Azul casi transparente (Ryu Murakami – Anagrama)

por José Luis Pascual

Título: Azul casi transparente

Autor: Ryu Murakami

Editorial: Anagrama

Nº de páginas: 144

Género: Narrativa moderna

Precio: 8,90€

El sujetador estaba adornado con flores y olía a detergente. Lo tiré al armario de la ropa. El camisón plateado estaba allí colgado. Recordé el sabor del esperma caliente de Jackson y me sentí mal. Sentí como si aún quedaran restos en mi boca; cuando pasé mi lengua por todo el interior, a veces el sabor parecía volver. Tiré las cortaduras de uña en la terraza. Pude ver a una mujer paseando un pastor alemán en el jardín del hospital. Se encontró con alguien conocido y se paró a hablar. El perro tiraba de la cadena. Desde donde yo estaba, el interior de la boca de la mujer parecía negro, como en la antigüedad, cuando las mujeres se tenían los dientes. Pensé que sus dientes debían estar muy mal. Escondía la boca cuando se reía. El perro tiraba hacia delante y gruñía con fuerza.

Hoy siento añoranza de la juventud. La época en que uno cree saberlo todo, o al menos se piensa por encima de todas las cosas. Le época en que no distinguimos entre vida y muerte porque la última nos es totalmente ajena. La época en que vivimos equivocados. Pero también es la época en que somos capaces de soltar todo lo que llevamos dentro sin atenernos a filtros morales o escrúpulos normativos. Y eso, a nivel creativo, es maravilloso. Solo veinticuatro años contaba Ryu Murakami cuando se publicó Azul casi transparente, su primera y autobiográfica novela. Y su insultante capacidad creativa opaca toda arrogancia o autosuficiencia. Puro arte. 

La novela es una de esas obras panorámicas que se dedican a mostrar con frialdad, dejando el juicio al lector. Azul casi transparente es como un «documento encontrado» que se limita a describir el modo de vida de un grupo de jóvenes japoneses que viven junto a una base militar americana. Este inconexo grupo de amigos pasa sus días con una alarmante falta de previsión hacia el futuro, inmersos en una espiral de despreocupada autodestrucción.

El cuadro que retrata Murakami tiene un tono de decadencia absoluta. La existencia de los personajes está regida por la desinhibición y el culto al placer, dejándose así arrastrar por la ausencia de expectativas y de miedo. Más que de seres humanos, desprenden una imagen animalesca atada a un modo de vida vestigial en el que lo único importante es drogarse, beber, vomitar y follar. Las escenas de sexo, absolutamente salvajes y explícitas, reflejan bien esa falta de represión y de racionalidad. Los personajes se mueven por inercia y hacen lo que todos, convirtiéndose en poco más que animales que viven por mero instinto.

Por supuesto, esto no implica que la novela no tenga un fondo. Todo lo contrario. En mitad de ese caos que parece tan destructivo como creador, aparecen flashes, retazos de literatura consciente que de súbito toman el control y escapan de las páginas. Murakami logra un curioso efecto. Impacta con las imágenes explícitas, con el maremagnum orgánico en el que derivan sus personajes, pero es en sus reflexiones donde realmente fascina. Posee el japonés una mirada especial y una sensibilidad —sí, hay mucha sensibilidad en un libro repleto de drogas y bacanales— poco habitual, de la que te mueve a reflexionar y, sobre todo, a escribir.

Ya he dicho que estamos ante una obra autobiográfica. Y se adivina toda una vida detrás de la novela, que parece estar mezclando en todo momento la ficción con la realidad. La juventud del autor resulta un factor determinante. No solo por el certero dibujo que realiza de un grupo de jóvenes tan fragmentado, tan desesperanzado, tan movido por el mismo caos; sino por el atrevimiento y desparpajo de una prosa que, por un lado, actúa como frío visor de la realidad (pese al azul del título y a la múltiple mención de colores a lo largo de la novela, podemos imaginar sin problemas toda la historia en blanco y negro), y por otro nos sumerge en un maremágnum de reflexiones y viajes cuasi oníricos que subyugan por el componente surrealista.

El estilo de Murakami exhuda la idea y el concepto de invasión. Invasión corporal en forma de relaciones sexuales extremas, de las que pueden dejar marcas más allá de lo físico; invasión interna, en forma de agujas que insertan drogas en tu cuerpo, drogas que deforman la realidad en maneras insospechadas; invasión militar, en forma de la continua presencia de una base americana en Japón que expulsa soldados como si fueran espermatozoides, soldados cuya manera de entretenerse es participar en orgías con los jóvenes japoneses.

Así, estamos ante una novela de invasiones que en última instancia trata de hacerse con el control del lector a través de todo lo mencionado y de una lírica introspectiva muy especial que ralla con el surrealismo. Pocas veces vemos tan claro el extrañamiento definido como el modo de percibir lo que nos rodea a través de una mirada influida por esas invasiones externas y que al final se queda con nosotros invariablemente, convirtiendo nuestros ojos en focos que iluminan el mundo. Azul casi transparente te devuelve a la juventud sin concesiones, pero no del modo en que crees. Novela para leer y releer.

3 comentarios

Daniel Aragonés abril 26, 2022 - 9:52 am

Muy buena reseña para una obra maravillosa. Es la lectura que más me apasiona, la del culto al exceso.

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José Luis Pascual abril 26, 2022 - 12:36 pm

Me recordó mucho en algunas cosas (explicitud y exceso) a American Psycho. Durante la lectura pensaba todo el rato que Murakami habría leído a Easton Ellis. Solo al terminar me dí cuenta de que esta obra es anterior a American Psycho, jajaja. Estoy convencido de que Ellis “robó” mucho del estilo de Murakami para su obra. ¡Gracias por el comentario!

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Daniel Aragonés abril 26, 2022 - 4:35 pm

Tengo que mirar cuando se tradujo y publicó la obra en Estados Unidos, pero puede ser. Ya sabes que los americanos tienden a copiar, a su estilo, muchas obras orientales, es un hecho real. Cuando digo copia, ya me entiendes.

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