Ritual Román 104: Sombras de arena

por Román Sanz Mouta

Título: Sombras de arena

Autor: C.G. Demian

Editorial: Pipa y Chancla Ediciones

Nº páginas: 80

Género: Folk horror costumbrista

Precio: 6,75€ / 2,99€ (digital)

¿A qué puedes aspirar cuando todo lo que te rodea es polvo? Polvo pegajoso y mudo que cuenta las verdades que la conciencia calla.

En Desolación las almas hacen honor a su nombre, vagando por los caminos entre los sueños rotos de un pasado repleto de escombros y un futuro que parece agotado de esperar. Allí se esconde un secreto a voces, una antigua maldición, también pasiones ocultas y horrores que aparecen de noche y se ocultan con la llegada del día.

Y cuando los secretos ven la luz hay que elegir: enfrentarse o huir, aceptar la lucha por cambiar el destino impuesto. Convivir con los fantasmas o dejar atrás la estela de los muertos y tomar las riendas de la propia existencia.

Pero ¿a qué se puede aspirar cuando ni siquiera tu propia sombra te acompaña?
Si el reloj de arena comienza su cuenta atrás… y la tinta envejecida de un antiguo libro se convierte en el filo oxidado de una guadaña que no quiere dejarse ninguna cuenta sin saldar.

 

RITUAL

Al grano; esta novela funciona por triángulos de personajes: Ángela, Alejandra y Emilia por un lado, llenas de pérdida, de dolor, de una pizca de inocencia, de inminencia tras el fenecer de Evaristo, su nexo. Nicolás, Valeria y Látigo, cochero de la diligencia que comunica Desolación (ese pueblo que es un grano de vida extraviada en el desierto) con el mundo civilizado. Y especialmente el vinculo creciente entre Nicolás y Valeria, jóvenes, exuberantes en sus anhelos, valientes, determinados. Polos opuestos estos dos triángulos que resultan en el motor de la novela; uniones inescrutables. Los demás, incluyendo al alcalde (que asume sus funciones con pesadumbre) o al resto del pueblo y familiares, son personajes de una obra de teatro puestos ahí para perpetuarla durante eones, ellos y sus abuelos y sus nietos.
Hasta que algo se rompa, hasta que algo cambie donde todo es inmutable y entonces cada uno deberá mirar dentro de sí, en introspección, para conocerse y reconocerse asumiendo la verdad, en caso de ser capaces y recordar cómo hacerlo. Porque la muerte de Evaristo hace que el pueblo, por número de habitantes, se quede sin la diligencia, su cordón umbilical, la última posibilidad de comunicación, de fuga y exilio, de retorno para los pocos que pudieron salir, de visita e interacción con el mundo exterior, para ellos cuasi extraterrestre.

El pueblo comprimido, claustrofóbico, Desolación, con su atmósfera de inmovilismo, de nacer y trabajar y parir y morir y no soñar para no romper el ciclo. Desolación tiene algo que contar, un secreto que todavía no conocemos, como tampoco la mayoría de sus habitantes, y que la novela desgrana poco a poco y con tiento, pues la sombra se cierne y va cerrando su presa… Porque el miedo y la sombra son otro binomio con el que cargan los personajes que despiertan a la verdad, pues los adultos la soportan estoicos o ya la han olvidado en este encierro generacional por los siglos de los siglos.       

Si debiere realizar una sinopsis de la obra sería tal que así: Evaristo muere y su mujer Emilia queda desolada, haciéndose su hermana, Alejandra, cargo de ella y su locura ascendente como lastre de ambas. Esa muerte va a desencadenar la ruptura del ultimo lazo de Desolación con el resto de la humanidad, quedando perdida entre el polvo del desierto y la sombra que la cubre. Esa última esperanza era Látigo y su diligencia, la cual alimenta los sueños de Nicolás, adolescente que fabula con escapar de este pueblo moribundo y maldito de la mano de su inseparable Valeria. Pero ese fallecimiento, y el descubrimiento de cierto libro, darán paso a una amarga verdad y a una sucesión de eventos que pueden acabar mal para todo y todes. 

