Semana de los bosques: House of sweets

por José Luis Pascual

Título: House of sweets

Guion: Fraser Campbell

Dibujo y color: Iain Laurie

Editorial: Cabal Comics

Precio: £4 / £0,99 (digital)

Aún existen autores que se resisten a mirar las cosas del mismo modo que los demás, que labran su camino con un esfuerzo que resuta doble. Por un lado, basan su arte en contar historias bajo preceptos arriesgados que hurgan en la experimentación, tratando de huir de cualquier expectativa prefijada por parte del lector. Por otro, afirman su compromiso a través de una narrativa nueva o al menos poco explotada, que intenta llegar a su público atrapándolo con la sorpresa como principal arma, a la que a menudo añaden la extrañeza. Son autores que apuestan fuerte, que creen en el poder de sus propuestas y en que hay un sector de lectores que encontrarán recompensas en sus obras. Esta reseña está dedicada a todos esos creadores, porque hoy día son más necesarios que nunca. 

House of sweets cumple con las normas convencionales durante un pequeño puñado de viñetas, para después hacerlas trizas y mostrar su auténtica cara. Dos hermanos, hombre y mujer, caminan por una zona montañosa buscando la cabaña en la que pasaron muchas primaveras en su infancia. Él es escritor, y acude al lugar buscando el empujón definitivo que le permita terminar su nueva novela. Ella está inmersa en una relación complicada con otra mujer, y quiere aprovechar el viaje para aclarar sus ideas. Al llegar allí, ambos empezarán a recordar ciertos eventos traumáticos que tuvieron lugar muchos años atrás. 

La premisa puede sonar a cliché, pero puedo asegurar que el desarrollo de la historia no lo es. Lo que hacen Fraser Campbell e Iain Laurie (el mismo equipo creativo de The Edge Off, cómic que recomendé aquí) es transformar el típico planteamiento de “cabaña en el bosque” en algo oscuro y terrorífico que anida escondido en el subconsciente de los personajes, y que emerge de manera horrible. House of sweets pertenece a ese tipo de obras que hacen suyo el sentido de irrealidad y que consiguen trasladar un marcado tono de pesadilla, y no me refiero a la clásica historia de terror sino a la plasmación de una pesadilla real, bajo los códigos inconexos y surrealistas de lo onírico. Estamos ante un macabro cuento de horror que hurga en los mismos códigos que instauraron obras como la maravillosa And then Emily was gone (donde el propio Iain Laurie daba toda una lección magistral de cómo dibujar sueños aterradores) o Quilte, y que ataca directamente a ese subconsciente que pertenece a mundos irreales pero reconocibles. 

Así, guion y dibujo se retroalimentan para narrar en claves especiales, dando la información justa al lector y basando su poder sugestivo en la conjunción de ideas siniestras e imágenes impactantes. Tal vez sea esa su gran virtud, la sugerencia, aunque no cabe duda de que en las apenas 35 páginas en que se desarrolla la historia se encuentra todo lo necesario para la completa comprensión global de su trama. 

Siendo este un cómic creado tan intencionalmente para que todos sus apartados se amalgamen en uno solo, me parecería injusto destacar algún aspecto sobre los demás, pero no puedo evitar caer rendido una vez más ante el talento de Iain Laurie para trasladar al papel sensaciones y estampas sacadas de los peores sueños. Su estilo feísta, que recuerda al del Jeff Lemire dibujante, puede espantar a algunos puristas, pero más allá de gustos estamos ante un portentoso trabajo de contención y exposición al mismo tiempo, así como de narrativa conscientemente desordenada para exigir un esfuerzo al lector. Y las viñetas potentes explotan para quedarse en nuestros cerebros. Sencillamente grandioso.

 

 

Espero haber dejado claro mi entusiasmo. House of sweets no es un cómic fácil ni dirigido a lectores habituados a historias lineales; aquí jugamos bajo normas distintas. Su manera de abordar líneas creadas de antemano y retorcerlas hasta hacerlas irreconocibles bien merece un aplauso y una lectura (o varias, ya que este tipo de obras siempre se presta a la relectura). Si el cine o la literatura cuentan con autores (pocos, pero los hay) que subvierten los géneros ampliando espectros, también hemos de reconocer esta labor en el mundo del cómic. Qué quieren que les diga, yo me posiciono siempre al lado de este tipo de creadores que juegan en otro nivel para nuestro gozo lector. Quiero más. 

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