El dulce líquido (Alicia Sánchez Martínez – InLimbo)

por José Luis Pascual

Título: El dulce líquido

Autor: Alicia Sánchez Martínez

Editorial: InLimbo

Nº de páginas: 164

Género: Relatos turbios

Precio: 15€

Ahora está delante de ella y no sabe qué hacer. La saluda con una voz que no parece suya y le entrega el mono de peluche, sin atreverse a acercarse demasiado, como si esa criatura monstruosa fuera a saltarle encima y destrozarle a dentelladas. Teresa no muestra una actitud agresiva, sino todo lo contrario. Lo mira como siempre lo ha hecho, con esos ojos de expresión inocente que tanto le conmovían.

Teresa acuna el peluche entre sus brazos, como si se tratara de un cachorro o de un bebé, y le canta una especie de nana en voz muy baja, apenas un susurro. Unas lágrimas densas como el aceite resbalan por la piel quemada de sus mejillas.

Desde la misma portada —las fotografías de Pilar Lozano para InLimbo tienen algo que hipnotiza y perturba—, El dulce líquido te atrae irremisiblemente hacia un pozo cuyas aguas te hacen cambiar. Cuando te sumerges en sus páginas, tu piel muda y se cae, convirtiéndote en un ser distinto que va dejando un rastro de sí mismo en el caminar por una ciudad cadáver. La urbe que inventa Alicia Sánchez Martínez tiene algo de infierno, pero también de purgatorio. El viaje a través de tales parajes te distorsiona, te rompe en pedazos que luego no reconocerás. Avisado quedas. Analicemos a continuación esta recopilación de relatos de lo inquiente. 

La transformación es el gran subtexto de Piel de sapo, fenomenal adaptación de un terror clásico —no dejamos de estar ante la sempiterna figura del monstruo— a formas actuales. Tanto en el fondo como en la forma, la autora elimina poco a poco la carcasa del monstruo, del diferente, del otro, para otorgarle un aire novedoso y reconfortante. Lo femenino también cobra importancia, pero es una feminidad privada, distinta, estimulante, que nace directa del apocalipsis para convertirse en la forma de vida dominante. Sutil y maravilloso relato, y qué personaje nos regala.

La viuda negra avanza con hechuras de obra larga, y posibilidades de extender sus patas hasta una historia mucho más desplegada. En formato relato este cuento, compresión de la clásica novela negra, puede ganar en potencia, pero quizá pierde al dejar a sus personajes como un mero esbozo. Quiero leer más de ese inspector rancio, de ese policía inexperto y obsesionado. Y, por supuesto, quiero leer más de esa viuda negra.

El caso contrario es El fruto de mi vientre, reversión de la clásica fábula (los nombres de capítulos nos dan la pista) que se adentra en toda una saga de personas en la, que, de una u otra manera, anida el mal. Alicia Sánchez se toma aquí el tiempo y espacio suficientes para detallar sus negros brochazos, otorgando una increíble tridimensionalidad a un cuento que al fondo nos pinta una ciudad de Barcelona tan oscura como los personajes que la pueblan. Es este relato uno de los múltiples núcleos de la antología, un núcleo palpitante de fuego, violencia y falta de amor. De represión familiar en su máximo esplendor, y de los instintos que nos acechan. Contundente y especial.

Cualquier atisbo de esperanza es destruido en Carne quemada. Otra vez la pausa inclemente para observar los destrozos de un accidente, de un abandono. Otra vez el salto hacia adelante, devastadora elipsis que nos sitúa en lo más profundo del pozo. Impactante historia por su descorazonador mensaje, que habla de muchas cosas al mismo tiempo. La fe, la inocencia, el amor, la ilusión. Y ante todo, como decía, su destrucción, una por una, sin compasión ni conmiseración. Cruel imagen bajo el cielo de una Barcelona, de nuevo, despiadada.

Qué primer párrafo, qué imagen para el recuerdo, qué manera de agarrar al lector tiene Las encantadas. Y qué cuento. Alicia Sánchez se transmuta aquí en un lugar, Montserrat, que va creciendo en el relato y en el personaje para meterse dentro de él, y de nosotros. El lugar que encanta, con su lado más oscuro y primordial. Lo brujeril subyace debajo y dentro de una historia aparentemente normal, que poco a poco muestra su auténtica naturaleza sombreada. Las nubes lo cubren todo de repente y te dejan en penumbra, pero has de saber adaptarte. Vertebral.

Y el final. Apoteósico relato, El dulce líquido es el cuento que a todos nos hubiera gustado escribir. Por su atención al detalle, por su cadencia, por su localización que retrata varios mundos tan contrastados, por su sutil y constante perturbación. La fatalidad, los fantasmas y la tragedia humana revolotean constantemente por el relato, revelándose en los momentos justos y persiguiéndose mutuamente, en una construcción ejemplar en todos los sentidos. Es uno de esos textos que te noquea sin darte la más mínima posibilidad de contraatacar. Así se desenvuelve la literatura de Alicia.

Como es habitual, prefiero no desvelar detalles de la trama de estos relatos, tan solo apuntar la genialidad de cada uno de ellos. Una vez más, tenemos ante nosotros una portentosa muestra de voz autoral que, sin renunciar a la sobriedad narrativa, articula una serie de historias que se te clavan muy profundo. Si hay justicia de algún tipo, el nombre de Alicia Sánchez Martínez (como el de Nerea Pallares) sonará muy alto en un futuro próximo. No dejen pasar este libro. 

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