XX CLUB DE LECTURA DE TERROR: NOCTUARIO (Thomas Ligotti)

por José Luis Pascual

La vigésima edición de nuestro querido Club de Lectura tuvo una gran acogida desde que anunciamos que Noctuario sería la obra a leer. Lo cierto es que la antología de relatos de Thomas Ligotti ha suscitado un gran espectro de opiniones, que en buena parte han quedado polarizadas entre aquellos que han sido hechizados por la prosa del autor y los que, en cambio, no han podido entrar en ningún momento en el oscuro juego que plantea. Y eso, precisamente, es lo que más disfruto de esta iniciativa, la cantidad de diferentes sensaciones que despiertan ciertas obras en diferentes lectores.

A continuación, comprobaréis el abanico de opiniones a través de mi reseña y de las distintas impresiones de varios miembros del Club. Como novedad, al final de este artículo encontraréis el vídeo completo del debate en vivo que realizamos hace unos días y en el que compartimos más a fondo todo lo que nos ha sugerido esta colección de relatos.

Título: Noctuario

Autor: Thomas Ligotti

Editorial: Valdemar Gótica

Nº de páginas: 240

Género: Relatos de terror

«¿Quién conoce las intenciones del Creador? Lo que es idóneo para los planes humanos podría no serlo para los Suyos».
Demente velada de expiación. Thomas Ligotti
Me lo advirtieron, pero aún así no ha sido fácil. Thomas Ligotti ha supuesto uno de los mayores retos de la historia de este modesto Club de Lectura. Y no por el cripticismo que desprenden sus letras, ni por la querencia hacia un surrealismo onírico cada vez más despegado de la realidad. Ni siquiera por el confuso juego de referencias que atraviesa cada uno de los relatos, que a veces mutan hacia una forma común multirrelacionada y otras parecen languidecer en soledad. No. Lo más difícil de Noctuario, para este que escribe, ha sido lidiar con la profunda y abominable sensación de depresión y falta de esperanza en la que Ligotti parece sentirse tan cómodo. 
 
Mi primera experiencia con el escritor de Detroit arroja luces y sombras, algo perfectamente adecuado a un autor que, aunque admite ecos de voces pretéritas, no se parece demasiado a ningún otro. Hay de todo en Noctuario, como suele suceder en cualquier antología de relatos. Pero todo lo que desfila en estas páginas es oscuro, dudoso, evanescente.
Ya desde el primer relato, el fantástico La medusa, se adivina la intención disquisitoria de Ligotti, introduciendo conceptos filosóficos que embarran la historia para enmarcarla en parámetros diferenciadores. Sin embargo, en este cuento el autor parece tomarse la filosofía un poco a guasa, demostrando un cínico y ácido sentido del humor. Eso sí, a medida que avanza el relato todo va adquieriendo una cualidad inestable, volátil. Los pensamientos filosóficos de Dregler, el protagonista, se alternan con pasajes narrativos y se mezclan en un desenlace directamente sacado de alguna pesadilla en las horas más nocturnas del día. La reversión del mito de Medusa, en manos del escritor, tiene apariencia de sueño extraño, y me recuerda en algún sentido al cómic Los sucesos de la noche de David B., quizá un autor no muy obvio con el que emparentar a Ligotti. Es este texto una idónea prueba de selección, un filtro perfecto, que permite la entrada a aquellos que sientan sus virtudes, y recomienda abandonar a los incautos que buscaban otra cosa.
 
Conversaciones en una lengua muerta sí que resulta espeluznante. En este relato, Ligotti nos introduce en la mente de un personaje claramente perturbado. Aunque lo hace en tercera persona, nos pegamos tanto a él que parece hablar en primera en todo momento. La historia transcurre en una sucesión de fiestas de Halloween, y el autor demuestra un manejo extraordinario de dos aspectos: la elipsis aparentemente invisible, y la sugerencia. El paso de los años no parece tener lugar en el texto, aunque claramente se nos lleva a distintas ediciones de la festividad, lo que produce un efecto de confusión que nos remite indefectiblemente a las erróneas leyes que rigen en la cabeza del protagonista. Por otro lado, se sugieren algunas ideas muy perversas desde el mismo inicio, pero de una manera elegante y sutil. Descubrir que tales elucubraciones resultan ser ciertas es una de las mayores recompensas que da el relato. Magnífico.
 