La novela, una suerte de costumbrismo rural con horror incipiente, posee una prosa que encandila y atrapa cual telaraña a la mosca, reverberado en contundente melancolía con expresiones pasadas y presentes (ojo, el terror es tan sutil como los resquicios de la llama de una vela que se agosta, para que no dé lugar a error la definición).

En el otro lado de la balanza uno de los problemas de este manuscrito, y de muchos otros, es que la voz de los personajes (sobre todo de los dos jóvenes, que debieran pensar y expresarse diferentes) es muy semejante a la voz narrativa. No posee excesiva caracterización, aunque sí una idiosincrasia muy marcada, pues los protagonistas están elaborados al detalle y con mimo en forma y fondo (por hilar muy fino).

Son estos jóvenes necesitados de saciar su curiosidad, su sed de conocimiento, sus impulsos, y siempre asumiendo riesgos, quienes contrastan con la inmovilidad de los adultos, presos de su rol por voluntad, pues les molesta todo cambio, por nimio que sea. Solo que el cambio empieza y sucede justo cuando apartas la mirada, y lo notas demasiado tarde como para evitarlo. El dilema es irse o quedarse en Desolación; quedarse es insoportable a temprana edad e inevitable en la madurez, aunque deba consistir en la única ambición; escapar, marcharse, salir de allí, convertirse en otra persona, explotar tu potencial fuera de los muros de la familia, porque la familia, el mismo pueblo, deviene en cárcel.

Ojo, el descubrimiento de cierto libro, el libro, tiene poder para conseguir que la situación torne, aun mínimamente, para modificar algo, romper ese bucle nocivo. O tal vez pueda destruirte, sepultarte con su certeza de inevitabilidad. Cuidado.  

Y qué bien elegido el nombre del pueblo; Desolación. Un personaje principal en medio de la nada más inhóspita y árida, lejos de todo. Cuna de las sombras caprichosas que se te pegan o te abandonan. Porque siempre se habla en cursos y talleres literarios sobre los tres pilares de una historia y la preponderancia de uno de ellos sobre los otros dos, y aquí el autor, C.G. Demian, consigue combinar la importancia vital de los personajes con un argumento interesante a la par que sutil y una atmósfera que es némesis, regado ese estilo delicado de buena prosa, la misma manera de narrar que sucede cuando te cuentan un secreto íntimo, lo cual requiere de una destreza notable y consigue que cale en tus huesos.  

Frases como «el ser humano es una mosca de tamaño desproporcionado» o «el pueblo agonizaba pero los ancianos parecían eternos», ilustran a lo que nos enfrentamos sobre la comentada destreza narrativa. Una obra sobre la podredumbre de una humanidad anclada, porque la sombra en Desolación gana terreno, más cuando ya no resta ninguna esperanza y todo es bucle y cíclico y hemos perdido la noción de nosotros mismos, algo que no solo pasa en las aldeas, en los rincones y latifundios vaciados, sino que es un mal que nos aflige cada vez más cercano. Te darás cuenta al completar la lectura breve, intensa, emocional.    

Concluyendo: una buena novela que quiero recomendar porque merece la pena; afilada y contundente y dulce, que te deja un sello de tristeza impregnado, pero que te alegrarás de haber leído. 

 

Pd: me genera un horror insoportable el que yo estuviere en un ciclo-cárcel similar al aquí narrado sin darme cuenta…

2 comentarios

Vicente marzo 27, 2022 - 8:16 pm

Pedazo de ritual. Acertado.
Ahora, que no hace ni media hora de haber leído la novela me adentro en tu reseña, como prometí.
Aplausos para Demian. Aplausos para Román.

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Román Sanz Mouta marzo 28, 2022 - 10:49 am

Gracias. Intuyo te gusto la novela. Breve, intimista, a fuego lento, pero con una historia subyugante. Un abrazo!

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