Título: Audición
Autor: Ryū Murakami
Traductor: Gabriel Álvarez Martinez
Editorial: Malas Tierras
Nº de páginas: 176
Género: Narrativa contemporánea
Precio: 19,90 €
SINOPSIS
Shigeharu Aoyama es un productor de documentales que, siete años después de haber enviudado, acepta la propuesta de un amigo: organizar un casting falso para encontrar a la esposa perfecta. De entre los miles de candidatas que se postulan, Aoyama acaba obsesionándose con Asami, una joven enigmática con un pasado que podría esconder más de un secreto.
RESEÑA
Si acudimos al origen etimológico de la palabra «perversidad», comprobaremos que sus componentes léxicos son el prefijo per- (a través de), -versus- (dando vueltas) y el sufijo -dad (cualidad). El significado de perversitas es, por tanto, «cualidad de ser muy malo, de estar volteado a las normas de la sociedad». Se me ocurren algunos autores o autoras a los que el adjetivo «perverso» les quedaría bien, pero tal vez ninguno llegue a la sublimación de la perversión que trabaja Ryū Murakami; y no solo en Audición, sino en otras de sus novelas (al menos, a las que hemos podido acceder en España).
Si en Azul casi transparente Murakami radiografiaba a la juventud japonesa basándose en sus propias experiencias, y en Sopa de miso trasladaba el conflicto americano-japonés al terreno de la ficción sórdida, con Audición se centra en explorar la perversidad. Es una perversidad de múltiples rostros, pues aparece disfrazada de condescendencia patriarcal, machismo, abuso de poder y romanticismo. Sí, menciono el romanticismo porque Asami Yamasaki, la gran protagonista de la novela, lo entiende como un arte macabro y despiadado. Pura perversión.
De una manera que se me antoja muy elegante, Murakami aprovecha para colar una crítica a la idiosincrasia japonesa de la época (la novela se publicó en 1997), haciendo ver que el consumismo parece haberse introducido en la mente de la población como único remedio ante la tristeza que produce el trabajo desmesurado y la soledad. Esto nos sumerge en un estado pretecnológico en el que se empieza a vislumbrar un cambio que se presenta incierto. Y, como suele suceder, los períodos de transición son caldo de cultivo para los depredadores.
El depredador de Audición, de nuevo, cobra distintas formas. Algunas ya están mencionadas, otras podrían ser la alienación (patente en el personaje de Shigehiko) o la propia resistencia al cambio, aunque la principal se dibuja en la silueta de Asami, figura que entronca con el súcubo medieval europeo o, si queremos, con el folclore asiático (el kitsune o la zorra de nueve colas pasado por el filtro malsano de Murakami). Este personaje, que en los tiempos actuales bien podría interpretarse como un vengador feminista, representa en realidad el desencanto de los sueños inalcanzables o torcidos, la ilusión de la mejor vida que propone el capitalismo y que no es más que un espejismo.
Con todo ello, encontramos una obra que no solo no ha perdido fuerza, sino que se muestra vigente y vigorosa. Como sucedía en sus anteriores obras, Murakami ejercita su lado más tenebroso en un desenlace no apto para estómagos delicados cuyo momento más impactante, sin embargo, se concentra en la mirada de un perro. Otra obra notable de un escritor que da cuerpo a la perversidad como nadie. Reto al lector a leer la novela y, después, ver (o repasar) la adaptación que realizó Takashi Miike, que complementa la obra con un punto, si cabe, aún más turbio.

José Luis Pascual
Administrador
