Ritual Román 84: Infestación + Entrevista subversiva a Érica Couto-Ferreira

por Román Sanz Mouta

Título: Infestación: una historia cultural de las casas encantadas

Autor: Érica Couto-Ferreira

Editorial: Dilatando Mentes

Nº páginas: 288

Género: Ensayo

Precio: 18,95€ 

Laberintos arquitectónicos. Largos pasillos en sombras. Puertas que jamás se cierran… La capacidad de la casa encantada para adaptar su forma a las necesidades de los tiempos sigue maravillándonos.

«Infestación» es una historia cultural de las casas encantadas que sigue las mutaciones experimentadas por la casa encantada en la literatura anglosajona, desde su manifestación como castillo gótico hasta su representación más modesta como casa anónima. Un recorrido que se inicia con la imponencia arquitectónica de «La caída de la casa Usher», de Edgar A. Poe, y se cierra con el espacio comprimido y denso de la mente individual de «La maldición de Hill House», de Shirley Jackson.

 

RITUAL

Este admirable y minucioso trabajo, tratado, ensayo, disección, análisis, retrospectiva… no solo aborda una cantidad ingente de novelas y cuentos sobre el tema de la infestación y las casas encantadas (de inicio, mansiones señoriales), desde los más conocidos a joyas agazapadas en el resquicio de la memoria colectiva, sino que aporta su propia visión sobre los mismos. Desarrolladas las historias desde una época muy concreta para contemplar el origen y evolución del fenómeno, de los hogares y las psiques, de los procesos (diferente cada cual, con similitudes), de la relación con la psicología o la filosofía y los vínculos intrínsecos con el hogar propio. Sobre cómo los propios pensamientos, en su mayoría funestos, convierten las arquitecturas en monstruos (espacios indefinibles, ángulos erróneos, diseños enfermizos y laberínticos, monstruos, fantasmas, alucinaciones de interior…) y arrasan todo con ellos; la casa, su cordura, y a quienes los acompañan, familiares mayoritariamente.

Esta muestra, que no solo genera una necesidad por leer y emborracharse de todas y cada una de esas obras que referencia (desconocía varias y ya estoy tras su pista: La casa y el cerebro o La puerta abierta, por ejemplo), también sugestiona unas terribles ganas de escribir sobre el tema; quizá solo un pequeño cuento, una trilogía donde la más nefasta residencia sea protagonista, poseedora de su propia historia e idiosincrasia, y ligada sin duda a la tragedia.

Cómo será esta evolución de la literatura concreta sobre este tema que, aunque se base en el tiempo pretérito, lo aquí tratado, alcanza a referentes como Stephen King o Danielewski (deliciosa su Casa de Hojas) entre otres, aunque haya decaído en los últimos tiempos, dejada de lado. Pues la magia de esos edificios encantados ha perdido fuerza (exploradores urbanos, cazafantasmas, desveladores de mitos, estafadores… pero pocas las familias que sufran dichos efectos) frente a la tecnología, y al pensar que ya todo lo sabemos, y es cuasi obligación no desentrañar aquello por descubrir (un secreto deja de serlo cuando lo sabe todo el mundo). 

Además, denotamos el componente romántico, que viene marcado por la época o por la era, junto a las problemáticas sociales, las revoluciones culturales e industriales, las migraciones masivas, el aferrarse al país propio en tierra ajena, los complejos, los estratos, la mujer relegada y denostada… De ahí el gran número de escritoras, muchas más que escritores, quienes trabajaron sobre este argumento nunca manido, dotadas de una sensibilidad más amplia (visión incluso; percepción). Capaces de leer el entorno. O quizá de compartir su propio pesar en forma de cuento; su infestación personal traspolada a la vivienda. Hay ciento ejemplos, varios aquí pormenorizados con mimo.

Junto con un detalle maravilloso que resalta a ojos de los ilusos como yo; que pudieran ganarse la vida vendiendo relatos, pequeños cuentos, novelas completas. Que fueran demandados por publicaciones, y editores (ahora malvives y te sacrificas para publicar gratuitamente, sin apenas interés de un mercado anegado, pero esto es reivindicación aparte). Devorados por los lectores. Incluso que, con esos relatos sobre casas encantadas, pudieras comprar un hogar, quizá para encartarlo. Para hauntilizarlo.

Magnífico tratado, que no solo aborda el horror, lo intrínseco de este subgénero, sino también el cambio, la evolución (a veces involución) de lo social, lo cultural, lo político o lo familiar desde el costumbrismo y a lo largo del tiempo. Ese cambio en las estructuras, la anhelada igualdad entre hombres y mujeres y el trato de los primeros para con las segundas, cómo el concepto de hogar torna, se adapta a nuevas necesidades. La llegada de la modernidad y su afectación a todos los niveles. Sí, tanto y más se narra en las páginas de Infestación. En forma y fondo. Sobre todo, a través de ese espacio seguro que pretende ser el lugar en que vivimos, pero al que trasladamos y traspasamos todas nuestras perturbaciones (además de fuente inagotable de inspiración de la que han bebido muchas de las escritoras y escritores subsiguientes). Redactado con una prosa de alta calidad que focaliza los puntos de interés, analizando cada relato y a su perpetradora junto con el contexto (vital, aunque me repita), y con un lenguaje más que apropiado para lo que narra (el vocabulario me ha subyugado), además de rematarse con la acostumbrada calidad editorial. Grande Érica.    

