Figuras Ocultas (Jason Rekulak)

por Lorena Escobar de la Cruz

Título: Figuras Ocultas

Autor: Jason Rekulak

Editorial: Nocturna Ediciones

Nº de páginas: 432

Género: Terror, Thriller, Sobrenatural

Precio: 19,50€

Todavía se está retorciendo en la silla cuando me pongo de pie y me llevo el dibujo al otro lado de la cocina. Caroline guarda una carpeta en el cajón de las facturas y me ha pedido que meta allí los dibujos de Teddy para escanearlos en el ordenador.

Pero Teddy ve lo que estoy haciendo.

Deja de reírse y niega con la cabeza.

—Ese no es para mamá y papá. Anya dice que quiere que lo tengas tú.

La creencia en que hay «algo» tras la muerte es uno de los temas preferidos del ser humano. Quizá porque no nos han preparado para el inevitable paso final, la última coreografía en este ensayo de torpe danza llamado existencia, quizá porque la idea del fin, el más irremediable, oscuro y desconocido de los fines supone, aunque muchos se pongan una capa de fingida valentía, uno de los peores temores para el ser humano.

¿Qué hay tras el último apagón?

Nadie ha regresado de la muerte para contarlo. Solo tenemos testimonios, experiencias ajenas y propias, gurús que juegan a un juego ora peligroso ora inexplicable. Programas, expertos, médiums, psicólogos. Nada suscita tanta expectación y angustia como la muerte. Nada, salvo lo que hay más allá de esta.  

No será Figuras Ocultas la excepción entre la ingente cantidad de obras literarias y audiovisuales dedicadas al mundo de los espíritus. Y tampoco juega al escondite con el lector: la presencia de la presencia, valga la torpe redundancia, es evidente desde las primeras páginas de un libro que comienza con una sencilla premisa: joven ex toxicómana acepta el trabajo ideal como canguro de un adorable niño de una rica familia. Al pequeño le gusta dibujar y entre los elementos típicos de su edad (conejitos, muñecos, soles, flores) se cuela una peculiar invitada: Anya, la amiga invisible de Teddy, está presente en parte de las infantiles obras de arte del hijo de los Maxwell. Lo que comienza con un argumento típico de una película de sobremesa de Antena 3 se convertirá pronto en todo un misterio narrado en primera persona y con un lenguaje tan natural como cercana es la protagonista del libro: Mallory Quinn no es nada especial, no es una superheroína, ni una investigadora, ni una mujer con cualidades resaltables más allá de la valentía de haber superado su adicción a las drogas. No, en Figuras Ocultas no hay nada extraordinario, ni siquiera lo sobrenatural, y ahí precisamente es donde radica su fortaleza: nada hay más terrorífico que el terror de lo común. Ese que te narra tu amiga. El vecino. La prima de Albacete. Historias reales de gente real que provocan un escalofrío en la espalda precisamente porque son creíbles. A esa carta juega la obra de Jason Rekulak. A que te creas todas y cada una de las cosas que te está contando.

—Sé que Anya no existe. Sé que no está aquí de verdad. A veces sueño que dibujamos juntos, pero, cuando me despierto, nunca hay dibujos. —Tira el bloc hacia el otro extremo de la habitación, como si intentara negar su existencia—. ¡No tendría que haber dibujos! ¡Solo los soñamos!

Y es que todo se hace tan fácil en la lectura, tan normal, que nos adaptamos fácilmente a los personajes y a la leyenda que sobrevuela las páginas como un cuervo en busca de un castillo en el que depositar malas noticias. Los Maxwell, Ted y Caroline, tan comprensivos y preocupados por su hijo y la niñera nueva; Adrián, el que pronto se convertirá en el mayor apoyo de Mallory; su padrino, Russell; o Mitzi, la peculiar vecina drogadicta y médium. Todos son satélites que orbitan alrededor de Mallory y Teddy, ejes centrales de la historia, narradores a los que podremos o no creer, porque a fin de cuentas estamos leyendo una vivencia, una historia, quizá una paranoia o quizá un testimonio, no tenemos la menor idea de cómo van a terminar los acontecimientos que suceden en Spring Brook ni si podemos creernos la versión de nuestra niñera: ¿no confirma haber tenido lapsus de memoria, lagunas provocadas por el abuso de las drogas? ¿No arrastra un trauma familiar que quizá la induzca a ver o sentir cosas que no son? Y Teddy, ¿puede un niño de cinco años jugar con la verdad como juega con sus piezas de Lego? La falta de fiabilidad del narrador, ese recurso cervantino que tanta vida insufla a las novelas, tiene aquí un papel estelar, digno de la alfombra roja.

¿Qué podemos creer y qué no en ese extraño trío formado por niño, niñera y espíritu?

Son más oscuros y detallados. Están tan recargados de lápiz y carboncillo que el papel se ha deformado y doblado. Un hombre está cavando una tumba. Llevan a una mujer a rastras por el bosque. Y alguien mira hacia arriba desde el fondo de un agujero muy profundo.

Lo mejor que nos ofrece Figuras Ocultas es que te hace partícipe de varias leyendas, de hechos pasados que de forma irremediable marcan el presente y emborronan el futuro. A través de los dibujos que nos regalan las páginas (una verdadera maravilla) nos dan la posibilidad de caminar junto a Mallory en su periplo por descubrir qué se esconde tras Anya y los dibujos del pequeño al que cada día toma más y más cariño. Se nos concede la oportunidad de coser y descoser, conjeturar, fallar y muy posiblemente no acertar en una obra que cierra como a mí me gusta que cierren las novelas de suspense: con un giro de los de ¿qué narices ha pasado aquí? Y es que, si la historia es deliciosamente tradicional, el desenlace supone todo un temblor en los cimientos y esa es la clave para poder asegurar que una lectura te ha gustado, y mucho: cerrar el libro con la sensación de que se ha pasado demasiado rápido. De que te has metido tanto en la historia que podrías haber vivido allí, en esa casita de invitados, junto a una joven que se enfrenta al mayor reto de su vida y un espíritu del que no sabemos más que un nombre y una verdad: alguien le hizo daño y solo sabe hablar a través de las pinturas.

Porque a veces no necesitamos sangre, vísceras y situaciones desagradables para despertar a los fantasmas y sentir la caricia del miedo.

Porque a veces el mayor terror consiste en asimilar.

Asimilar que los cuentos que se cuentan alrededor de la hoguera quizá tengan un poco de mentira y un mucho de verdad.

2 comentarios

Román marzo 10, 2023 - 10:27 am

Tremenda reseña, asumo que lo paranormal está en lo cotidiano? Dejas con ganas de lectura. Grande y gracias, amada.

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vicente marzo 10, 2023 - 11:22 am

Lo de peli de sobremesa de A3 me ha gustado jejeje. Mola el terror en lo cotidiano.

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