Los inamovibles (Gary J. Shipley)

por José Luis Pascual

Título: Los inamovibles

Autor: Gary J. Shipley

Editorial: Ediciones Holobionte

Nº de páginas: 160

Género: Horror surrealista

Precio: 18,25€

SINOPSIS

Los inamovibles narra lo que le sucede a una familia cuando uno de sus miembros aparece un día petrificado: una entidad que es a un mismo tiempo un cuerpo, una esperanza, una imposibilidad e incluso una fuente de nutrición. Bizarra y oscura, hipnótica y extrema, onírica y perturbadora, Los inamovibles ha sido definida como un «relato familiar sucio y surrealista» que también es un inteligente comentario sobre la irrupción de las tecnologías de comunicación en nuestras vidas; una transformación inexplicable (no se sabe si divina o infernal) que asalta nuestro mundo a través de los sentidos, el lenguaje y el cuerpo. 

Como ocurre con las grandes narraciones, Los inamovibles es una novela-portal a lo desconocido, una conexión que —como la época que nos ha tocado vivir— nos arroja a un estado perplejo e indefinido; un pasaje chamánico que revela formas impensadas y canaliza los cambios existenciales de la actualidad, perfilando un enigma para el que todavía no tenemos respuesta. Todo ello contado por una de las voces más salvajes y originales de la literatura inglesa reciente, con un estilo situado en un punto imposible entre Samuel Beckett y el body-horror, Eugène Ionesco y el gore-metalLa metamorfosis de KafkaCanino de Yorgos Lanthimos.

RESEÑA

Cuando la vida es lo extraño.

Se habla de lo extraño con ligereza. El género de terror y fantástico se han caracterizado desde siempre por la introducción de elementos imposibles o irracionales dentro de nuestro día a día. Este recurso es, no cabe duda, uno de los más utilizados por todo tipo de creadores cuya intención se base en generar incomodidad en el receptor, ya sea este lector, espectador u oyente. En literatura, estamos inmersos en una corriente que apela a lo estrambótico y a lo extravagante como medio para epatar. Es tal la aceptación del weird, que autores de «alta literatura» lo han fagocitado en sus propias obras. Sin embargo, nadie lo hace como el británico Gary J. Shipley. Créanme. Nadie escribe como Gary J. Shipley. 

La extrañeza lo abarca todo en Los inamovibles. La trama nos presenta a un hombre (el narrador) que, junto a sus dos hijos, han de lidiar con el cadáver de su mujer-madre en casa. El cadáver está bocabajo en el pasillo y nadie es capaz de moverlo. Con el paso de las horas y los días, asistimos a los cambios que se van produciendo en el cuerpo y en los propios personajes. Ellos lo detallan todo en un chat de internet llamado «Los inamovibles», donde una comunidad de usuarios comparten la misma experiencia.
Desde el lento pero continuado discurrir de la trama hasta el comportamiento de los personajes, el autor nos sitúa en un microuniverso cuya racionalidad es distinta a lo que conocemos. El término alienígena empasta bien con esta obra. Sin embargo, resulta curioso que algo tan chocante, tan poco común a nuestra cotidianidad, describa tan fielmente la naturaleza humana.

Mi hija empezó a rascarse los ojos y se quedó ciega durante una hora. Cuando recuperó la vista, dijo que había visto cosas que ya no estaban allí. Su calma al hablar nos indujo un estado muy cercano al pánico. Tratábamos de no imaginar qué era lo que había visto. Ella continuó rascándose hasta que prácticamente se destrozó los ojos. Una vez las costras cicatrizaron y se desprendieron, su vista volvió a ser normal. No hubo nuevos episodios de ceguera, pero ella lo recordaba con añoranza, porque lo que había visto era suyo, y porque su madre estaba allí y se movía.