En esta era, la casa encantada ha dejado de ser una preocupación focal, pues el mundo se ha convertido en un lugar mucho más grande, de espacios, de redes, de posibilidades, de movimiento, de viajes. Nos atemorizan otras cosas. Hasta que un día caigamos en la morada equivocada, cerremos los ojos, y empecemos a escuchar ruidos intranquilizadores. Cuando pasemos del oído a la vista, e intuyamos algo que no debería estar ahí, algo casi imposible, retornaremos a las creencias antañas, al origen.

Lee Infestación.   

Pd: en serio, por culpa de Érica, escritora e investigadora magnífica, me veo obligado a escribir un cuento de casas encantadas totalmente alejado a lo visto hasta ahora. Deseadme suertes…

ENTREVISTA MICRO A ÉRICA COUTO-FERREIRA:

¿Qué te sugieren a ti las infestaciones, las casas encantadas y de dónde nace esta pasión?

Para mí, la casa encantada condensa una multiplicidad de valores interrelacionados. Que una casa pueda estar infestada, esto es, habitada por fuerzas sobrenaturales que comprometen la habitabilidad del espacio doméstico, revela la existencia de heridas abiertas, de injusticias y oscuridades en el seno de la familia. Las historias de casas encantadas nos recuerdan nuestros propios traumas y tensiones no resueltas, por eso creo que conectamos tan bien con ellas. Creo que mi interés por las casas encantadas nace, por un lado, de mi pasión por la literatura y el cine de terror (inevitable) y, por otro, de la curiosidad que me despiertan las ruinas, las construcciones abandonadas, los edificios inacabados y los vestigios de lo que una vez fueron lugares pensados para la vida.

 

¿Cuál es la obra cúlmine, además de la reverencial La maldición de Hill House (y por qué esta en concreto), y el autor/a que más te ha impactado dentro el subgénero allende los tiempos?

Shirley Jackson es una de mis autoras favoritas y, como suele suceder cuando se ama algo o a alguien con intensidad, cuesta ser imparcial (aunque, bien pensado, no creo que ser imparcial, al menos en este caso, quite o añada valor a su obra). Creo que La maldición de Hill House marca un punto de madurez del género de casa encantada porque recoge todo un legado secular que se remonta ya a La caída de la casa Usher y lo reelabora desde el propio presente de la historia: hay trauma y represión sexual, sentimiento de culpa y alienación, soledad e inadaptación, y todo eso junto, por sí solo, es suficiente para infestar una casa y espectralizar a Eleanor, la protagonista. Releyendo esta novela de Jackson, he llegado a creer que Hill House es una proyección de la mente herida de Eleanor, de manera que ella, al habitarla, termina por convertirse en su fantasma.

Si tuviese que decantarme por otra obra cúlmine de casas encantadas, probablemente tendría que elegir otra novela de Jackson: Siempre hemos vivido en el castillo. ¿Por qué? Porque los que infestan la casa son los vivos. Dicho esto, considero que en la literatura de casas encantadas no está todo escrito. Hay espacio para nuevas propuestas narrativas y vueltas de tuerca sorprendentes y, en este sentido, La maldición de Hill House solo es una de muchas cumbres.

 

¿En qué casas encantadas has estado y/o dormido?

En ninguna, que yo recuerde. Eso sí, vivo en un edificio que, según los documentos del catastro, se construyó en el siglo XVI. No es mansión ni palacete, que conste, sino solo una vieja construcción en uno de esos burgos medievales que la gente está abandonando en favor de zonas modernas dotadas de mejores servicios. Si en este contexto tan propicio no consigo tener contacto con lo sobrenatural, imagino que jamás lo tendré.

 

¿Cuál es tu siguiente proyecto?

En unos meses publicaré la novela corta Hemetia con Arima, una editorial de reciente creación dedicada al terror, la fantasía y la ciencia-ficción. También está en marcha la revisión y, esperemos, la pronta reedición de Cuerpos. Las otras vidas del cadáver, un ensayo que publiqué en 2017 y que ahora se encuentra descatalogado. Y, por supuesto, seguiré publicando posts sobre literatura y ensayo terrorífico en Twitter y dando la lata, junto a mi compi José Luis Forte, en el podcast Todo Tranquilo en Dunwich.

 

¿A qué preguntas, una relacionada con la obra en curso y otra libre sobre lo que nos quieras contar, te gustaría responder?

Ahí van mis dos autopreguntas. 

¿Qué autor o autora te arrepientes de haber dejado fuera de Infestación?

H. P. Lovecraft. Me interesaba muchísimo analizar las narraciones de casa encantada pasadas por el filtro materialista y pesimista que propone Lovecraft e incluso empecé a preparar el material, pero lo cierto es que me pareció una tarea ingente y preferí dejarlo estar. No descarto ocuparme de ello en un futuro próximo (de hecho, quiero ocuparme de ello en un futuro próximo).

 

Pareces tener un gusto marcado por lo oscuro, lo extraño y lo grotesco, pero ¿podrías decirnos qué cosas haces en tu tiempo libre que rompan con esta imagen?

Preparo una pizza muy rica, juego a juegos de mesa y con cochecitos de juguete con mi hijo (y también hacemos manualidades con purpurina y brillis) y estoy aprendiendo a tocar la batería.

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