XVII CLUB DE LECTURA DE TERROR: LA CHICA DE AL LADO (Jack Ketchum)

por José Luis Pascual

Nos gusta el riesgo. En estos tiempos de corrección política y persecución de cualquier manifestación que escape de las líneas blancas que delimitan lo que podemos decir y lo que no, hemos osado embarcarnos en una novela que presenta a dos poderosos personajes, uno víctima y otro verdugo. Y, lo que es más impactante, ambos son femeninos. La chica de al lado es una historia basada en contundentes hechos reales en la que el escritor norteamericano Jack Ketchum lanza un mensaje incendiario: los monstruos también pueden adoptar forma de mujer.

Sin más dilación, os dejo con mi reseña de La chica de al lado seguida de las opiniones de algunos de los miembros del Club.



LA CHICA DE AL LADO (Jack Ketchum)

Los primeros párrafos de La chica de al lado nos dan la pista de la verdadera intención de la novela de Jack Ketchum: convertirse en un tratado sobre el dolor. Hurgar en la tortura física hasta convertirla en una herramienta de poder infinita, o en el camino a la liberación. Ser la definición de esa sensación en todos sus niveles, especialmente los más extremos. Causar dolor en el lector. Literalmente.

Tras el mortal accidente de sus padres, Meg y su hermana pequeña Susan quedan bajo la custodia de Ruth, una mujer divorciada que vive con sus tres hijos. David, su vecino de 12 años de edad y amigo de Ruth y su familia, conocerá a Meg y será parte importante de los acontecimientos que se producirán desde la llegada de las dos niñas: una escalada de maltrato y humillación que alcanzará consecuencias insospechadas.

El caso real que dio origen a la novela, la cruel historia de Gertrude Baniszewski Sylvia Likens, es utilizado por Ketchum para realizar un fidedigno retrato de una sociedad que escondía una ira atronadora bajo el felpudo de entrada a las casas. Siempre se habla del inicio de la década de los 70 como auténtico “fin de la inocencia” de la sociedad americana. Y en buena medida, así fue, pero ya en las décadas anteriores se fraguaba a escondidas esa macabra y violenta revolución. En cierto sentido, la novela es el reverso de Un verano tenebroso, ya que en su inicio hay similitudes con la obra de Dan Simmons, para poco después hacer girar toda esa inocencia y subvertirla completamente. Tanto literal como metafóricamente, el sótano de las viviendas era el refugio contra la normalidad, el reducto donde dejar salir toda esa rabia que se estaba acumulando. En La chica de al lado, el sótano es la puerta al infierno.

Aunque la víctima de la historia es Meg, y todo se nos narra a través de los ojos de David, la verdadera protagonista de la novela es Ruth. De hecho, el gradual oscurecimiento de la trama va en paralelo al arco de transformación de este personaje. Desde el inicio podemos sospechar que algo anda mal en su comportamiento, gracias a las pequeñas pistas que Jack Ketchum siembra en el texto; pero poco a poco iremos atisbando la verdadera dimensión de la insondable oscuridad que habita en ella. A través de sus actos, que ascienden en una macabra escalada de “lo erróneo”, la novela crece en alteración de la realidad, sumergiéndonos en su trastorno para —y esto es lo más terrorífico— llevarnos a comprender la mecánica de lo demoníaco. Y es que el escritor no entiende de ambages, inmiscuyéndonos en una sucesión de acontecimientos que alcanzará un nivel casi insoportable.

La novela de Jack Ketchum está diseñada para vapulear al lector, cosa que consigue con creces. Y no solo por la explicitud con que está tratada la violencia, sino porque la víctima es una niña. Y porque el verdugo es una mujer. El efecto es demoledor, y sin duda debe servir para recordarnos que el mal no entiende de diferencias, pudiendo adoptar cualquier forma en sus manifestaciones. Lo más curioso es que, leyendo la novela, uno llega a pensar que muchos de los pasajes más escabrosos están exagerados por el autor a propósito, llegando a resultar inverosímiles en algunas ocasiones. Reflexionando sobre este asunto, creo que la realidad es que esa sensación tan solo es un mecanismo de defensa del lector, incapaz de aceptar tanta atrocidad sin sentido. La mente siempre tiende a rebajar el dolor —porque la novela llega a doler de verdad— intentando quitarle credibilidad. Sin embargo, solo hay que documentarse sobre el caso real para comprobar que Ketchum no solo no infló estas escenas, sino que decidió omitir los momentos más delicados. Tal descubrimiento es terrible.