Porque Shipley retrata a la perfección la alarmante poshumanidad que nos atenaza actualmente, basándose todo el tiempo en los apegos. Apego a las personas, de las que no somos capaces de separarnos para construir una identidad propia. Apego a las casas, a las que hemos convertido en templos esenciales que han pasado de ser nuestro decorado habitual a formar una parte intrínseca de nosotros mismos. Apego a la tecnología en forma de una adicción incontrolable e insostenible por las pantallas y los estímulos visuales y auditivos constantes. La naturaleza no existe en el cosmos de Los inamovibles, todo lo natural nace de nuestro interior.

Dentro del galopante surrealismo de la obra, el mazazo al modo de vida occidental es definitivo. El autor dibuja con pulcra exactitud nuestra relación con el entorno y, especialmente, con la tecnología que nos acompaña. Después, deforma ese dibujo a base de emborronar los trazos y los límites, de añadir luces imposibles y fantasmas, de jugar con las propias reglas literarias. 

«¿Cómo sabremos cuándo ha comenzado el fin?». La pregunta fue repetida tantas veces como quedó sin respuesta. En algún punto, en el futuro, estaría tentado de responder que el propio final ya había terminado. Pero ahora el ímpetu de seguir adelante era demasiado fuerte para hacer otra cosa que no fuera seguir avanzando y dejar que lo que había pasado se desangrara.

Este pasaje parece un mensaje con doble sentido. Es como si el autor nos dijera que el final de la novela ya ha sucedido y que lo demás es otra cosa. Está en la página 71, más o menos a la mitad del libro. Confieso que en ese punto me pregunté: «¿Cómo va a rellenar media novela más?». La sensación era de huida hacia adelante, de empezar a contar lo que nunca se cuenta. Narrar una elipsis. En cambio, Shipley otorga coherencia a lo incoherente y sigue explorando su mundo con un empeño admirable. A su manera, la novela nos habla de la familia, de la agorafobia postpandemia, del duelo, del individuo desnaturalizado, de la degradación, de la transformación. 

Técnicamente, la deriva de la novela tiende a representar algo tan complejo como la despersonalización. Una de las grandes virtudes de Shipley es lograr que el lector conciba cómo sería verse a través de los ojos de otros, que se imagine cómo lo perciben los demás, haciendo especial hincapié en un aspecto sensorial que va transformándose a medida que pasan las páginas. Páginas dispuestas siempre con párrafos separados, unas veces descriptivos y otras reflexivos, rayando a menudo en lo filosófico. Al final, lo que propone el autor es una suerte de manifiesto orgánico-inorgánico, una pastoral de lo que existe cuando los adjetivos se agotan, cuando el final se acaba, cuando los límites del universo son traspasados.

En el volumen se incluyen cuatro relatos breves adicionales, en los que Shipley despliega distintos vértices de su infecciosa voz narrativa. En ellos, el lector podrá encontrar frases absolutamente sublimes y una loable querencia hacia el desconcierto.
Debemos agradecer a Ediciones Holobionte la traducción (a cargo de Federico Fernández Giordano) y publicación de una obra tan arriesgada como esta. En una época tan plagada del modelo bestseller y la narración convencional, leer Los inamovibles es sumergirse en las aguas de un oasis. Eso sí, es un oasis alienígena en el que nada es como esperamos, en el que el agua ni siquiera es agua. Muy especial esta novela.

3 comentarios

Alvaro octubre 2, 2023 - 4:57 pm

Comparto en FB, muchas gracias por la reseña. Abrazos.

Responder
Daniel Aragonés octubre 2, 2023 - 5:43 pm

Ta sabes que soy fan del modelo extraterrestre. Ese giro a lo convencional. La vuelta de tuerca. Muy buena reseña.

Responder
José Luis Pascual octubre 4, 2023 - 8:41 am

Muchas gracias. Ya me dirás qué te parece la obra.

Responder

Deja un Comentario

También te puede gustar

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del usuario a través de su navegación. Si continúas navegando aceptas su uso. Aceptar Leer más