KUBO Y LAS DOS CUERDAS MÁGICAS (Travis Knight, 2016)

por José Luis Pascual

Siempre pasa lo mismo. Cuando algo triunfa tiende a estandarizarse. Y esa estandarización normalmente acarrea una pérdida de frescura y, a menudo, también se quedan en el camino buena parte de las señas de identidad que lo hicieron triunfar. El cine de animación es un claro ejemplo de ello, y sólo hay que mirar las carteleras de los últimos meses para ver la multitud de producciones animadas que se han estrenado, y la mediocridad reinante en la mayoría de ellas. Y es que las películas “de dibujos” se han convertido en un auténtico filón para las taquillas, ocupando siempre las primeras posiciones en cuanto a recaudación se refiere. Por el camino se ha sacrificado buena parte de la calidad, y ya ni siquiera las vacas sagradas como Pixar se salvan (ver Buscando a Dory). 

Afortunadamente, hay alternativas. No muchas, pero las hay. 
Cualquiera que haya visto alguna de las películas de Tom Moore (aquí hablamos de La canción del mar (2014)) sabrá que hay esperanza en la animación, y que se pueden hacer películas infantiles de otra manera, mucho más educativa emocionalmente a la vez que conmovedora. También podemos encontrar esto en algunas de las obras maestras del Estudio Ghibli, en las que se suele mezclar con una especial sensibilidad temáticas adultas con la inocencia infantil. Y ahora, aunque los tráilers quieran hacernos ver lo contrario, el estudio de animación Laika (creador de Los mundos de Coraline (2009)El alucinante mundo de Norman (2012)) viene a sumarse a esta lista con su última creación, Kubo y las dos cuerdas mágicas.
Con una historia situada en el Japón antiguo, lo cual la emparenta con Ghibli, “Kubo y las dos cuerdas mágicas” es un bellísimo cuento tradicional, como los de antes. Pese a que la trama no es especialmente novedosa, representando una enésima vuelta de tuerca al clásico “viaje del héroe”, es en el abrumador preciosismo estético donde la película logra que estemos gran parte del metraje con la boca abierta. Laika coge la técnica stop motion (animación fotograma a fotograma) y la eleva a los altares de la perfección, alcanzando un nivel absolutamente impresionante. Sirviéndose de la novedosa tecnología que permiten las impresoras 3D, el estudio ha sido capaz de crear una infraestructura que ha de convertirse en referencia para el futuro. Es cierto que se han utilizado efectos digitales para complementar algunas técnicas o para crear imágenes imposibles para la stop motion, pero prácticamente todo lo que aparece en pantalla ha sido creado físicamente en un despliegue sin precedentes. Todo está cuidado hasta el más mínimo detalle, y podemos quedarnos absortos una y otra vez ante una recreación tan alucinante. El diseño de personajes, decorados, objetos o cualquier cosa imaginable presta una increíble atención al detalle, y el toque exótico de la ambientación oriental le sienta de maravilla a la película, resultando irresistible para ojos curiosos. Desde luego, no es “Kubo y las dos cuerdas mágicas” una película de un único visionado, ya que es imposible que la primera vez que la veamos podamos apreciar los miles de detalles que la adornan. Para complementar la experiencia, recomiendo ver alguno de los vídeos que pueden encontrarse en internet donde se nos muestran algunos momentos del proceso de creación de la película, y que resultan casi tan fascinantes como el propio filme.

Al salir del cine, pensé que “Kubo” no era una película infantil, pero ahora creo que realmente lo es. Lo que pasa es que hemos olvidado el auténtico enfoque que ha de tener una historia para niños, perdido entre la vorágine de cintas basadas en chistes sin gracia y slapstick trillado que pueblan las pantallas. Y es que “Kubo” no trata al espectador, ya sea niño o adulto, como si fuera idiota, sino que le ofrece algo con sustancia, algo sobre lo que pensar. Cierto es que posiblemente los niños no lleguen a captar toda la riqueza de la historia y, sobre todo, de la virguería visual que supone la película, pero recomiendo a todo el mundo, grande o pequeño, que no se la pierda. Porque esto no es una película. Es una obra de arte.

Mi nota: 9

2 comentarios

Asen Ahab septiembre 1, 2016 - 7:07 am

Tengo muchísimas ganas de verla. Por fin algo bueno salió este verano !!Gran reseña tío.

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José Luis Pascual septiembre 1, 2016 - 8:06 am

Con esta y \”Café Society\” he recuperado mi fe en el cine después de un verano penoso.Muchas gracias!

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