El prodigio de los sueños tiene esa cualidad tan confusa, extraña, equivocada, del estilo de Ligotti. Aquí un hombre vislumbra ciertas señales de algo funesto, algo que está causando raros comportamientos en los animales, y quizá en las personas. El tono sobrio y casi científico del relato se funde con el extrañamiento, representado por una niebla profunda y unos cisnes que se mueven de una manera poco habitual. El texto denota cierta fascinación por la muerte por parte del protagonista, y Ligotti transforma esa pulsión en un elegante desvarío que podría admitir ecos tanto lovecraftianos como borgianos. 
 
El ángel de la señora Rinaldi puede llevar a error, pues durante la mayor parte del relato la naturaleza de los males del protagonista (víctima de una serie de sueños que amenazan su salud) parece ser puramente espiritual. Algo de ello hay, aunque en el desenlace Ligotti cambia el tercio para demostrar que este relato oculta más de lo que aparenta. Para disfrutarlo como es debido, hemos de prestar atención a la relación del niño protagonista con sus pesadillas, mucho menos natural o aconsejable de lo habitual. Curioso cuento.
 
No es difícil imaginar al mismísimo Howard Phillips Lovecraft como el protagonista de El Tsalal. La atracción irresistible hacia un volumen que parece tener entidad propia, así como ciertas referencias a una cosmogonía similar a la que desarrolló el de Providence, convierten a este relato en un homenaje —consciente o no— al horror cósmico. Eso sí, con raíces asentadas en la Tierra, aunque sea una Tierra distorsionada. Con El Tsalal, Ligotti incide de manera explícita en una de sus temáticas recurrentes: el tabú, o el morbo de lo prohibido. En este caso, las restricciones que conlleva la religión se transforman en fascinación por lo sacrílego e inclinación hacia la herejía suprema. Aunque tenemos una trama de fácil ligazón, de nuevo nos instalamos en la pura irrealidad, en esa ondulación imposible de nuestros conceptos establecidos. Posiblemente sea El Tsalal el verdadero corazón de Noctuario, tanto por su extensión como por su potente significado.
 
En Demente velada de expiación se nos desvela todo un tratado sobre la decadencia. La forma de este relato es muy sugerente, la de un científico desaparecido durante un año, que retorna para expresar en un teatro ciertas revelaciones que le han sido dadas. «¿Palabrería, conmoción o verdad?», se preguntan los asistentes a la representación del científico. El planteamiento de su tesis es, no puede negarse, cautivadora. Aunque, por supuesto, esconde una visión marcadamente opuesta a lo que entendemos como sagrado. Me parece un relato muy interesante, algo denso en ciertos tramos pero resonante en su pesimista mensaje.
 
El extraño diseño del maestro Rignolo es otro de mis relatos favoritos del volumen. Tanto por estructura como por contenido, este relato es justo lo que esperaba leer cuando me hablaron de las bondades de Ligotti. Tenemos aquí una historia difusa pero narrada de manera circular y con un narrador objetivo que por momentos se convierte en un descriptor de la realidad. Con ello el autor ata al lector en decorados reconocibles, tales como un parque con una mesa, una marisma llena de juncos o el interior de la casa de un pintor. Ahí introduce a dos personajes que hablan de cosas que no entendemos bien, y los involucra en una visita al hogar del pintor. En todo momento sabemos que hay algo que no se nos cuenta, y ahí es donde Ligotti entrelaza su red de desconcierto para anclar el relato en ese surrealismo inquietante que parece querer atacar a nuestro subconsciente. La interpretación, de haberla coherente, corresponde a cada lector, pero el camino hasta el punto final me ha parecido fascinante.
 
La voz en los huesos es uno de esos textos cuya alta carga simbólica parece conectar con relatos como el anterior o El Tsalal. Da la impresión de que el narrador es el mismo Ligotti en persona, y parece hablar de cómo se sumergió en la literatura extraña y oscura, de cómo esta le llamaba, con voces que a ratos se dirigen a él como «Señor Fracaso». ¿Metaliteratura? Puede ser.
 
