Ritual Román 103: El demonio de Próspero

por Román Sanz Mouta

Título: El demonio de Próspero

Autor: K.J. Parker

Editorial: Red Key Books

Nº páginas: 96

Género: Humor y fantasía oscura

Precio: 14,95€ 

Los puede oler, sentir… cuando un demonio está cerca, no se le escapa nunca. Y si para expulsarlo del cuerpo que ha poseído tiene que sacrificar al huésped… bueno, eso no es problema. Este es el protagonista narrador de El demonio de Próspero, un exorcista tremendamente eficaz y sin demasiados escrúpulos.

Y sí, Próspero de Schanz es un filósofo, científico, artista… el hombre más sabio de todos los tiempos y se ha propuesto educar al recién nacido príncipe para que sea el mejor gobernante de la historia. Lástima que esté poseído por un demonio.

K. J. Parker nos invita en esta novela corta a dialogar con el demonio, a pensar sobre el bien y el mal, sobre qué es moral o amoral. Una novela que destila ironía, con varios niveles de lectura que deleitará al lector más exigente.

RITUAL

Me enfrento a una novela breve, sucinta, concisa, en la que casi todo se intuye y poco se muestra (lo digo como virtud), contado de forma dinámica pero resumida en fotogramas del pasado, momentos que aportan contexto al argumento principal para que conozcamos al protagonista, su génesis, su motivación, su empeño, su voluntad. Uno esperaría que, con el carisma indudable del personaje sumado a la fuerza y prepotencia de la que presume, viviésemos descripciones de batallas épicas, duelos Pulp con toques de Weird sobre sus hazañas cuasi contadas por juglar, enardecidas. Una leyenda viva que nos traslada a este presente en el cual él mismo se ocupa de contarnos su vicisitud actual, puede que el mayor de sus desafíos. Todo ello preso de la némesis que lo acompaña cerca y lejos, su mártir favorito, pues comparten ya excesivas experiencias en común. Eso lo impulsa a continuar.

Esta primera persona, que me recuerda a alguna obra de Clive Barker, es un cazademonios o exorcista (no tiene denominación su tarea) dotado con una locuacidad plena de cinismo que envuelve toda la prosa y cuyo verbo certero detalla el encuentro con Maese Próspero, genio de su época, quizá el mayor de los genios, descubriendo a su vez a la demonio que tiene poseído al erudito. Todo ello regado con pinceladas de su propio y siniestro pasado; escenas en el después y no en el durante para conocer las consecuencias que aportan ese contexto y entorno. Siempre consecuencias. Añadiendo, además, y lo repito como virtud pues resulta bien condensado, orígenes y características de esos demonios inmortales y la sociedad dedicada a erradicarlos en el peculiar mundo que habitan, que comparten. Una guerra perpetua por sacarlos del cuerpo de su anfitrión mortal (en la manera más dolorosa posible), para obligarlos a buscar otro recipiente, evitando el daño que hubiese provocado cual parásito, aunque eso suponga la muerte de dicho anfitrión. Todo por el bien mayor, aunque, en ocasiones, se deban tener en cuenta consideraciones mucho más pequeñas, humanas y mundanas.

El protagonista y su rivalidad enconada con la comentada némesis contrasta con los debates filosóficos propiciados en las citas con maese Próspero y la entidad que habita y convive en su interior, diálogos duales a cuatro voces. Esta criatura le provoca una contradicción, pese a no tener escrúpulos el cazador, sopesando sus opciones largo, ya como troupe de la corte, hasta que se decida a actuar, cosa que sabemos sucederá en la penúltima o última página del texto (pura intuición lectora que compartiréis al descubrir este estilo).

Pero también asistimos a una disquisición sobre el arte, las formas del arte, el arte como motor o inspiración para toda la humanidad. Entender que cualquier creación innovadora, cualquier proyecto majestuoso e improbable, es posible con talento, con vehemencia, con aprendizaje. Y sacrificio. Una disyuntiva que provoca saber lo que está detrás de ese arte (su núcleo), pues el arte es inmortal, y los demonios inmortales son inmortales (obvio). ¿Qué interesa más al hombre, a este hombre sagaz en concreto, a los humanos finitos que caducan su vida nada más nacer? En ese debate nos embarcaremos, visualizando las líneas maestras de la realidad.

El final es abrupto, interesado, consecuente, artero, ingenioso, malvado. Una obra fugaz y como tal se cuenta, así debe ser. Para leer y consumir del tirón, para reír y contagiarse de esta fábula, aunque nos quedemos con apetencia por saber más acerca de este protagonista y el mundo que vive y holla.

Poco más. Manuscrito breve, ritual en consonancia. Reitero, para leer de una sentada, asimilar y disfrutar de una historia bien construida y recomendada, en la que la relación del cazador con sus diferentes presas recurrentes es la clave.

A ello.

Pd: hay confesiones que me han arrancado la peor de las sonrisas…    

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