Ritual Román 152: Lightchaser

por Román Sanz Mouta

Título: Lightchaser (Surcaluz)

Autores: Peter F. Hamilton, Gareth L. Powell

Editorial: Red Key Books

Nº páginas: 152

Género: Ciencia ficción

Precio: 19,95 € 

SINOPSIS

Amahle es una light chaser, una surcaluz que viaja por el universo recopilando los recuerdos de los habitantes de los mundos distantes a cambio de baratijas.

Sin embargo, este último viaje guarda una sorpresa para Amahle. En uno de los collares de memoria recogidos encuentra un inquietante mensaje oculto que la interpela directamente. Este descubrimiento será solo el principio de algo que trastocará su visión de la realidad y dará al traste con todo lo que hasta ahora había dado por seguro.

Algo siniestro se oculta tras la supuesta estabilidad del Dominio que ha proporcionado a los humanos milenios de paz y seguridad. Y ella es la única que puede acabar con ello, aunque el precio a pagar puede que sea demasiado alto.

RITUAL

Estamos ante una novela de amor. Una novela de amor al amparo de la ciencia ficción, un amor que puede cambiar y/o destruir todo lo conocido, un periplo de eones a través de planetas y galaxias destinado al reencuentro inevitable, todo ello plagado de pistas para que la protagonista, ese ser estelar llamado Amahle, la surcaluz, recuerde, dentro de la ironía que supone eso para un ser inmortal que se dedica a recopilar, cualificar y cuantificar la memoria de unos pocos escogidos en cada planeta formando una historia universal, la parte más vital de su existencia.

El Dominio es escenario, y Amahle una de sus consecuencias, la trabajadora fuera del tiempo, entre varies otres, que surca los universos con cadencia medida y temporal, a través de evos, retornando una y otra vez para recoger esos collares de memoria que ella misma regaló a unos pocos elegidos de cada globo terráqueo. Y a través de ese desempeño es como vemos el funcionamiento de este avanzado universo y los planetas y sociedades que lo componen, sus conflictos, las especies que habitan cada núcleo y cómo han evolucionado. La comparación entre pasado y presente. Y cómo esperan a esa surcaluz cual mesías, pues se trata de un ser reverenciado, por encima de todo y todos. Y ese ser reverenciado tiene una compañera que, a su vez, posee objetivos propios, quizá superiores a la misma Amahle, la nave espacial e inteligencia Mnemósine, única compañía de la surcaluz en estos viajes infinitos a través del tiempo y del espacio.

Pero surge una alteración, algo que ha dejado señales para la misma Amahle en cada collar de memoria, en cada civilización que ella volverá a hollar; Carloman. Venido desde el pasado de la protagonista, cuando quizá era humana, cuando quizá no había devenido en inmortal y todopoderosa, pero al servicio de la causa.

Carloman busca sin descanso, y quiere ser buscado y encontrado. Para obligar a Amahle al recuerdo, de ella, de él, de ellos. Dejando una huella que no evita seguir la surcaluz, tomando decisiones trascendentales, despertando al cambio desafiando quizá la mismísima realidad. Alpha y Omega.

Como dije, amor. Amor dentro de una prosa elevada, florida y fluida, que dentro de su corta extensión contagia la ambientación espacial, los viajes interestelares, los diferentes nexos de vida y existencia, la relación de la surcaluz con las mismas, y la descripción de esas mismas sociedades, cada cual presa del Dominio, y de sus propias inercias. Esta historia breve y enrevesada bebe de lo mejor de la ciencia ficción, siendo a la vez absoluta y minimalista, pero sin conflicto, lo que la convierte en una obra seudo lineal e inevitable en su desenlace, que viene marcado a fuego y plasma desde su inicio, incluso antes que arranque la novela.

El personaje de Amahle (quien evoca la soledad más completa y atemporal) torna, muta, evoluciona, avanza, recuerda, escoge; ella es la protagonista absoluta de la trama (junto a la interacción vívida con su nave), muy bien construida en ese juego de pistas que plantean los autores al lector, y Carloman a la surcaluz. Como dije, la ambientación es subyugante, sobre todo para los aficionados y aficionadas al género, y esta obra destaca, aunque sin ese atisbo de conflicto y acción, dentro de las colecciones actuales.

En resumen, una historia de amor, de reencuentro, de inevitabilidad. Pero a través de unos paisajes cósmicos muy bien perfilados, que nos invitan a soñar despiertos con esos futuros inenarrables con los que fantaseábamos de pequeños y pequeñas, pero que no terminan de llegarnos, y que solo podemos paladear dentro de la ciencia ficción. Así, igual que Amahle, desbrozad este ritual, y tomad una decisión; elige si leer o no leer Lightchaser, porque, como acólito, merece la pena.

 

Pd: qué difícil es escribir y leer ciencia ficción, y cuán placentero.

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