Ritual Román XXXV: EL CUARTO APÓSTOL (Francisco Javier Olmedo Vázquez)

por Román Sanz Mouta

Título: El cuarto apóstol

Autor: Francisco Javier Olmedo Vázquez

Editorial: Autopublicado

Nº páginas: 284

Género: Horror lovecraftiano

Precio: 15,18€ / 2,99€ (digital)

Año 1611 de Nuestro Señor.
Encomendados por orden del Consejo de la Suprema Inquisición de Logroño, dos frailes dominicos parten hacia tierras andaluzas con la intención de recopilar de los lugareños testimonios que demuestren que hay más de ignorancia e incultura en las denuncias por brujería que de auténtica herejía. Siguiendo el rumor de las leyendas más impopulares, los monjes alcanzan una aldea perdida en las entrañas de Sierra Morena a la que no solo Dios pensó dar de por siempre la espalda, sino que el mismo universo lucha desde hace siglos por alejar de sí su inmundicia. Porque lo que en Almuracín de la Piedra Viva ocurre no es propio de hombres ni tampoco de bestias. Lo que en Almuracín sucede no es digno ni del mismísimo Satanás.

CRÓNICA DESDE EL DIVINO PRODIGIO

He leído, como buen aficionado a la literatura lovecraftiana, todo lo que ha publicado el señor Francisco Javier Olmedo, buen conocedor y divulgador de la obra del soñador perturbado. Y he visto cómo se iba afianzando en su prosa, pasando de un homenaje de verbo personal a un estilo propio con meras reminiscencias que no tiene apenas que envidiar al maestro de Providence. Expliquemos por qué.

Estamos ante una novela erudita que posee un contexto histórico y que se adapta a la terminología y arquitectura para con el habla de la época, más tratándose el protagonista y narrador de un religioso ilustrado, quien nos comparte desde unas cartas todo lo allí acontecido durante su estancia (aunque no suponga la única voz de la novela, pues su maestro es quien nos adentra en el horror más profundo a través de su periplo por la jerarquía y origen de los santos y los milagros de tan oscura iglesia).

Dos frailes viajan por encargo de la Santa Sede hasta un pueblo recóndito con halo de misterio, Almuracín de la Piedra Viva, donde también se halla el Pueblo Alto, para desmentir sus leyendas nocivas y lejos de la palabra del Señor. Ya de inicio son atacados y sorprendidos por una criatura a medio camino de la humanidad, castigada por su herejía, y que con su toque contamina la salud de los creyentes. A posteriori son recogidos en caridad por la joven Candelaria y su padre enclaustrado. Y es por medio de los contares sabios y atormentados del segundo, junto con las visitas guiadas de la primera por esa villa endemoniada, que el mas joven de los monjes conoce físicamente la verdadera fe, mientras que su superior, herido de muerte y locura, viaja a través de sueños y pesadillas hasta los planos donde la verdad se le revela. Hasta que lo sabremos todo. Hasta el advenimiento y la elección. Corría el año de nuestro señor que ya no lo es ni lo será 1611…

Esta idea demente que conforma el manuscrito supone un paso adelante y evolución tanto en el lenguaje (contarlo desde aquella época permite más juego, complejidad y experimentación, hasta llegar casi a pulir una perfección en nomenclatura terrible, frases y párrafos, descripciones que nos hacen sentir ínfimos testigos del paso del tiempo), la mitología y la cosmogonía que nos ofrece el autor para atentar contra nuestra percepción y cordura. Es impecable la construcción, densa, retorcida, con visuales de lo onírico a lo lisérgico, aterrador e improbable. Dotada de una base que permite que esas ideas nefandas echen cimientos en nuestro razonamiento enraizado. Siempre que leamos y releamos atentos para no desviarnos del impío sendero.

Como dije y mantengo, es literatura para cafeteros del terror y del género lovecraftiano, que ostenten un alto dominio del lenguaje y quieran sumergirse en aguas de letras procelosas, en simbolismos que desafiaran su sentido lector. Y, como quizá defecto, aunque es buscado con intención por el perpetrador, le falta conflicto, oposición a la villanía, aunque la villanía proceda de espacios exteriores y recovecos inasequibles para el simple hombre, que solo puede admirarlo, entregarse, sacrificarse o rendirse ante un poder mayor e incomprensible. Con todo, añoro esa lucha innata en el ser humano imperfecto por revelarse ante lo imposible, sin ser desmérito.

Y alabo, para rematar esta crónica bendecida por el Divino Prodigio (espero…), ese panteón propio que ya ha creado y domina Francisco Javier, enriquecido al detalle y cuidado con mimo. Sin dudar que acaba y acabará formando un continuo con sus obras anteriores, de tono similar pero historias bien diferentes, aunque ahonden en miedos hermanos. Espero veamos el resurgir de muchas de estas entidades en sus próximos títulos hasta hacerse con el control de nuestras mentes, nuestros cuerpos y el mismo planeta, sin tener nosotros conciencia de ello. Porque la adoración no se exige, se regala a este culto ya devenido en realidad.

En resumen, hay que tener claro qué novela vas a leer cuando te enfrentas a un tratado como este. Si entras con conocimiento y devoción, serás bienvenido y bienhallado, y disfrutarás de extraviarte en la ensortijada monstruosidad de unas creencias que desafiarán todo lo aprehendido y heredado. Pero no quieras un deguste ligero, exigirá de ti tanto como te dará. He dicho.

Pd: en verdad, y lo confieso sin temor, que quiero seguir viajando por estos lares, que lleguen a nuestro tiempo y espacio… Quizá hasta desafiarlos…

2 comentarios

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Francisco Javier Olmedo Vázquez agosto 27, 2020 - 12:26 pm

¡Sin palabras me ha dejado Vd., mi admirado Román! ??? Que la dicha de la Alta Voluntad derive hacia tu bien otorgándote una justa penitencia.

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Román Sanz Mouta agosto 28, 2020 - 10:00 am

Siempre es un placer adentrarse y desentrañar sus oscuras y procelosas letras que llevan a los confines de la cordura.

Y no dudo que la Alta Voluntad, y toda entidad perniciosa, está tras mis pasos y bajo mi sombra, en vigilancia perpetua.

Siniestros abrazos.

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