Ritual Román 59: Reyes de la Tierra Salvaje

por Román Sanz Mouta

Título: Reyes de la Tierra Salvaje

Autor: Nicholas Eames

Editorial: Gamon Fantasy (Trini Vergara Ediciones)

Nº páginas: 544

Género: Fantasía épica

Precio: 22€ / 10,99€ (digital)

Clay Cooper y su banda fueron los mejores entre los mejores, el grupo de mercenarios más temido y con mayor reputación a este lado de la Tierra Salvaje. Sus días de gloria quedaron atrás cuando los mercenarios se separaron.
Envejecieron, engordaron, se convirtieron en unos borrachos o una mezcla de cualquiera de esas tres cosas. Pero todo cambia el día en que uno de sus excompañeros aparece en la puerta de la casa de Clay para suplicar ayuda. Su hija está atrapada en una ciudad sitiada por un enemigo que los supera abrumadoramente en número y está sediento de sangre. Rescatarla es una misión que solo aceptarán los más valientes o los más imbéciles.
Ha llegado la hora de reunir a la banda.

 

CRÓNICA

Debo reconocer que con Reyes de la Tierra Salvaje me he divertido mucho, ya que no solo entretiene, el mínimo exigible en una obra de fantasía y aventuras, que también. Porque el sentido del humor debe ser un componente intrínseco (por regla general siempre lo ha sido en este tipo de literatura). Pero hay que diferenciar entre meter un personaje humorístico en la caterva de protagonistas (un bufón, un provocador de risas o torpezas o desgracias payasiles) para relajar según qué situaciones de drama, y el que tenga la novela verdadero sentido del humor (ya sea cínico o sarcástico, no conozco otro), dotado de momentos delirantes. Esta novela, sin carecer de épica, posee un pragmatismo, una decadencia, una inevitabilidad, que conducen a la risa por empatía. Y otra diferencia fundamental que marca la excepcionalidad es que los personajes transmitan humanidad, y no se muestren como meros títeres de gloria y tragedia. Que se encuentren ante situaciones mundanas o extraordinarias en las que te identificas con ellos y piensas: «yo hubiere hecho lo mismo, por estúpido que parezca a posteriori, lo hubiese hecho». Sea un acto cobarde o ridículo. En ese antihéroe, figura cada vez más idolatrada, radica la clave, pues se está llevando más allá.

¿Sobre qué trata este manuscrito? Simple. Un antiguo mercenario se entera que su hija está en una ciudad asediada por la Horda, un sinfín de monstruos innombrables. Y, para rescatarla, no tiene más opción que recurrir a su antigua banda, reagruparse en la vejez y partir con la intención que todo salga bien pese a sus achaques y desavenencias. Cinco contra un ejército incontenible tras atravesar tierras condenadas. ¿Irán a la guerra? Pues claro. ¿Cómo negarse?

Me toca ahora hacer historia sobre fantasía épica, pues he sido testigo de La Serpiente de Uroboros (Eddison, que enrevesado descubrimiento), El Señor de los Anillos y El Hobbit (Tolkien, mejor el libro que la trilogía, opinión siempre), La Dragonlance en toda su prescindible extensión (aunque la trilogía original sobresale) o El Ciclo de la Puerta de la Muerte (Weis y Hickman, grande Haplo), Los Reinos Olvidados (y olvidables), Las Crónicas de Belgarath (Eddings, me reí incluso más que aquí), Añoranzas y Pesares (Williams, magnífica y precursora), La Maldición del Dragón (L. McKiernan), El Bastón Rúnico o Elric (Moorcock), junto con muchas otras sagas. Y hubo un momento en que acabé hastiado por la masificación y la repetición (estas aquí nombradas son las más notables, imaginad el resto). Hasta la irrupción de Sapkowski, Sanderson, Martin o Abercrombie, con una visión mucho mas adulta y más seria de este tipo de literatura; sucia, realista y sin caer en el estereotipo ni en la prominencia de bichos, magias incoherentes, peleas a cada vez más espectaculares y poco creíbles o hazañas más épicas. No sabían a barro. Con estos autores, y con la presente obra que inicia una colección, he regresado a mi Último Hogar. 

Dicho esto, es evidente que me siento como en casa ya desde el principio de la novela. Un lugar tan desapacible como acogedor, donde sabes que ocurrirán milagros, pero también cosas terribles; la posada adonde uno acude a tomarse la penúltima, siempre la penúltima, para contar y escuchar las historias de sus viejas hazañas, siempre mejores ese tiempo pasado que el presente.

