Ritual Román XXIX: QUISIERA AMARTE MENOS (Tatiana Goransky)

por Román Sanz Mouta

Título: Quisiera amarte menos

Autor: Tatiana Goransky

Editorial: Ril Editores

Género: Nuevo noir

Nº páginas: 104

Precio: 14 €

Sin cuerpo no hay texto. Sin cuerpo no se puede narrar una historia. En el cuerpo está alojada la memoria más fuerte de todas, los grandes traumas, las satisfacciones, los rasguños de la vida cotidiana y la marcas, hasta la más pequeña de todas.
Así, Julia, Clara, Juan, la Turca, Vera y Ricardo (hay que nombrarlos porque ellos son la novela) quedan desnudos en estas páginas con todas sus miserias y anhelos, con sus historias cruzadas, crudas, sin censura. Con todo ese deseo que hace que el mundo avance y retroceda, que castiga con dicha y angustia. Sin juzgarlos, exponiéndolos en todo su erotismo, su violencia, incluso su potencial de muerte.
Quisiera amarte menos es una novela sobre cómo el amor puede destruirlo todo y, a su vez, en ese acto de destrucción puede refundar un amor nuevo. Es un texto sexual y violento, pero contiene muchísima ternura. Goransky no teme profundizar en las fantasías que se alejan de la corrección política, y propone más preguntas que respuestas, porque todas y todos somos capaces de llegar al límite. La diferencia entre actuar y no actuar está, a veces, mucho más cerca de lo que nos gustaría admitir.

 

CRÓNICA DE SEIS MONÓLOGOS Y UNA CONFESIÓN

Nos encontramos ante una novela diferente, articulada al ritmo del amor y el desamor, de la pasión y la desesperación del abandono, de la violencia y el sexo. Junto con los sentimientos, nexo y llave para domeñar todo lo anterior, que acaba por resultar indomable. Lo que resulta en crimen, el crimen nexo de toda la obra.
Seis personajes entre celos y triángulos siempre. No hay dos sin tres, nunca los hubo. Aunque, en ocasiones, uno o dos de ellos no lo vean, no se vean. Siendo conexiones todas, interrelaciones, sincronías. Influidas, condicionadas y perjudicadas por sus pasados, sombra que los envuelve y participa en las decisiones.

Porque los celos son anhelar, tener, poseer y no compartir. Una parte especial, única, exclusiva para el destinario. Solo para el uno y la una. Menos cuando interesa no serlo. Y es que los sentimientos y su percepción son lienzos individuales, nunca de a dos en una pareja, que no vive y siente la misma relación. Cada uno y una inventa y manipula y tergiversa su amor y el recibido desde la imaginación hasta la distorsión. El amor reinventa la realidad, la percepción individual. Uno de dos puede amar, ser sincero y, a la vez, no quererse a sí mismo. Construir diques, fantasías, alejarse cuando no se puede estar más cerca. Transformar al amado en desconocido, en actor de teatro, en protagonista de fábula disociada.  

Y el sexo es una manera de comunicarse, de hacerse presente, corpóreo, significativo. Deben comprender el sexo. Lo aprendido y heredado. Volcarse, vaciarse, llenar, saciar, compensar, tapar agujeros. También desahogarse. Porque el sexo es amor, y también es violencia.

Pues viajamos en intrusión voyeur por sus historias a través de una narrativa traída de otra era, con bello simbolismo etéreo, arrulladora en contraste a la dureza en la trama de los seis personajes, siempre entrelazados en los tiempos y en los cuerpos; siempre enfrentados, buscándose con egoísmo. Ninguno es inocente. Una muestra de lo crudo que resulta el amor y lo necesario que es.  

  • Julia, la mujer independiente y altiva que se vuelve necesitada, esclava del y por amor, devastada, mentirosa.
  • Clara, enamorada tardía, abandonada y vengativa que justifica sus actos en ese mismo vaivén de amor y desamor.
  • Juan, periodista fiel, interlocutor de la verdad y hombre deshonrado cuyos anhelos se ahogan en otra persona.
  • La Turca, exuberante, sabe lo que quiere, cómo lo quiere y cuándo lo quiere, aunque el resto del mundo no coincida.
  • Vera, acomplejada sin complejos, buena chica, buena hija, buena hermana, observadora y fantasiosa.
  • Ricardo, tranquilo, quejumbroso, apaleado y desapegado, que quiere separarse de esa imagen y no sabe cómo.

Resulta complicado encontrar un texto donde los personajes sean tan humanos y estén tan definidos a base solo de sus pensamientos. Porque tanto ellos como el amor tienen muchas variables. Muchas caras. Muchas facetas. Muchas alegrías. Muchas violencias. Porque no hay dos personas ni dos amores iguales, incluso si están juntos. Porque cada uno quiere como puede y sabe. Porque a querer no se aprende ni enseña. Y el sexo, explicito, tiene ramificaciones muy parecidas. El amor (sí, “amor” es la palabra estrella de la crónica) puede llevar a matar, y el amor puede llevar a dejarse morir. Lo demuestran con sus actos.

Tatiana Goransky es una escritora que casi siempre ahonda en los temas del profundo corazón con todas sus consecuencias, incluido el desamor o la obsesión y el deseo sublime. Sobre la violencia, muchas veces relacionada con ese amor sin que el amor implique violencia. Y con la música, uno de sus motores fundamentales en la literatura, y la tabla de salvación tanto para la vida como para no perder la cordura. Pero además, trabaja, en la mayoría de obras, sobre realidades colindantes a la nuestra. Son novelas rítmicas de un tremendo realismo y sensibilidad, metidas en una suerte de burbuja de tenue ciencia ficción, pues consigue, con premisas simples pero extraordinarias e improbables, introducirnos en unos mundos de surrealismo mágico con detalles y peculiaridades que se anclan en la memoria. Y que incluso te hacen preguntarte: ¿es posible? Eso logra que cada texto se convierta en un descubrimiento. Y eso que, de inicio, su género, que trasciende, pueda parecer más allá de mis gustos particulares.

Si no la tenéis en radar, añadidla a vuestra biblioteca.

Pd: ¿por qué la pasión extrema saca lo mejor y peor, incontrolable, de cada cual?

2 comentarios

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Juan Carlos Pascual junio 25, 2020 - 8:41 pm

Me la apunto! Hace poco leí Fade Out de la misma autora y me gustó

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Román Sanz Mouta junio 26, 2020 - 10:50 am

Otra novela espectacular por el manejo de la música, una protagonista más que marca los ritmos, la trama y las emociones. Es casi una ciencia ficción subterránea y realista. Literatura fina.
Prueba también con “Los Impecables”.
Gracias!

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