¿Por qué los lisiados son los únicos con el don de la magia? (Mano de Mithril)

por Carlos Ruiz Santiago

Título: ¿Por qué los lisiados son los únicos con el don de la magia?

Autor: Mano de Mithril

Editorial: Autopublicado

Nº de páginas: 417

Género: Fantasía

Precio: 20,80 €

SINOPSIS

Címadoc disfruta de su ceguera en un pueblo apartado de Azul y de las clases furtivas del don que
imparte, hasta que un día la calma es interrumpida cuando escucha una noticia devastadora, el obelisco de Blanco ha sido destruido. Parece imposible que el legado de los colosos haya desaparecido, pero todo apunta a que uno de los impulsores de la hechicería ha sido derruido. La Orden le convoca para luchar contra esta amenaza, pero él decide ignorar la llamada. ¿Habrá un propósito oculto tras esa misiva?

La magia recorre las venas de Milia, aunque poco le importa a ella, ya que siente que todo el mundo la desprecia por no ser tan fea como marcan los cánones. Ahora, debe infiltrarse en los isoristas, para acabar con el peligroso deseo de los rebeldes, que nadie sea perseguido por cultivar el poder, convencidos de que los accidentes que provocan los sortilegios no solo los producen los «enteros».

RESEÑA

Supongo que para las madres nuestros hijos siempre son feos y magos.

En el primer capítulo de la novela leí esta frase que, de algún modo, se me clavó en la cabeza y que, de manera muy inteligente, resume perfectamente muchas de las cosas que suceden y se tratan en la nueva obra de Mano de Mithril. La historia nos lleva a dos puentes narrativos por los que circulan dos personajes sin aparente relación. Por un lado, un mago ciego que cree que ha averiguado que los enteros pueden hacer magia (luego llego a esto de los enteros, la paciencia es una virtud) y por otro una hechicera que se infiltra en un grupo terrorista que se opone a la Orden, la cábala de magos discapacitados que gobierna las tierras allá donde alcanza la vista.

Como idea, una historia simple con el viaje como conducto, que tan bien funciona en las historias de fantasía. El contexto en el que lo encuadra todo, no obstante, creo que es el verdadero pan y sal de esta obra. En este mundo, tan solo los deformes pueden hacer magia y la gente carente de discapacidades, los llamados enteros, no tienen la habilidad de practicarla. A esto, que podría plantearse como un paradigma curioso para hablar de manera muy simple de la discriminación, se le da vuelta un par de veces. Para empezar, los enteros sí que pueden hacer magia, algunos al menos, pero la Orden lo prohíbe terminantemente y les marcan la frente como apestados. El concepto de la discapacidad no es simplemente una idea básica para transmitir un fin temático, sino que impregna cada punto que construye este mundo y toda su historia, su cosmología y cosmogonía. Cada lugar que visitan los protagonistas, cada personaje que conocen, cada retazo de historia o problema en su aventura gira alrededor de esta idiosincrasia que se ha creado y de la dicotomía entre los dolores y pesares de tener una discapacidad y los privilegios y poderes que te ofrece. Este es el ADN de la novela, el punto más destacable y la columna vertebral de todo.

No es solo porque los distintos temas y personajes que vamos conociendo y descubriendo giren alrededor de esta idea, sino porque separa ostensiblemente a esta obra de tantos títulos de fantasía con los que podrías crear relaciones más fácilmente. No es la primera novela de fantasía donde hay lisiados con poderes, pero si es la primera que leo donde la vuelta de tuerca impregna cada parte del mundo que vivimos durante estas páginas. No es fácil crear un mundo que tenga personalidad propia y cohesión interna de una manera tan fuerte como lo tiene esta obra, y cualquiera que haya intentado crear un escrito de fantasía sabe que digo la verdad. Hay todo un comentario social y político alrededor de esto, me fascina cómo puede recordarnos cosas que vivimos todos los días y funcionar como crítica y, a la vez, mostrar escenas tan alienígenas que todavía me recuerdan que este mundo ha evolucionado poniendo a los discapacitados por encima. Parecerá una tontería, pero crear un metaverso así es más complicado que coger el nuestro y darle la vuelta, y esto es algo que el autor claramente entiende.

Esta idea es muy curiosa también, pues nos da unos personajes muy atípicos: que los grandes protagonistas de tu novela de fantasía con tintes épicos sean un ciego mentiroso y dolorido y una maga arisca y traumatizada le da un gusto muy propio. Además, no se contenta con mostrar dos viajes paralelos y ya está, porque, si bien la historia de Cimadoc puede englobarse más en el clásico fantástico, la de Milia es una trama de detectives y espías llevada a un contexto totalmente distinto que añade sabor y sazón a la historia. Me encanta cómo hay un tema constante y de fondo sobre las buenas intenciones y cómo pueden no ser suficiente; el hacer algo con buena intención no quita que pueda tener consecuencias terribles.

Supongo que podríamos criticar algunos problemas de ritmo, porque creo que la novela es más larga de lo que debería para lo que quiere contar; sin embargo, el escritor se esfuerza en mostrar constantemente trocitos nuevos de ese mundo que ha creado, ya sea con historias sobre lo ocurrido en un pasado o con personajes ignotos cuya personalidad o comedia nos alegran el camino.

Intento en centrarme en esta reseña en lo que vuelve diferente a esta obra, los relámpagos el cielo oscuro, porque los puntos comunes que obvio mencionar ya los cumple, como toda buena novela de género: tenemos peleas, usos creativos de la hechicería, giros rimbombantes hasta la última página, momentos tristes de verdad (que me abstengo de contaros por vuestro bien como lectores) y dinámicas verdaderamente graciosas entre los personajes. Quizás estoy incidiendo poco en el hecho del tiempo que el autor decide gastar en que conozcamos a sus personajes y sus dinámicas. Sin destriparos demasiado, entre sus páginas hay escondido más de un mazazo emocional que se guarda a buen recaudo tras una construcción de relaciones interpersonales muy trabajadas y que hacen que esas últimas cien o ciento cincuenta páginas que van a galope tendido te afecten mucho más.

No sé a qué tipo de lector recomendar esto, yo creo que la idea de un mundo roto que se resquebraja aún más cuanto más lo intentas arreglar es un concepto con el que todos podemos empatizar. Me resulta también muy complejo decir que público podría disfrutarla, porque esta historia tiene unos cuantos reveses más oscuros y cínicos de lo que en principio puede parecer y, cuando el puzle encaja, te deja una sensación fea pero deliciosa en el estómago. No hay piedad en este mundo, el mal es terrible y el bien ineficaz y falible, la magia maravillosa y volátil, y la gente se arrepiente porque sabe que no puede expiar sus pecados de ningún modo.

Igual es por eso que solo los lisiados tienen el don de la magia, porque viven rotos en un mundo roto.

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