«Uno puede estar solo en la casa y, sin embargo, no estar solo».
La Hacienda Espectral. Thomas Ligotti
 
“El repique de esas campanas en la montaña envuelta en niebla significa que el Maestro del Templo está muerto”.
Con esta tremenda frase arranca la tercera parte de Noctuario, formada por pequeños textos de apenas tres o cuatro páginas. En ellos el autor incide en la sensación difusa de irrealidad, en esa vaporosidad de una existencia incierta. «Todo parece estar al borde de revelar su irrealidad y de esfumarse entre las sombras», dice Ligotti en Nuevos rostros en la ciudad. Todo ello denota una pesimista visión del mundo por su parte, una falta de cimientos en el universo que obliga al ser humano a tambalearse con sus constantes vaivenes. Apenas hay nada a lo que aferrarse. Si a ello le añadimos el tono gótico que impregna textos como Otoñal, la huella de los relatos se transforma en una melancolía sombreada, inquietante.
 
La conexión entre textos también se revela evidente (o quizá sea una sensación errónea pero sutilmente buscada por Ligotti) en cuentos como Lo desconocido, que parece remitir directamente a un pasaje de La medusa (entendemos que el protagonista ha entrado en una librería, y que allí encuentra su hogar y su fuente de castigo eterno). Cuentos como El horror sin nombre actualizan el gótico clásico para acercarse nuevamente a El Tsalal con acierto e impacto, mientras que La carrera de pesadillas es la descripción en tono académico de un mal sueño.
El hombre demonio incide en las pesadillas, pero Ligotti sabe otorgarle un final impactante. 
Lo cierto es que en muchos de estos microrrelatos Ligotti parece escupir ideas y pensamientos apenas esbozados, que se revelan reflejos fugaces que se desarrollan en algunos de los relatos largos precedentes. Sin embargo, no hay que restar mérito al formato, ya que el poder sugestionador sobre el lector se mantiene intacto. No puede evitarse cierta impronta de tratarse de textos a medio hacer, ideas lanzadas al espacio con la intención de encontrar un hogar donde crecer.
 
El último cuento del volumen, El orden de la ilusión, es uno de los mejores relatos de todo el libro, y  bien puede constituir un perfecto resumen del estilo e intenciones de Thomas Ligotti. Las reflexiones sobre la naturaleza sagrada o miserable de las cosas quedan aquí aderezadas por un significado más palpable que en otros relatos, regalándonos con ello un fin de fiesta para el recuerdo. 
 
No quiero terminar sin recomendar el prólogo de Jesús Palacios, interesante para poner definición a la moderna ficción weird, tan alejada de una intención bestseller y más preocupada por horadar nuevos caminos en la literatura de horror. Quizá los caminos que explora Ligotti escapen incluso a tal catalogación, convirtiéndose en un impagable —y a ratos intransitable— nuevo e inclasificable mundo. 

Los miembros del club hablan:

Definitivamente Ligotti no es para mí.
Ya desde el comienzo no entendí que, al menos la edición que leí, incluyera dos prólogos (que por cierto no me gustaron) y que se llevan un 10% de páginas del libro.
A partir de ahí, relatos pesados, repetitivos, con una profundidad premeditada y hasta diría que pretenciosa. Creo que empiezo a odiar la palabra “oscuridad” por las infinitas veces que aparece en todos los textos.
La espesura que plantea Ligotti me engulló y no me permitió moverme a gusto por sus páginas.
Hasta la fecha nunca he abandonado un libro a la mitad, pero Noctuario hizo que me lo plantease.
Dicho esto me alegro de haberlo terminado para poder expresarme sobre él, y también he de decir que algún relato como La medusa me pareció interesante, incluso dos o tres de los últimos y brevísimos me dejaron buen sabor.
Más allá de eso, mi sensación general: Sopor infranqueable.

