ENTREVISTA A DANIEL PÉREZ NAVARRO, autor de RITOS SALVAJES

por José Luis Pascual

La ficción literaria tiene la obligación de reinventarse. Más allá de las arbitrarias necesidades de un mercado masivo y plagado de novelas-clon y mecanismos narrativos convencionales, el lector necesita sentirse sorprendido por construcciones novedosas que hurguen en lugares poco habitados de su saturado cerebro. Como lectores, cometemos el pecado de dejarnos arrastrar hacia lo conocido, dejando que nos cuenten la misma historia una y otra vez, sin apenas variaciones. La comodidad nos puede, eso es innegable, y las pocas veces que osamos salir de nuestra zona de confort es para algo transitorio y breve.

Ante este estado de las cosas, existen editoriales y autores empeñados en combatir nuestro suspenso cerebral a base de bofetadas que nos obliguen a mantener los ojos abiertos para contemplar abismos de nuevo cuño. Ritos salvajes, publicada por Ediciones El Transbordador, es el ejemplo perfecto de obra hostigadora, violenta y necesaria para estos tiempos de adormecimiento. Su autor, Daniel Pérez Navarro (Córdoba, 1968), abraza un estilo tan personal como fascinante, y tras mi primer contacto con su obra no podía dejar pasar la oportunidad de charlar con él para vislumbrar un poco más de cómo ve el mundo y la literatura.

Con mi más sincero agradecimiento hacia Daniel, os ofrezco a continuación la entrevista que me concedió amablemente, en la que se despliegan conceptos y visiones de lo más interesante y sin ningún tipo de cortapisas. Espero que os guste.


1. Antes de comenzar, preséntate a los lectores. ¿Quién es Daniel Pérez Navarro?

Un padre de dos chicos que le han rebasado en altura, un señor que pasa consulta y hace guardias, un conductor cabreado con los radares que solo buscan recaudación, alguien que se relaja caminando por la orilla del Mediterráneo, un friki de cosas tan dispares como Marvel, Shostakovich y el té y también un escritor a tiempo parcial.

2. ¿Cómo ha sido tu evolución como escritor hasta llegar a tu última obra, en este caso Ritos Salvajes? 

Hubo una primera etapa de aprendizaje que afortunadamente nadie leyó. Cuando estaba muy cerca de los 40, presenté relatos y poemas a concursos. Gané algunos y quedé finalistas en otros, lo que me animó a seguir. La tercera fase empieza con Mobymelville, publicado en 2009, un laberinto en el que Philip K. Dick está presente de manera explícita. Me fui desprendiendo de adornos y colores chillones durante la siguiente década, hasta llegar a la última etapa, que comienza con Valdemar y El hombre que llegó con la marea. A partir de ahí todo se vuelve más sencillo y también más áspero: alguien vestido de negro que lleva el mínimo de ornamentos.

3. Hablemos de Ritos Salvajes. ¿Cuál fue su proceso de creación hasta convertirse en una obra en tres actos? 

Una de las historias que yo consideraba más potentes, la del hombro oso, se publicó en AJEC cuando la editorial estaba en ruinas. El libro apenas tuvo difusión. Nadie lo leyó, salvo cuatro gatos. Volví a él. Suprimí un tercio de la novela, añadí capítulos nuevos y reescribí el material resultante de una manera más seca y directa, la que tengo ahora, y el resultado se llamó Bestiario. Seguí hacia atrás e hice algo parecido con un relato que consideraba potente y tampoco tuvo suerte en su momento, titulado Zoo. El relato creció hasta convertirse en una novela corta. Por último, escribí Inextinguible. Navegando, vi una imagen del faro de Pridrangar y empecé a imaginar cosas: ¿quién puede vivir ahí, en un lugar del que solo se puede entrar y salir por helicóptero, aislado de todo, en un peñasco tan diminuto? Había una cuarta historia que decidí sacar del proyecto, porque me pareció que no encajaba bien con las otras. Invertí el orden de presentación, de la más corta a la más larga, de la más íntima a la más aparatosa, porque el efecto debía ser el de una explosión a cámara lenta. 

