HYPERNORMALISATION (Adam Curtis, 2016)

por José Luis Pascual

Supongo que una de las funciones de la filosofía es cuestionar la naturaleza de la realidad, esto es, intentar abrir un camino más allá de lo que vemos a simple vista y tratar de vislumbrar los auténticos mecanismos que hacen girar el mundo. Para ello, el filósofo o investigador debe reconocer y aceptar el modelo imperante en un primer paso, para posteriormente rasgarlo poco a poco e interpretar lo que asoma detrás de esa realidad objetiva. El británico Adam Curtis se ha dedicado en los últimos años a emprender este camino, a lo largo de una serie de películas documentales que ponen en jaque la narrativa de la historia reciente.

HyperNormalisation es el documental en el que Curtis desgrana una serie de eventos relativos a la geopolítica mundial de las últimas décadas, eventos que han generado el dudoso panorama social y político actual. Tomando como punto de arranque lo sucedido en dos ciudades, Nueva York y Damasco, desde los años 70, el realizador expone un desarrollo de acontecimientos que ofrece una explicación más o menos lógica de cuestiones tan complejas como lo que está pasando en Siria, el funcionamiento del terrorismo islámico, el auténtico valor de la política en los tiempos que corren o incluso algo tan ajeno en apariencia a todo ello como el avistamiento de platillos volantes en los cielos. Y, para Curtis, nada es como nos lo han contado.

Con ello, el documental se vertebra alrededor de personalidades como Muammar Gaddafi, Hafez Al-Assad, Donald Trump y Vladimir Putin, prácticamente utilizados por Curtis como conceptos descriptivos de una realidad de falsa bandera, un teatrillo del absurdo que se presenta ante nosotros como una terrible cortina opaca que nos impide ver las sonrisas malévolas de quienes manejan los hilos. Pero también se utilizan otro tipo de elementos aledaños como Jane Fonda, Patti Smith, el cine de Tarkovski, las ideas de William Gibson o la película Tron, a modo de ilustraciones de ciertos cambios en el modo de pensar colectivo. Estremece en este sentido contemplar un montaje de imágenes de cine catastrofista americano pre-11S, que de algún modo conformaba todo un imaginario que anticipaba de manera infalible y sorprendente la pesadilla que estaba por venir.

Con todas esas piezas, Adam Curtis arma todo un constructo que confirma un (des)estado de las cosas que ya sospechábamos. La realidad es tan falsa como la ciberrealidad, y cambia de forma ante nuestras narices sin que apenas nos demos cuenta. Asistimos al juego de los políticos, quienes nos hacen creer que participamos activamente de sus acciones. Pero en realidad ellos mismos son meros juguetes en manos de otras fuerzas, ya sean bancos, multinacionales o demonios, que obedecen a criterios incognoscibles para los simples mortales.

Impacta la demostración de que la confusión se utiliza como arma política sorprendentemente efectiva, y que las guerras y sus tácticas son teledirigidas sin que sus objetivos sean los que se vende a la población. Todo es mentira, o para ser más precisos, todo es verdad pero es una verdad adulterada, moldeable y transformable a nuestras espaldas. Todo está diseñado por modelos predictivos que hacen imposible al individuo adivinar el verdadero rostro de la realidad. Ese es el auténtico mensaje que persigue el documental, la constatación de algo que nuestro cerebro intuye pero nuestra mente no concibe.

Hypernormalisation es un artefacto hipnótico, en el que Adam Curtis escupe a nuestras pantallas imágenes crudas, algunas de ellas explícitamente impactantes, de la creación de un mundo poco ideal que termina emborronando el salto ideológico entre representaciones que podemos considerar tan aborrecibles y opuestas, como un atentado suicida y la coreografía de tres niñas grabándose en su teléfono móvil. La escenografía de Curtis resulta magnética, con una mezcla de imágenes y música que convierte el horror y el desconcierto en la puerta a un trance perceptivo pocas veces alcanzado.
Podemos estar más o menos de acuerdo con la mirada de Curtis, pero es innegable que sus tesis son tan válidas como cualquier otra, contando además con el añadido de una lógica que explica buena parte de nuestro pasado más reciente y que contribuye a dibujar a un ser humano que transita más allá del ideal de individuo y a una sociedad que es un ente imprevisible y descorazonador. Puede que el caos que nos gobierna sea ordenado, pero no deja de ser caos.

Actualmente, el documental se puede encontrar en Youtube con subtítulos en castellano.

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