Título: Territorios
Autor: David Roas
Editorial: Páginas de Espuma
Nº de páginas: 104
Género: Narrativa contemporánea
Precio: 16 €
SINOPSIS
Bienvenidos al Agrohorror, bienvenidos a la inquietud y al desasosiego que surgen de lo insólito anidado en nuestros escenarios rurales de la España vacía, donde la gente ve Netflix y habla de Tarantino, ha leído cómics y a Stephen King, usa móviles y le pregunta a la IA, juega sobre una mesa con la güija y compra en IKEA. David Roas cosecha un conjunto de ficciones en las que lo fantástico y lo humorístico es cotidianamente real hasta deformarse en lo oscuro, lo grotesco y lo paródico a lo largo de campos de cereal o bosques cubiertos de niebla. Niños fantasmales, cerdos zombis, asesinos salvajes o vegetales monstruosos bajo el aliento de la Santa Compaña. Y ante esa trivialidad y esa soledad de lo rural, el foráneo, el viajero. Tú.
RESEÑA
El Agrohorror ha venido para quedarse. El aldabonazo de salida fue aquel Agrohorror: cuentos de lo insólito rural que pergeñaron el propio David Roas y mi adorada Ana Martínez Castillo. En ese volumen ya entrevimos lo que significaba este particular subgénero y cuáles serían sus afluentes principales. David Roas cementa esta corriente con Territorios, su nuevo libro de cuentos, que supone una evolución natural tras Invasión y Niños. En él, acudimos a una cita con el irrenunciable estilo del autor, plagado de guiños a la cultura pop, al acervo cultural patrio y, por supuesto, con sus perennes toques de humor.
Territorios conecta en determinados momentos con Algernon Blackwood, con Shirley Jackson, con Richard Matheson o el mismísimo Stephen King. En otros puntos podemos vislumbrar la alargada sombra de George A. Romero, de Chicho Ibáñez Serrador o de Os Resentidos. Sin embargo, lejos de convertirse en una mera copia, Roas agarra por las solapas el espíritu de estos referentes y lo deposita en su obra con elegancia, llevándoselos a su terreno con buenas palabras.
En muchos de los cuentos, el autor escoge premisas clásicas del género de terror y las subvierte, (casi) siempre desde un tono que tiene mucho de irónico. Desde que llevo leyendo a David Roas, me sorprende cómo esa mezcla de terror y humor funciona como un reloj y, además, suena a original. Por tanto, quienes vayan buscando tan solo una ración de escalofrío, tal vez queden decepcionados, pues Roas busca innovar de otra manera, alumbrando su obra con cierta luz (de ello da fe la estupenda imagen de cubierta) socarrona.
Dentro de lo chocante que puedan ser el encuentro del protagonista con una secta formada por ninjas, la resurrección de unos cerdos tras pasar por la matanza, o la invasión de unos jísters gentrificadores (sí, hay gotas de crítica social en muchos de los cuentos), en Territorios también encontramos un esperpento que recurre a ambientaciones oscuras e inquietantes. Ojo a la imagen de santa Pelagra o a la noche de San Andrés de Teixido, por ejemplo.
Me encanta cómo el autor ofrece un amplio abanico de distintos narradores para abordar cada historia. A nivel técnico, Roas demuestra su dominio en este sentido, así como su experiencia en cuanto a depurar las frases y dotar a sus historias de una prosa fluida como un río en primavera. Como suele decirse de los cerdos (aunque estos sean zombis), de estos relatos se aprovechan hasta los andares.
Secarrales, pueblos de la España profunda, tradiciones ancladas en el pasado, parroquianos de bar de toda la vida, canto de las chicharras, calor insoportable… Todos estos aspectos brillan muy presentes en esta obra, mezclados con supersticiones, rituales, apariciones y otras casuísticas fantásticas. Pisar estos Territorios es inmiscuirse en la vida rural, ya sea la conocida o la oculta. Y, como bien apunta el texto de contracubierta, somos nosotros los extraños que acudimos para alterar la vida de esas poblaciones tan especiales. Dejemos, por una vez, que sea el Agrohorror quien nos transforme a nosotros.

José Luis Pascual
Administrador