4. ¿Cuál es la idea de fondo que subyace en Ritos Salvajes? ¿Por qué los capítulos son tan diferentes entre sí? 
Todo comenzó con El hombre que llegó con la marea (Valdemar Gótica). Ese relato está relacionado con Fafner (Antipersona) y con las tres partes de Ritos Salvajes (El Transbordador). Las cinco historias forman parte del mismo multiverso, uno violento y hostil en el que chocan lugares diferentes y especies también distintas, la mayoría de las veces con el resultado de que el pez grande devora al pequeño. Nuestro mundo ocupa un lugar muy pequeño en esas invasiones. Apenas somos nada y casi no podemos entender qué está sucediendo ni cómo podemos defendernos. Los personajes que comprenden lo que ocurre, saben cómo sobrevivir y dominan la manera de desplazarse de un punto a otro, son los más crueles, como en las cadenas alimenticias. Esa es la idea que subyace en las cinco historias. No es necesario leerlas todas. Y si el lector de Ritos Salvajes quiere variar el orden o saltarse alguna de ellas, puede hacerlo. Puedes ver Avengers Endgame y pasar de Doctor Strange y El soldado de invierno. Es cierto que existen hilos que unen todas las películas, personajes que en un momento son protagonistas y en otro instante se convierten en actores secundarios, o escenarios a los que se vuelve, y la diversión es mayor cuando se han visto todas las pelis, pero no es obligatorio tragárselas todas. En Ritos Salvajes, el hilo más evidente es el de la transformación. Aunque, en ocasiones, la metamorfosis más brutal no está relacionada con la biología.

5. Me impactó especialmente el tercer y último segmento del libro, con esa mezcla entre la trama principal y las crónicas del hombre oso. ¿De dónde sacaste la idea de generar toda una mitología alrededor de la figura del oso? 

La referencia es El libro de los hombres lobo (Información sobre una superstición terrible) de Sabine Baring-Gould. El worldbuilding aparece en Fafner de una manera más sutil, incorporado a la leyenda. Lo pude hacer así porque el viaje de Fafner es físico. Conforme el gigantón va de un sitio a otro, el lector descubre la nueva naturaleza con él. El hombre oso, en cambio, interrumpe la narración para soltar breves píldoras conforme el lector las va necesitando. La idea es que el conjunto de referencias históricas, literarias, cinematográficas, médicas, filosóficas y demás formen el abecedario del hombre oso. Es de esa manera porque el viaje del protagonista es en buena parte sedentario: investigando, observando, leyendo.

6. Casi todos los autores beben de diferentes fuentes. ¿Qué influencias admite un estilo tan especial como el tuyo? 

Mi padre es literario, Cormac McCarthy, y mi madre es cinematográfica, David Cronenberg. El Daniel escritor de hoy puede que sea un producto de ambos, la nueva carne de Cronenberg y la brutalidad de McCarthy.

Ritos Salvajes, con portada de Tomás Hijo

7. En “Dentro del Monolito” intento prestar mucha atención al género de terror. En Ritos Salvajes hay elementos de terror, pero la sensación que me sugiere su lectura es mucho más inclasificable, más nueva. ¿Hay algún género en particular en el que te sientas más cómodo o prefieres no ceñirte a ninguno y experimentar? 

Citaré a alguien más listo que yo: cada período, cada generación, produce algo propio que no puede volver a repetirse. El intento de revivir el pasado, de adaptarse con literalidad a fórmulas ya conocidas, produce niños muertos antes de nacer. Otro sabio hablaba de obras que, ya al arrancar, tenían incorporadas las telarañas. Existen semejanzas, hay una herencia que no se puede negar, y que es necesaria, pero llega el momento de caminar solo. Es una paradoja que en el fantástico, lugar sin cadenas por definición, hoy en día, fuera del circuito independiente, parece que se exija la adaptación a fórmulas, la producción de esqueletos muy parecidos. De manera que la respuesta es sí, creo que hay que salirse del camino. Para bien o para mal. Para hacerlo de puta madre o para estrellarse. Creo en las personas que están al otro lado de las páginas. A los lectores no les puedes engañar. Tarde o temprano, el silencio delante del libro es espantoso para quienes deciden fabricar monos.

8. Me interesa la realidad editorial en nuestro país. ¿Qué opinas sobre el debate autopublicación vs. publicación tradicional? ¿Ves beneficioso o perjudicial para la industria que cualquiera pueda publicar? 
Virginia Woolf se autopublicó. Lo que ella quería hacer no encontró apoyo editorial, y es la que pasó a la historia. No es nuevo lo del mercado, las fórmulas, la apuesta por lo conocido, la incapacidad de quienes se supone que tienen criterio para diferenciar la originalidad de la chorrada. Es también evidente que por cada Virginia Woolf habrá 999 autores que no son Virginia Woolf. Diría que el filtro debe ser ante todo personal. Quien escribe debe juzgar antes que nadie, y decidir si el manuscrito debe permanecer en el cajón.

9. Afortunadamente, cada vez se publica más fantástico en español. ¿Cómo ves el panorama de la literatura de género escrito por autores patrios? 