Valorando a nivel técnico, estamos ante una obra que se sirve de una fantástica ambientación, de esas que poco a poco van mutando hasta transformarse en lo opuesto de lo inicial. Toda la luz e inocencia que parece sugerir el primer encuentro entre Meg y David, colapsa durante el desenlace, realizando un trayecto aterrador en el camino. Se hace difícil empatizar con ningún personaje, ya que el verdadero ancla con una realidad “normal” nos lo proporciona Meg. Y nadie quiere pasar por lo que pasa ella.
Otro de los logros de La chica de al lado radica en la manera en la que Ketchum consigue que el lector recree una imagen mental de los personajes muy definida pese a dar apenas unas pinceladas de su aspecto. Pese a la coralidad de la obra, por la que desfilan muchos niños, todos adquieren unos rasgos diferentes y reconocibles desde el principio. Parece algo sencillo, pero no lo es.

En cuanto a la faceta que ha hecho célebre la novela, la referente a la violencia y al comportamiento de los personajes, hay que detenerse a pensar en una cosa. En realidad, tan solo hace falta un pequeño catalizador que produzca una levísima alteración de la realidad para que entremos en un estado diferente. Ni siquiera ha de ser un hecho traumático, basta con un pequeño momento de pérdida de control. Lo vemos a diario en las noticias y en nuestro entorno cercano. Y no nos engañemos, todos estamos expuestos a ello aunque no queramos verlo. Una palabra mal interpretada, un pequeño empujón involuntario en el metro, una repentina lluvia que nos va a retrasar… todo ello puede llevarnos a diminutos actos de microviolencia contra la persona más cercana. Si esto lo llevamos a la manipulación de que es capaz una mente desequilibrada, tal vez podamos intuir esa campana de realidad deformada que es la casa de Ruth Chandler en la novela, y empezar a comprender por qué los niños que allí acuden aceptan las retorcidas normas de un espacio cerrado que se aleja tanto de nuestro concepto de moralidad.

Sin duda es esta la obra más complicada que hemos traído a nuestro Club de Lectura. Pocas veces se habrá mostrado una gradual destrucción de la inocencia infantil como lo hace La chica de al lado. Muchos dirán que Jack Ketchum se regodea en el sadismo, que no era necesario exponer tanta violencia, que la existencia del día a día ya nos golpea lo suficiente como para tener que soportar tal cascada de aberraciones. Puede que tengan razón, pero en mi opinión novelas como esta cumplen una función imprescindible: hacernos abrir los ojos a algo tan real como nosotros mismos. Este es el auténtico terror.


Los miembros del Club hablan:

Icaro Tikka (@IcaroTikka en twitter):
“Un libro, en mi opinión, de obligada lectura.
Por un lado tenemos una crónica novelada sobre un caso real. Un caso para no dar crédito. Te preguntarás una y otra vez: pero esto… ¿cómo pudo pasar? Hombre, no sería tan así. Algo de verdad habrá, pero no así… Ocurrió.
Por otro lado tenemos una interesante exploración de la infancia diferente a la ya manida inocencia y pérdida de ésta. Tenemos a unos niños que no son completamente culpables, pero desde luego no son inocentes. Ni por asomo. Una visión casi voyeurística traves de la cerradura de la puerta de un universo infantil. Luces y sombras. Su percepción, sus prioridades, las coaliciones entre ellos.
Así descubrimos que es fácil ser niño cuando ya se es adulto, pero es toda una empresa vivirlo cuando toca, cuando tú eres todavía el niño. Contexto. Todo este universo, con sus dinámicas de poder en su versión reducida al vecindario pueden servir de catalizador para que una atrocidad de historia fluya.
Sobre el argumento no voy a comentar nada. Mejor zambullirse a ciegas en su lectura”.

