Ritual Román XLII: Los últimos días de Jack Sparks

por Román Sanz Mouta

Título: Los últimos días de Jack Sparks

Autor: Jason Arnopp

Editorial: Obscura Editorial

Nº páginas: 368

Género: Terror

Precio: 20,90€

El controvertido periodista Jack Sparks, célebre por las novelas que publica sobre sus investigaciones, decide emprender un viaje para demostrar que lo sobrenatural no existe. Durante el proceso de documentación, su irrespetuosa actitud al presenciar un exorcismo desencadena una serie de fenómenos que cualquier mente escéptica y racional encontraría del todo inexplicables.
Pese a la avalancha mediática que envuelve a Sparks a partir de ese momento, nadie ha llegado a desvelar el misterio de lo sucedido tras el incidente. Hasta ahora.

 

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA VÍA REDES

El gancho de la historia, como no puede ser de otra manera, es el protagonista; Jack Sparks. Una suerte de seudo periodista con habilidades de buscavidas, capacidad de resistencia, suficiente verborrea para domeñar cualquier conversación y convencer o al menos manipular al más escéptico, y capaz de pasar por encima de cualquiera para sobrevivir. Para destacar.

Este personaje egoísta, ególatra y sociópata, que nos recuerda a algunos referentes literarios (aunque disfruta de personalidad propia), nos cuenta en su falsa primera persona el último de sus experimentos que derivará en novela, una más de su famosa serie de Jack Sparks haciendo lo más estúpido que se le ocurre e investigando y convocando a la polémica (sí, me he involucrado mucho con la novela). ¿Quizá estemos ante metaliteratura? Juzguen ustedes.

Aunque ya nos avisan de inicio sobre el mal término de la misma y de su antihéroe, nos sumergimos rápido de la mano de un reputado (para las masas, no para la crítica) escritor que ahora quiere desentrañar el esotérico mundo de los fantasmas, las apariciones, el demonio o los exorcismos. Un tema tan espinoso como tenues son sus fronteras. Con una premisa clara: su perspectiva es la única que le vale, desacreditar todo y a todos, demostrar la falsedad de la parapsicología y de aquellos que se benefician con ella. De la mano de su incredulidad acreditada que antepone a las pruebas o sospechas en determinados sucesos, decidimos confiar en su palabra, pese a las claras distorsiones, y a las notas al inicio y al final de cada capítulo que nos ofrecen caras B de las escenas ya narradas por Jack, con grandes y graves diferencias entre las versiones, las cuales no le dejan bien. No siempre que el narrador es ajeno o ajena (y de esta confrontación entre la imaginación del señor Sparks y la realidad de la perspectiva ajena eché en falta algo más de miga).

Él está en una misión, una empresa, una campaña sagrada por sí mismo y su legado perpetuo, por tener el dominio de la razón absoluta, por agradar y provocar a sus fans, por imponer su opinión incluso al creyente más necio y cándido. Lo necesita, saberse en el centro, ser el foco. Así se va enfrentando a la iglesia, a gurús de lo espiritual que luchan contra las malignas apariciones, y a grupos, cuasi de rock, que viven por y para estos espectáculos, eso sí, destinados más a las redes sociales y su influencia en ellas, los likes, visionados y demás, que al mismo fin de sus propósitos; experimentar, conocer, saber, respetar, descubrir, compartir, comunicar.

Eso a nadie interesa. Porque no hablamos de fe, debatimos sobre hechos puros, que pueden o no ser orquestados, teatralizados. 

A través de este viaje, el pobre Jack, con muchas reminiscencias también a esos viejos detectives del Pulp que se creen fuerzas imparables contra objetos inamovibles (me vienen a la cabeza personaje mitológicos del ocio como Han Solo), se va desentrañando como las capas de una cebolla podre, primero de cara al lector, con algún arranque de sinceridad creciente, como su retorno a las drogas, en caso que hubiere habido ausencia, o su amor no correspondido con Bex. Y después, una vez que la realidad va derrumbando sus barreras psicofísicas, además de su resistencia moral y obstinada por tener esa consabida razón, se desnuda para consigo mismo, reconociendo y reconociéndose cuando el viaje ha pasado del punto de no retorno, y solo existe una conclusión posible. Ese es el momento en que atisbamos sus traumas (el miedo como motor existencial), además de sus entrañas, que son muy parecidas a las que podíamos intuir.

Como digo, este periplo frenético entre espíritus, algunos de turbia y nefasta presencia a los que no querría conocer (y mira que yo voy buscando, al contrario que Jack, que me convenzan los hechos, no negarlos per se pese a tenerlos ante mí buscando mil y una justificaciones para por ello), se convierte en una espiral descendente hacia la locura, la degeneración y la preservación del único yo importante en toda la obra, tanto en el libro que redacta sobre lo sobrenatural, como la novela (de impecable manufactura de nuevo, cada edición es mejor) que tenemos entre las manos y no podemos dejar de devorar.

Esa primera persona narrativa y embustera convierte la degustación en ágil, con un ritmo que acelera en su parte final, las escenas en montañas rusas a las que apetece volver a subir, y los diferentes devenidos escenarios en inevitables fuentes de conflicto. Hay situaciones hilarantes, con buen uso del humor negro, acción macabra sin ahorrarse imaginación, y una trama cosida y descosida de forma notable para adentrarnos en este curioso personaje.

Jack Sparks es Jack Sparks, por Jack y para Jack. ¿Quién podría ser más importante? Y Jack merece que le partan la cara, pero nadie lo hace. Que le paren los pies, pero nadie se atreve. O quizá sí, y todo sea una mentira más, una cortina de humo que solo se desvela a medida que avances raudas sus páginas de intrigas y descubrimientos. Porque hay un punto en este egocéntrico ser que nos despertará un cariño residual, al menos, cuando no quieras matarle. O salvarlo. Y un punto de empatía para todos aquellos que pretendemos destilar seguridad en nosotros mismos, a veces sin los cimientos necesarios para ello.

Y el capítulo diecinueve, oh, qué maravilla del terror. Para atacar luego el desenlace. Me estremezco.   

En resumen, ácida comedia, terror sobrenatural intenso, suspense psicotrópico, y mucho amor, aunque fuere por uno mismo. Unos ingredientes que quizá no os digan nada, aunque deberían, pero que en la coctelera que ha preparado Jason Arnopp, funciona como un reloj del que no puedes alejarte hasta que cante su última hora. Atentos a las sorpresas…

Ven a saber cómo termina la historia y la existencia del bueno de Jack (ya es de la familia). Lo necesitarás a manera de aprendizaje vital. Y también sirve de estupendo entretenimiento, como nuevo clásico moderno.

Pd: recordad, las redes son lo peor, sacan el monstruo que lleváis dentro. Alejaos de ellas. Buscaos una vida de verdad. Pero entrad en mi web… Echad un ojo a mi perfil (penúltimas palabras) …

Pd II: ¿Será todo un engaño…?

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