Venimos de unos años de mentalidad liberal aplicada a la escritura. El autor debía escalar una cumbre, ser famoso, obtener reconocimiento, saltar de las editoriales independientes a las generales, porque la panacea era ingresar en ellas, escribir artículos en calidad de todólogo y, a ser posible, hacerse el gracioso, salir en la tele y tener una larga cola de firmas. A los que no seguían ese camino se les llamaba fracasados, cobardes, impotentes (casi todos eran hombres, al fin y al cabo). Hoy, después de todo lo que hemos vivido en los últimos años, esa aspiración a convertirse en escritor de burguesía alta se ve un poco ridícula. Puedes decir: anda y ve a masturbarte con una foto de Ayn Rand. No existe esa presión por emular a Harold Robbins o Stephen King. Aún se buscan medidores, como el número de seguidores en redes sociales o el número de veces que se hace retuit a una gracia, pero el panorama ha cambiado. Hay quienes se autopublican y son felices. Hay quienes están (estamos) muy a gusto con editoriales independientes que respetan quién eres y lo que quieres hacer. Hay una mayor presencia de autoras. Hay una mayor diversidad de propuestas. Puede que la calidad sea muy variable, es lo que sucede al abrir las puertas, pero este momento no me parece peor que esos años en los que el sistema editorial era un cuello de botella que estrangulaba las ideas que no consideraba apropiadas, permitiendo que se filtraran solo las que cumplían ciertos estándares. ¿Es un filtro que elimina la morralla y deja que lo bueno sobresalga o es más bien una entrada que se abre y se cierra al gusto de quien hace de portero?

10. Dentro de sus posibilidades, las editoriales modestas parecen ofrecer un soplo de aire fresco al saturado mercado generalista. ¿Cómo ha sido la experiencia de publicar con editoriales como El Transbordador o Antipersona? 

Fantástica. Solo puedo decir cosas buenas, tanto de Layla como de Pilar. Ambas son muy profesionales, muy respetuosas y muy valientes.

11. ¿Puedes decirme cuáles son tus obras preferidas en cuanto a literatura de terror? 

Citaría al gran autor del mar, William Hope Hodgson. De los más clásicos, me quedaría antes con los cuentos de Poe y Lovecraft. De los menos difundidos, citaría a Ewers. De King, también los relatos. Y de los autores de terror puro de hoy, me encanta Adam Neville. Hay una película de su novela El Ritual, pero recomendaría aparcarla y leer a Neville. De verdad logra que sientas miedo.

12. Una curiosidad: ¿de dónde viene el nombre de Junme’G Mell? 

No lo recuerdo. Sé que quería dejar claro que el personaje no es de de este mundo o de lo que llamamos nuestra realidad, aunque se parezca físicamente a nosotros. Está inspirado en el Albino, ese personaje que se pasea por Meridiano de sangre disfrutando de cada momento de terror, desolación y caos que él provoca. Pero no lo recuerdo. Puede que pulsara teclas al azar y desechara las letras que no me convencieron. Tuvo que ser algo así. Eso o jugar a Apalabrados.

13. Recomienda alguna joya oculta que pienses que todos deberíamos leer. 

Lo voy a poner fácil: los títulos que Valdemar Gótica está sacando en los últimos años. En una colección tan ejemplar, se esperan los grandes títulos de Stoker, Shelley, Lovecraft y todos los clásicos. Cuando eso ya está hecho es cuando la colección se pone de verdad interesante: El vampiro de Ewers, El escarabajo de Richard Marsh, la muy poco comentada Los albigenses de Maturin, Lemuria de Strobl, El demonio del movimiento de Grabinski, El reino de la noche de Hodgson, etcétera. Clásicos de oro muy bien editados.

14. Cuéntame qué tienes en mente en la actualidad. ¿Cuáles son tus próximos proyectos? 

Tengo dos propósitos que siguen la línea de Fafner, dos novelas de la nueva naturaleza. Cada una de ellas se titula como otro personaje de El oro del Rhin. No forman una saga. Al igual que con Ritos Salvajes, busco que las 3 historias de algún modo estén relacionadas. Ese es el plan, pero ya veremos. No lo suelo anunciar porque muchas veces estos proyectos se desmoronan o los abandonamos. Si las ideas llegan a buen puerto, el resultado puede ser bastante chulo.



Bibliografía básica de Daniel Pérez Navarro:
Mobymelville (Sportula, 2009)
La sonrisa de los muertos (Viaje a Bizancio Ediciones, 2011)
The book of the Grizzly Man (Ajec, 2011)
14 maneras de describir la lluvia (Sportula, 2013)
Marilyn Monster (Cazador de Ratas, 2017)
Fafner (Antipersona, 2018)
Ritos Salvajes (Ediciones El Transbordador, 2019)

2 comentarios

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alvaro lópez-linares derqui junio 5, 2019 - 11:19 am

Grandísimo escritor con una obra que desprende inteligencia y personalidad. Gracias por una gran entrevista: por cierto, yo también amo el Vampiro de Ewers.

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José Luis Pascual junio 5, 2019 - 3:02 pm

Sin duda las referencias de Daniel son de gran calidad, aunque después su estilo no se parezca a caso nadie. Muchas gracias por leer la entrevista y por tu comentario, Álvaro! Un saludo.

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