Oscar Pico (@oscarpi6 en twitter):

Jack Ketchum no solo nos narra, de forma suavizada, como él mismo nos confiesa en el epílogo de la novela, la historia de Ruth, sus hijos, Meg y Susan, y los niños del vecindario, sino que refleja con su escritura lo más profundo de la bajeza humana. Apartando lo escabroso y duro de la historia, Ketchum consigue transmitirnos la opresión y la oscuridad de la misma con una narración simple, directa, y que no requiere de muchos recursos estilísticos para hacerlo: no hay momentos de respiro, minando la sensibilidad del lector de forma gradual pero progresiva. Es una novela recomendable por su calidad atmosférica, pero que no será del agrado de los estómagos sensibles”.

Vicente Barceló (@venamisteriosa en twitter):
“Abordar la reseña de este libro es complicado. Puede pasar cuando un texto es duro y real, pensar en hacer una reseña te hace hablar más de la parte emocional y de cómo te ha dejado que del propio criterio literario. La chica de al lado es una novela con estas características. Es dura y desgarradora si la lees sin conocer nada de ella. Pero es más cruel y traumática si además descubres que es una ficción basada en un hecho real aún más doloroso.
La obra está escrita sin demasiadas florituras. Es rápida, concisa y de fácil lectura, literariamente hablando. No se anda con chiquitas ni descripciones banales que hagan que la atención del lector se distraiga. No hay medias tintas. Es suficientemente explícita en todas sus escenas como para que el tropel de sensaciones se adueñe del lector. Las páginas avanzan de forma que uno tiende a pensar que la trama no debería llegar hasta donde llega, que en algún momento saldrá un ángel salvador que acabará con tanta inmundicia. No estamos acostumbrados a este tipo de sucesos que sabemos que existen, pero que en muchos casos son políticamente incorrectos plasmar en un libro. Pues bien, en este no hay límite. Por ello es muy probable que tengas que decidirte por uno de los dos grandes grupos de lectores: los que deciden cerrar el libro y empezar otra cosa que les quite de la cabeza esta terrible narración, o los que continúan viendo la ilimitada crueldad de la condición humana.
El libro en sí no contiene escenas desproporcionadas, ni gore, ni nada por el estilo. Pero la moral y el sentido común del lector pondrá el resto en su imaginación para hacer de la obra una espeluznante historia que, lamentablemente, es solo una versión de un hecho aún más escalofriante del mundo real.
En definitiva, La chica de al lado es una interesante novela, dura, muy dura, que narra unos transfigurados hechos de una historia real. Crea un ambiente de tensión y de perturbación en aumento. Es inmoral, nos llevará a desear que todo acabe bien, pero al final la realidad nos dará un mazazo en la cabeza y nos dejará pensando en las intenciones del autor, que no son más que mostrarnos lo que realmente somos: criaturas maleables tan cercanas a la maldad que un simple empujón nos llevará a convertirnos en monstruos sin saber ni por qué ni cómo”.
(Extracto de la reseña que podéis leer completa en el blog La vena misteriosa).

