LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS (Matt Reeves, 2017)

por José Luis Pascual
Llegamos al final de la trilogía que ha vuelto a poner en lo más alto al universo del Planeta de los simios. Contra todo pronóstico, y haciendo poco ruido, se ha ido conformando una nueva saga que tiene hechuras de clásica y que, a buen seguro, será recordada como algo especial y, para mi gusto, superior a muchas otras franquicias que se han ido gestando en lo que llevamos de siglo.
La guerra del planeta de los simios es, si cabe, la película más “simiesca” de la trilogía, ya que aquí Matt Reeves le otorga todo el protagonismo a César y los suyos, reduciendo la presencia humana a lo mínimo imprescindible. Esto, que podría parecer contraproducente a priori por el hecho de tomar partido claramente por uno de los dos bandos (cosa que no sucedía en las películas precedentes), realmente nos da a los aficionados justo lo que queríamos: una película totalmente “de monos”. Pese a que el título promete un enfrentamiento épico entre simios y humanos, en realidad esto queda reducido a la parte final, y en una guerra en la que el bando humano no es más que una facción “rebelde”. La gran virtud que posee esta trilogía es la capacidad para sorprender dentro de sus parámetros, y aquí el guion vuelve a conseguirlo al presentarnos una trama dividida en dos partes. La primera es claramente un western crepuscular, con personaje en busca de venganza, que termina derivando en una segunda mitad de fuga carcelaria que entronca conceptualmente con la primera película de la saga. Personalmente, me quedo de largo con ese primer tramo que, pese a su ritmo pausado, termina haciéndose muy corto.
Es cierto que este cierre tiene unos cuantos errores guionísticos con los que es difícil comulgar, y que ponen a la película a la sombra de sus precedentes. Por ejemplo, algunas situaciones del “metraje carcelario” se me antoja excesivamente forzadas, y podemos ver que el comportamiento del personaje de Woody Harrelson se sustenta sobre unas bases muy cogidas por los pelos. Pero salvando estos errores, y mirando la película en su conjunto, creo que supone un punto y final bastante aceptable.
Otra vez más, maravillan los efectos digitales que dan vida a los simios. La integración de lo digital con lo real es increíble, aunque después de tres películas tal vez llegamos al punto en que se pierde la sorpresa en este sentido. Ello no impide que podamos asombrarnos de nuevo con la labor de Weta Digital a la hora de recrear a todos y cada uno de los monos. Y por supuesto, hemos de volver a alabar el trabajo de Andy Serkis para dar vida a César. Esperemos que llegue el día en que se reconozca la importancia que ha tenido este actor en el avance de los efectos especiales en el cine. La puntilla la pone un soberbio score firmado por el gran Michael Giacchino, en una banda sonora con muchos matices y digna de ser escuchada con atención.
No sabemos si el futuro nos volverá a regalar nuevas entregas dentro de esta franquicia o si todo termina realmente aquí. Lo que queda claro es que hemos sido testigos de una trilogía que nació como un auténtico sleeper y que ha ido ganando prestigio con cada una de sus entregas. Estamos ante la demostración de dos hechos que no suelen darse a menudo: que una producción con un buen presupuesto puede sustentarse sin problemas con los efectos digitales, y que lo mainstream, si se hace con cariño y respeto, puede engendrar películas con mensaje y con una calidad incuestionable.
Mi nota: 7

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2 comentarios

Asen Ahab julio 29, 2017 - 8:30 am

Me gustaron mucho las dos primeras y por lo visto esta tercera cierra una gran trilogía. A ver si saco huevo y me acerco al cine.

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José Luis Pascual julio 29, 2017 - 10:05 am

Harás bien, y más si te gustaron las anteriores. Monetes for the win! 🙂

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