuático, lo que fluye, y sienten que la vida se les escapa entre los dedos, como cuando intentamos beber con las manos: el agua terminará escurriéndose en un charco que todo lo empapa. Y, aquí, bajo la superficie, ya trasluce una sombra.

RESEÑA

La noche líquida arranca con un golpe mudo sobre la mesa. Mudo por su elegancia y sutileza, que lleva a pensar en una corriente de aire que te asalta de improviso y, poco a poco, hiela tu piel. Golpe porque, aunque creas que no lo percibes, lo sientes con claridad. Sé que parece un contrasentido, pero pienso en las ambientaciones lóbregas y tristes del mejor Kiyoshi Kurosawa y las veo trasladadas con maestría —aunque sea de forma inconsciente— por Miguel Garrido de Vega en «Los que corren en la oscuridad», y también en algún que otro cuento del libro que nos ocupa. Miguel, amante de lo oriental y de lo insólito, logra con este libro una de esas metas que tantos perseguimos: la incomodidad interior gestada a base de las palabras adecuadas.

En este recorrido a través de las distintas formas de entender la noche literaria se admite desde el cuento clásico de fantasmas adaptado a nuestra realidad de escombros e impagos hasta la mirada más íntima a nuestro interior pulsante. Entre medias, pararemos en estudios sobre la responsabilidad que no somos capaces de afrontar, alusiones a pasados totalitarios a través de la confusión de identidad y memoria, inclusiones en un horror más «comercial» con un imaginario deudor de ciertos clásicos, o mitologías reinventadas y adaptadas a la idiosincrasia gallega. 

La literatura de Miguel Garrido de Vega se nutre de distintos referentes. Algunos de ellos pueden ser populares, sí, pero este autor posee esa extraña capacidad de fagocitar los aspectos que más le interesan de ciertos rincones de la cultura y la contracultura —muchos de ellos provienen de miradas autorales arriesgadas y poco convencionales— para triturarlos y regurgitar una mezcla que bulle con su propio ADN. Así, encontramos una literatura mucho más preocupada por el poso profundo y por la respiración humana más íntima. Garrido de Vega asesina a su lector envolviéndolo en un misterio sedoso, al tiempo que lo obliga a observar con atención los recovecos de sus historias, muchas de las cuales podríamos considerar iniciáticas o, si se me permite, terminantes.

También hay mucho de fronterizo. En varios cuentos, la trama camina paralela a una frontera cuya naturaleza se nos sugiere a través de un velo. Son fronteras con las que, casi sin darnos cuenta, convivimos muy a menudo. Queda en la voluntad de los personajes el atreverse a cruzarla o no. En realidad, el autor nos ofrece la posibilidad de hacerlo como acompañantes de sus criaturas. El resultado, queridos lectores, está en La noche líquida.

Si bien todo el volumen se mueve en aguas de alto nivel literario, el tramo final del libro encadena tres piezas magistrales, tan diferentes entre sí como poderosas en cuanto a su función sugerente y emocional. Los tres cuentos suponen una crítica feroz a distintos aspectos de nuestro comportamiento social. Lucha de clases que no albergan verdad alguna, paternidades entrevistas a través de un filtro futurista o apuestas por el suicidio asistido —algo tan latente en la actualidad— desfilan ante nuestros ojos cargadas con la asombrosa capacidad de afectarnos. Garrido de Vega encuentra la metáfora perfecta para cada historia, dejando en el lector una impronta similar al agujero que nos causa un disparo silencioso. Literatura con mayúsculas, de nuevo.

Me gustaría mencionar «Nicotina», fascinante acto que tiene mucho de teatro del absurdo. No es difícil imaginar una representación con sus cuatro personajes, con su retrato de una banal lucha de clases interceptada por un elemento disruptivo que lo altera todo y nos proporciona un desenlace magnífico. De nuevo lo social colisiona contra lo inesperado, y en este caso sin un ápice de componente fantástico. ¿O tal vez sí lo hay?

La noche líquida se compone de superficies tan oscuras como la de un enorme lago circundado por árboles gigantescos que no permiten el paso de la luz. Es posible asomarse a ella y vislumbrar nuestro propio reflejo distorsionado por un leve oleaje. También es posible, e incluso recomendable, la inmersión en el fondo de esas aguas. Eso sí, aquí queda por escrito el aviso para quien se atreva a adentrarse del todo: este líquido opaco, esta noche perpetua, este libro silente, deja secuelas.

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