Waldemarne (@waldemarne en twitter):
“Hace algún tiempo que le estaba dando vueltas a formar parte de un club de lectura y ya había estado barajando desde hace unos meses unirme al club de lectura de Dentro del Monolito pero las circunstancias laborales y personales me lo habían impedido.
Ahora que “el temporal había despejado un poco” y podía participar, veo que el libro con el que se va a poner el Club es un libro duro, muy duro. No es del terror habitual que estoy acostumbrado a ver o leer. En la portada del libro en inglés lo describen como “terror suburbano”.
Aunque no me había leído la novela conocía la temática de la que trataba. Mi esposa, que es aficionada a casos reales sobre asesinatos o crímenes muy sonados, me había hablado sobre este caso. Recuerdo haberme informado hace unos años sobre el tema pero no ahondar mucho en los detalles porque era un caso de abusos muy duro que había conmocionado al pueblo estadounidense por completo cuando se conocieron los detalles. La pregunta de cómo había podido llegar a suceder aquello estaba en la mente de todo el mundo.
La novela inspirada en este caso real nos habla de los abusos y maltratos recibidos por una niñas que tienen la mala fortuna de caer en manos de una tía lejana después de que sus padres muriesen en un accidente. La tía lleva estos maltratos a unos límites insospechados utilizando como herramientas a sus hijos y a los amigos de sus hijos.
Jack Ketchum nos adentra en este caso de maltrato desde la perspectiva de un joven vecino (David) de estas niñas que conoce a la familia residente de toda la vida. Desde su punto de vista vamos viendo cómo se van realizando pequeños cambios en el comportamiento de todos hacia las niñas y cómo argumentan esos cambios. “Cosas pequeñas, pero que iban sumándose” citando al propio Jack. Desgraciadamente, las cosas no tardarán en acelerarse hasta alcanzar un punto de no retorno.
El libro está escrito en una prosa sencilla y directa. En su primer acto, me recuerda mucho a Cuenta conmigo del tito King. Una pandilla de chicos y chicas que se conocen y nos hablan de sus inquietudes. Jack utiliza descripciones de los sucesos claras y concisas sin artificios narrativos innecesarios. Para mi gusto quizás se podría haber ahondado más en la psique de los personajes. Especialmente de Ruth, Meg, David y Donny.
Considero un acierto por parte de Jack K. que aunque es necesaria la descripción de los abusos realizados sobre las niñas, el escritor suaviza sus descripciones y no se recrea en los detalles que no aportan nada más allá de prolongar el sufrimiento del lector. Incluso hay uno de los capítulos, donde se debería describir uno de los peores maltratos sufridos, en el que el escritor evita describirlo para evitarle al lector el mal trago que tampoco es necesario.
Indicar que los maltratos sufridos por las niñas el caso real fueron mucho peores que los que se describen en el libro. Ya sabéis, lamentablemente, la realidad siempre supera a la ficción.
Lo que más me ha gustado es que sea descrito desde la perspectiva del vecino de al lado y no desde las propias víctimas. Esto permite entender mejor los motivos de cómo las cosas llegan al punto lamentable al que llegan.
“Y creo que fue entonces cuando me di cuenta de la afilada cuchilla que se escondía detrás de su permiso. El espectáculo era de Ruth y solo de Ruth. El juego no existía. Y, al reconocerlo, fuimos todos, y no solo Meg, los que nos encontramos allí colgados”. Aunque el libro está escrito desde el punto de vista de David, la verdadera protagonista es Ruth (la tía lejana). La parte más atrayente del libro es cómo Ruth consigue manipular a los niños para que sean cómplices de las acciones que están realizando mientras observamos su propia transformación hacia la locura.
Un tema principal tratado por Ketchum es la indefensión de los niños frente a los actos de los adultos. En la obra está presente en todo momento cómo los adultos pueden actuar impunemente sobre los niños, y es quizás el aspecto más terrorífico de la novela. Esto sumado a una ambientación situada a finales de los 50 donde el modo de pensar es nada sensible a los temas de los abusos a menores enmarcan al lector en una posición muy incómoda y sufridora durante toda la lectura.
Otro aspecto que encontré muy interesante es que la novela arranca desde un David ya adulto a quien los hechos ocurridos aquel verano lo marcarán para siempre, provocándole un trauma que le acompañará durante su vida adulta e interfiriendo en todos los aspectos de su vida y especialmente en lo familiar.
En resumen, una lectura angustiosa, cargada de mensajes importantes sobre los adultos y los niños que no debemos olvidar, especialmente los que somos padres o madres. Un recorrido dantesco construido por el autor que nos hará bajar a los infiernos del maltrato al menor a una velocidad vertiginosa y sin paños calientes“.

Luis Llorente (@LlorenteGarcia en twitter):
“Puedo decir que esta novela me ha marcado profundamente. Consiguió sacar emociones muy intensas de mi interior y creo que esa es una de las claves para saber que estamos ante un grandioso trabajo.
Si te consideras mínimamente empático, La chica de al lado va a dejar un sello en tu memoria sin ningún tipo de duda. Es el libro que más me ha gustado de este 2019 en el club de lectura, y se queda en mi top de libros de terror de siempre”.