Estos héroes (con otra máxima del género; te provocan cariño incluso en su versión más bruta, pasando a formar parte de la familia) son impulsados a un reencuentro, y a la vez ellos se quieren reconciliar con un mundo que los ha dejado atrás. Pues si bien antes las bandas de mercenarios ya eran grupos de rock, con ellos siempre de cabeza de cartel en los mejores festivales y masacres o cacerías, con sus excesos, grupies, espectáculos, enfrentamientos de fama y postín, rivalidad por el trono en la cima… ahora reina la impostura. Porque el show debe continuar, destacando más las apariencias y las luchas para el público en anfiteatros de postín que los verdaderos retos enfrentando monstruos ignotos en la tierra salvaje primigenia, una zona de leyendas y titanes. Poco importa. Ellos, si consiguen reunirse bienavenidos, tienen su propia manera de hacer las cosas lejos de la fama, la gloria y la fortuna, que quizá les acompañe, y quizá no.  

Se encuentran con que las formas y los fondos han cambiado, pero la gente sigue queriendo lo mismo, pues ellos eran iguales, deseosos de llamar la atención, estar en el centro del aplauso y el vítor, loados por los mejores trovadores, siempre que estos sobreviviesen (¿os suena esta comparativa con la actualidad y las redes sociales? No me cansaré de señalar el componente de crítica social que supone la literatura de género), claro. Porque una de las claves del éxito es la equivalencia entre esas bandas de mercenarios y las de rock, con sus mismos vicios, hábitos, orgullos, envidias, egos hinchados. El ansía de grandeza inconsumible y el anhelo de tocar el sol para caer a plomo en la desgana y el olvido. Porque nada nunca es suficiente.

¿Quiénes?

Clay: la resistencia, la pausa que se transforma cuando le hierven la sangre y no se reconoce. La reflexión y el ejemplo.

Gabe: el líder y héroe carismático venido a menos tras perderlo todo, y que reinicia este bucle de redención por la mejor causa.

Mooog: el viejo maestro de lo arcano, idealista, defensor de causas perdidas y cuyo dolor supone su fuerza.

Matrick: el ladrón, pícaro y conquistador devenido en rey, con ansía por solo beber y volver a divertirse con sus amigos sin responsabilidad.

Ganalon: el asesino enigmático e imprevisible, la X sin despejar de la ecuación y que concede una opción de improbable éxito.

Estos cinco elementos, que nos alegran la novela, actúan contra el sentido común y con el mayor de los sentidos; el amor, la amistad, el compañerismo. Así van sobreviviendo, salvando el día a día, pasando de una situación a otra y sufriendo vaivenes, pese la premura de su objetivo final, con naturalidad, desvergüenza, improvisación y un punto de azar. Conviene hablar de sus diferentes relaciones con el miedo (con el miedo de cada cual y con el inherente a las batallas) y con el supuesto concepto de valor. La pasión de quien debe recuperar a su familia, la libración de quien escapa de ella, la nostalgia de quien se ve obligado a dejarla atrás… La evolución de unos, la constancia de otros, la determinación de todos. ¿Por qué luchar? ¿Por quién luchar? ¿Cuándo luchar? ¿Cuánto luchar?

No nos faltan parajes y escenarios más allá de la imaginación, enemigos cerca de lo ciclópeo, desafíos imbatibles y la propia cosmogonía de este mundo particular que estamos empezando a conocer; con magia y dragones, por supuesto. Pero no se llevan ellos el protagonismo, y sí las relaciones personales y las reacciones a las mismas. Con partes que llegan a emocionar (el epílogo), unidas a situaciones del todo inesperadas. Maravilloso.  

En conclusión, Nicholas Eames ha construido un universo lleno de vida y alternativas, del que intuyo que solo atisbamos sus primeras piezas del puzzle, y os garantizo que querréis saber más; mucho más. No solo de estos cinco golfos que adornan sus aventuras y las comparten con nosotros por medio de la visión de Clay Cooper, aka Mano Lenta, también de aquello que pasa allende las fronteras conocidas (ojo, la historia es autoconclusiva y se lee de forma independiente, pues la colección estará amparada en el mundo y no en esta única banda, pues hartos estamos ya los aficionados de trilogías, pentalogías y decalogías eternas e inconclusas. Y nos promete el sello Gamon que no sufriremos tal afrenta con sus publicaciones). Mis felicitaciones al autor y a la editorial. Recomiendo esta novela que no tardaréis en devorar a bocados, cual guiverno, sin importar su extensión. Queda dicho: ha llegado la hora de reunir a la banda. ¿Te lo vas a perder?

 

Pd: quiero sangre de Druin. La empiezo a necesitar. Qué le vamos a hacer… Empiezo el viaje para conseguirla.

Pd II: qué difícil es matar a aquel que no se considera un héroe.

2 comentarios

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C.G. Demian marzo 30, 2021 - 10:03 am

Habrá que leerlo, y recuerda que no me considero un héroe. Por si las moscas. 😉

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Román marzo 31, 2021 - 9:46 am

Te va a gustar. Y tomo nota, aunque, llegado el momento, todos somos héroes o villanos del uno mismo…

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