Juan Carlos Pascual

Hay un par de caminos, a mi modo de ver, que está tomando el género de lo siniestro (o puede tomar) que son de lo más interesantes y tal que amplían y recorren nuevos modos de expresión terrorífica. Y sin enrollarme demasiado comentaré:
Por un lado, el terror “surrealista”, por darle un nombre que me saco de la chistera pero que sirve como guía, es un acercamiento muy personal, onírico y hasta bizarro de este nuestro género tan machacado. Un ejemplo de libro de este estilo sería Un lugar mejor del escritor Michael Wehunt, que gustosamente nos sirvió la editorial Dilatando Mentes.
Y el segundo camino en cuestión sería el terror “ontológico” o más “filosófico”, que si bien es cierto tiene su base en escritores pulp como Lovecraft o Machen (por citar solo unos), con Thomas Ligotti parece haber encontrado su nivel de perfeccionamiento y consolidación. El pesimismo cósmico de H.P. Lovecraft y la prosa de Poe, evolucionan hacia adentro encontrando en el vacío del ser humano un motivo para experimentar el más absoluto horror.
Ligotti es la evolución de un género que amenazaba con anclarse. Una de muchas, ojo, pero una con fuertes pilares, como (esperemos) el horror “surrealista” antes mencionado también. Entrar a leer a Ligotti es ampliar miras, experimentar terrores interiores y exteriores desde un cierto grado de “miedo” a que nos pueda influenciar con su mensaje pesimista, personal y estremecedor.
Que se hable tanto de este escritor de un tiempo a esta parte es un hecho más que significativo, que no hay que dejar pasar, por la calidad de sus textos e intenciones.
El terror se abre camino.

Asen Ahab

La edición del Noctuario de Ligotti de Valdemar viene precedida por un prólogo muy inteligente de Jesús Palacios, en el que consigue materializar algunos de los presentimientos que nos despierta su lectura: se trata de sospechas veladas y conjeturas amorfas con las que evitas enfrentarte mientras avanzas por el libro, pero que están ahí, agazapadas tras las páginas con una mirada hueca puesta en ti.
Estas intuiciones inefables provienen de la catarata de pensamientos que siempre me provoca la lectura de Ligotti. Me obliga a reaccionar a cada frase, a cuestionarme no solo la obra, sino al propio autor: pese a la prosa pretendidamente abstracta, tanto su estilo como las emociones que despierta provocan una desasosegante sensación de realidad que proviene de una decidida vocación por el materialismo exacerbado. No es una lectura fácil ni divertida. Por eso el prólogo de Jesús Palacios resulta fundamental, en su precisa y enriquecedora interpretación de obra, autor y personaje.
Tras el texto de Palacios se ha incluido, a modo de introducción, un breve ensayo del propio Ligotti llamado En la noche, en la oscuridad, que nos proporciona una mirada privilegiada, aunque breve, a su concepción de Lo Extraño.
Personalmente, he leído el libro como una sucesión de lentas pesadillas o, mejor, de sueños febriles, proyectados sobre una delicada lámina de irrealidad que podría romperse en cualquier momento y desvelar el horror muy real que acecha detrás.
Casi todos los relatos que componen esta antología están recorridos por esa amenaza subterránea de algo devastador que solo se intuye. La Medusa me parece un comienzo perfecto, porque pone las cartas sobre la mesa con mucho estilo. Conversaciones en una lengua muerta es sin duda uno de mis preferidos, perverso y desasosegante. El Tsalal me parece una obra maestra del lenguaje que contiene la prosa más bella, onírica y desoladora del volumen. La voz en los huesos es otra de mis historias preferidas, una pesadilla kafkiana llena de sugerencias cuyo final me ha hecho recordar los relatos más desesperados de Edgar Allan Poe; en ella el autor retuerce y moldea el lenguaje a su antojo intentando plasmar sensaciones irreales pero muy concretas, en esa búsqueda constante para expresar lo inexpresable que tanto le caracteriza, y que me remite inevitablemente a Lovecraft.
Lo he ido consumiendo lentamente, en pequeños sorbos, como un licor denso y peligroso, o como un menú degustación de terror amargo para paladares extraños.

Bernard J. Leman

Noctuario es una colección de relatos cortos estructurada en tres partes. Su prosa es exquisita y su lectura demandante. Nos exige dedicación sin distracciones para que su veneno nos haga efecto. Una toxina intelectual compuesta de nihilismo a raudales. No debemos oponer resistencia a su propuesta sino jugar a su juego, no al que nosotros queremos jugar.
Terror, sí y no. Es más el desasosiego y la obsesión lo que se presenta ante nosotros. Mientras que en un veneno una neurotoxina podría desencadenar un paro cardiaco y -como consecuencia- la muerte, en la obra de Ligotti es la inquietud de una amenaza la que a menudo nos lleva a la locura; la consecuencia no es la muerte sino el terror.
El disfraz del verdugo cambia en cada relato. Puede ser algo impreciso, mitológico, patológico, hipotético o tangible. Da igual, es el autor siempre el que se expresa a traves de esta receta y más su voz que su mensaje el que trasciende a la historia. Por lo tanto, lo que tenemos entre manos no es el tipo de material que desarrolla una historia adaptable a un posible taquillazo en el cine, es solo un artista que se expresa a través de su idioma-arte, nada más. Ni nada menos, pues es sin duda una de las voces más originales de la literatura contemporánea. Aunque resulte extraño en este medio esta denominación, podríamos convenir en llamarla “literatura de autor”.