Kike Mollá (del podcast Rock entre amigos):
“Muchas veces se ha dicho que la realidad supera ampliamente a la ficción y quizás una de las mayores pruebas es esta novela. Escrita por Jack Ketchum basándose en una historia real nos presenta la barbarie en su más amplio sentido de la palabra, cómo el ser humano degenera hasta extremos inimaginables de las personas que menos esperas. Uno de los puntos fuertes del libro son los límites que se marca Ketchum a la hora de describirnos las humillaciones y vejaciones por donde pasa uno de los personajes, y aunque evite llegar a los excesos de la realidad, lo hace con solvencia y elegancia, cosa que agradece el lector en todo momento porque el mal cuerpo lo tienes desde casi el inicio de la novela hasta el final, un final que también cambia el escritor para no dejarnos desolados y tristes tanto por los personajes de la novela como por los de la realidad”.

Juan Carlos Pascual (del canal TOC Libros):
La chica de al lado es un libro que en mi opinión plantea una de las cuestiones más controvertidas que se pueda plantear: ¿es el ser humano bueno o malo por naturaleza?
Mucho se ha teorizado y discutido sobre ello, pero nunca se llega a una conclusión firme. Y esta novela nos sitúa en el medio de la balanza como espectadores de la infamia y la (discutible) redención. Lo más terrible de los hechos que se cuentan es que están basados en una realidad aún más aterradora, sorprendentemente atenuada por el autor en el libro. Creo que uno de los puntos que más llaman la atención de la historia es que los protagonistas (casi todos) sean niños, lo cual me hizo recordar durante varios pasajes el Nada de Janne Teller, otra novelita perturbadora que trata el radicalismo en el comportamiento infantil. Al terminar La chica de al lado me quedó una duda que no podré resolver nunca pero que me parece interesante, y es cómo hubiera recibido esta novela de haber desconocido el suceso real en que se basa”.

Sergio Requejo (@seresar en twitter):
La chica de al lado es un crudo estudio sobre la maldad; sobre la normalización de la violencia y la idealización de la figura del adulto como pleno e incontestable referente. Un reflejo de una época y una sociedad que intenta imponer una moral y unos valores basados en el respeto autoritario, dejando desatendidos los derechos de los más débiles y la voz dubitativa de la conciencia común.
Jack Ketchum consigue hacer verosímil un relato que, a priori, nos resulta imposible y que cobra un mayor grado de perturbación cuando colocamos nombres y rostros reales a unos personajes que incluso, en la realidad, van más allá de la propia imaginación del autor.
La novela tiene un estilo de crónica desde el punto de vista parcial de un niño, ya adulto, que con sus recuerdos busca cierta expiación, haciéndonos partícipes y testigos directos de este perturbador suceso.
Quizás se quede algo huérfana la profundización en la psique de los ejecutores reales de la acción, aunque Ketchum introduce al final alguna clave que nos permite entender sus perturbadoras motivaciones.
Lo grotesco de la situación sobrepasa, en ocasiones, ciertos límites que van alcanzando un grado de descontrol que, en mi caso, ha provocado que haya tenido que parar de leer por la dureza de sus descripciones”.

Asen Ahab (@Asen_Ahab en twitter):
“Desde luego la fama la tiene ganada esta novela y su autor. Los hechos de la historia son incontestables y demoledores, pero la novela no habría alcanzado el reconocimiento que tiene (o casi) sin el estilo narrativo de Ketchum, que sabe marcar el ritmo necesario a lo largo del libro e incluso marcarse numerosos picos de tensión que perduran en la mente del lector. Un libro que te derrota totalmente, sin más”.

Bernard J. Leman (@bernardjleman en twitter):
La chica de al lado me ha sacudido. De hecho, ha estado a punto de noquearme, como un gancho de derecha que uno, viniendo desprevenido, no esperaba. Claro que, ¿cómo puede uno prevenirse contra un libro como este? ¿Hay acaso algún lector que haya encarado esta obra con una prevención suficiente? Yo lo dudo.
Y eso que me esperaba una obra dura, incluso desagradable (que lo es, en algunos momentos): la fama le precede. Lo que no me esperaba en absoluto es una obra de tal calibre literario. Estoy deseando saber qué opinan al respecto mis compañeros de club; quizá esté solo en esto, pero creo que este libro es una obra maestra. Ketchum la escribe deslizándose peligrosamente sobre el filo que media entre el sensacionalismo y la repulsión, y lo hace sin perder el pulso, gracias a un estilo frío y a una sólida construcción, fruto de un buen número de elecciones acertadas. Creo que el autor consigue aquí salir airoso y sin un solo rasguño de semejante empeño, y eso es algo que se me antoja imposible de alcanzar para el común de los mortales.
El libro arranca con calma, tomándose su tiempo. Ketchum prepara con precisión el combustible sobre el que luego arderá la historia, en un primer acto que ocupa un buen tercio del libro y que se antoja fundamental para el éxito de la obra. Allí conoceremos al protagonista, a su grupo de amigos, las relaciones bajo las que opera esa maquinaria social del extrarradio, y a la chica nueva, Meg, y la fascinación que por ella siente el protagonista. Ketchum es lo suficientemente perverso para hacernos sentir lo mismo que él, para hacer que nos preocupemos por esta chica y por su hermana, huérfanas que han ido a parar a un entorno extraño. A partir de ahí la secuencia de acontecimientos se irá sucediendo como las cuentas de un engarce diabólico y despiadado que conducirá inevitablemente al desastre.
Y, según vas descendiendo por cada una de esas agónicas etapas, te vienen a la cabeza sensaciones y preguntas incómodas. Te planteas si de verdad quieres seguir leyendo. Te preguntas por la moralidad de tu posición, mientras asistes, cómodamente sentado en tu sillón desde la distancia que otorgan unos trazos de tinta sobre el papel, sintiendo un cierto punto de fascinación (esa misma fascinación que siente el protagonista al contemplar los engranajes de esa aplastante maquinaria de poder en funcionamiento) y una tonelada de horror, a escenas de acoso, abuso, sometimiento y vejación, y a una crónica de la degradación social, personal y moral del individuo, sin poder apartar la mirada, apenado, asqueado y acongojado.
Es comprensible que, al traspasar ese umbral, pasada la mitad del libro, muchos lectores hayan dado media vuelta para salir de allí, después de atisbar el panorama de crudeza que se les venía encima. Al lector tenaz le aguarda, efectivamente, una experiencia bastante dura. Afortunadamente hay algo de alivio al terminar el libro: Ketchum ejerce una cierta justicia poética, intentando redimir, si acaso parcialmente, al protagonista de la historia, y también dar un consuelo al lector a través del castigo (que se sabe amargo, por forzado) a uno de los instigadores del maltrato. La realidad que sirve de base a la obra de Ketchum es bastante más dura (detalles no le faltarán en la Red a todo aquel que se interese por el caso) y dejó a la víbora vivita y coleando tras saldar la deuda impuesta por una sociedad bastante más civilizada que la construida por ella de puertas adentro.
En resumen, una obra contundente y magnífica que golpea al lector con un puñetazo implacable de realidad”.

Jota García Romero (@jotagarcaromero en twitter):
Asfixiante novela la que hemos tenido ocasión de leer este mes. Y creo que me quedo muy lejos si pretendo con esto transmitir el desbordante desasosiego que recorre el cuerpo del lector a medida que avanza en la narración. Con un tono costumbrista, y una ambientación cotidiana muy lograda, la paulatina inmersión a la que es sometido el lector deviene en un descenso a un infierno humano que sería el orgullo del maligno, y del que solo deseas huir, lo que es tarea imposible y, por ende, solo quieres que acabe cuanto antes. Excelente el trabajo de Jack Ketchum, ya que, a pesar del espeluznante nivel que alcanza la novela, su lectura es increíblemente adictiva, resultando una obra que se lee casi sin pestañear, a pesar de que lo que deseas es cerrar sus páginas y no seguir descendiendo a ese infierno que, para colmo, fue escalofriantemente real”.


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Próxima lectura : Los archivos de Van Helsing (Xavier B. Fernández – Ediciones El Transbordador)

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