Caro Tikka

Intentar hacer una crítica precisa de Noctuario: relatos extraños y terroríficos es como ser el protagonista de uno de estos relatos y querer comprender lo que sucede a tu alrededor. Como en esos mundos en los que te sumerge, donde es difícil distinguir entre realidad y sueño, y entre el mundo cotidiano y el de la desconocida oscuridad, definir hasta dónde te gusta Thomas Ligotti o en qué punto te ha dejado de gustar, resulta una tarea complicada. Porque, aunque la experiencia final es bastante positiva, no está exenta de cierto hastío provocado principalmente poe lo reiterativo de casi todas sus propuestas. Esto último no tiene que ser algo necesariamente negativo, ya que, en conjunto, acabas percibiendo que todo parece girar dentro de un mismo universo oscuro, pero puede resultar agotador a ratos, sobre todo en su tramo final, donde relatos excesivamente cortos y entregados en batería empañan una lectura que en definitiva es muy satisfactoria, por lo desasosegante, sorprendente, original y terrorífico de sus historias. A destacar, sobre todo, El Tsalal, Conversaciones en una lengua muerta y La voz en los huesos.

Jota García

Hay algunas cosas que están muy presentes en cada uno de estos relatos. Pues, conforme uno se va adentrando en ellos, el lector se dará cuenta de que, en algún punto del cuento, se menciona la oscuridad, casi siempre como un atmósfera tangible que se relaciona bastante con lo que conforma al personaje de manera psíquica, como sus sueños o su forma de pensamiento, y también se relaciona de manera emocional, a través del miedo y otras sensaciones semejantes.
Thomas Ligotti, en ocasiones, plasma una filosofía, o más bien, algo que crea una filosofía entre el personaje y los sucesos estrafalarios que suceden dentro de aquel contexto en donde se presenta la oscuridad. Esto lo hace por medio de acciones y acontecimientos que son narrados de una manera que parece ser metafórica, volviendo su textos como algo único, y a veces, difícil de entender.
De este modo, Thomas Ligotti nos adentra en sus atmósferas oscuras, en donde reina lo extraño y lo fascinante, narrado a través de metáforas, y plasmando una filosofía propia del autor. Una gran obra literaria del terror contemporáneo. 

Gusano Perverso

Para concluir, os dejamos con el debate que realizamos en directo el día 2 de Julio, en el que Jota García, Bernard J. Leman y un servidor charlamos sobre Noctuario. Espero que os guste.

2 comentarios

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alvaro julio 10, 2020 - 11:35 am

Noctuario y Grimscribe, son fabulosos. Obras maestras. Pero donde TL da el do de pecho es en “teatro grottesco”, especialmente en sus dos últimas secuencias ” en una ciudad extraña, en una tierra extraña” (hablo de memoria) y sobre todo en los últimos 5 relatos, de “teatro grotesco” al final. Ahí retuerce las palabras e hibrida la condición de artista, la enfermedad intestinal y el horror existencial hasta empapar de elástica negrura al lector. Hay 3 relatos, en esa última secuencia: Teatro grotesco, severini y la sombra, la oscuridad que son “Planetas de Terror Filosófico”. Muy especialmente el último, que contiene, además, una referencia al Tsalal. En este cuento, TL saca al mundo, y al lector, de su eje. Literalmente. Acabas el cuento, y todo, todo, pensamiento, materia, alma, imagen, personas ha quedado convertido en espaguetis negros que se retuercen y generan nuevos espaguetis de viscosa negrura. Un genio. Este último libro es la cima de un genio tenebroso.

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José Luis Pascual julio 10, 2020 - 11:48 am

Me apunto muy fuerte “Teatro Grotesco” después de leer tus palabras. A ver si así me quita el sabor un tanto agridulce de Noctuario.

Muchas gracias por tu comentario, Álvaro. Un saludo.

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