El Centinela: Conan Doyle y la parapsicología

por C. G. Demian

En una caja encontramos un ectoplasma y un álbum lleno de fotografías de espíritus, guardados junto a los informes sobre el Poltergeist de Enfield y la Rectoría de Borley. Este es el legado de Arthur Conan Doyle en la Sociedad para la Investigación Psíquica de la Biblioteca de la Universidad de Cambridge. Conan Doyle estudió medicina, aunque tuvo mucho más éxito como escritor de novelas históricas y de misterio. Con este perfil cualquiera se aventuraría a calificarlo de persona racional y poco amigo de la superchería. Sin embargo, algunas veces, las apariencias engañan.

La Gran Guerra había terminado y Europa estaba sembrada de cadáveres. Muchas familias habían perdido algún ser querido en mitad de una batalla, a cientos o miles de quilómetros de sus casas, sin poder despedirse. Doyle era una de esas personas. Su hijo había muerto combatiendo en el frente.

El deseo de contactar una última vez con sus familiares, de zanjar el luto con una despedida, supuso un gran impulso para el espiritismo. Hablar con fantasmas estaba de moda. Rara era la fiesta o reunión en la que no se desarrollaba una sesión a través de los poderes de un médium. Y con esta coyuntura social, Sir Conan Doyle, ya de por sí interesado en los temas esotéricos, se zambulló de lleno en este mundo plagado de farsantes para hablar una última vez con su hijo fallecido.

El 21 de marzo de 1919, un comité formado por una vizcondesa, un lector de mentes, un detective de Scotland Yard, un forense y Conan Doyle se reunieron en un pequeño piso de Bloomsbury, Londres.

La mujer que entró en la sala llevaba un velo que ocultaba la mitad inferior de su rostro. Comenzó con una sesión de espiritismo que incluía una demostración de clarividencia. Cada uno de los miembros del comité había recibido instrucciones de llevar un pequeño objeto personal o una carta escrita. Antes de que llegara la médium, todos los objetos se colocaron en una bolsa, que se cerró con llave dentro de una caja. La médium sostuvo la caja cerrada en su regazo y, mientras el comité la observaba atentamente, procedió no solo a nombrar los objetos que había dentro, sino a describirlos con todo lujo de detalles. Adivinó que uno de los objetos era un anillo perteneciente al hijo fallecido del investigador paranormal, e incluso leyó la inscripción descolorida.

A continuación, se produjo la materialización de un espíritu. Los miembros del comité ataron a la médium a su silla y las luces de la sala se atenuaron. La médium pareció entrar en trance y una niebla luminosa surgió detrás de ella. Uno de los miembros del comité afirmó más tarde que la niebla tenía la forma de una anciana. La figura se desplazó por la habitación, pareciendo pasar directamente a través de la médium, antes de evaporarse en la pared opuesta.

«He pasado años actuando con falsos médiums por todo el mundo para refutar el espiritismo», declaró su anfitrión. «Ahora, por fin, he dado con una médium auténtica».

Después de la muerte de su primera mujer por tuberculosis, Conan Doyle se casó nuevamente en 1907 con Jean Elisabeth Leckie, que fue una médium convencida y que actuó como tal hasta su muerte en 1940.

En 1920, Doyle conoció a Harry Houdini. Profesaba por él gran admiración, pues consideraba que Houdini realmente poseía poderes mágicos. El mago, que era un incrédulo redomado, trató de explicarle muchas veces que sus proezas eran solo trucos y artimañas. Pero esto no sirvió para que Doyle cambiara de opinión. Para el escritor, Houdini era un mago con mayúsculas. No obstante, la incapacidad de Houdini para convencer a Doyle de que no poseía poderes mágicos provocó una fractura en la relación, agravada por su desacuerdo en otros casos.

Arthur Conan Doyle y Harry Houdini

La madre de Harry Houdini había fallecido en 1913, y el mago había estado muy apegado a ella. Durante una visita de este a Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes le ofreció realizar una sesión de espiritismo para contactar con la fallecida. Houdini aceptó, quizás la esperanza de hablar una última vez con su madre le crease alguna duda sobre la veracidad de los poderes de la esposa de Doyle. Durante la sesión, Jean Leckie cayó en trance y contactó con la madre del mago. Comenzó a balbucear algunas palabras y a escribir automáticamente en unas hojas. Houdini, atónito, observaba lo que estaba sucediendo y pidió a Jean que preguntara una serie de cosas al supuesto espíritu de su madre. Cuando Jean le transmitió el mensaje a Houdini, este le preguntó en qué idioma le había hablado su madre. «En inglés, por supuesto», respondió la espiritista. La respuesta enfadó mucho a Houdini. Su madre era húngara y no sabía una palabra de inglés. La madre del mago tampoco recordó que precisamente aquel día era el cumpleaños de Houdini.

Este último desacuerdo terminó de romper la relación entre Doyle y Houdini, y convenció al mago de que debía emprender una cruzada para destapar a los estafadores que se hacían pasar por espiritistas.

El espiritismo se basaba en la idea de que el ser humano está compuesto por una parte física y otra espiritual; esta última podría sobrevivir a la muerte del cuerpo, prolongando la existencia de este elemento. Los médiums trataron de ponerse en contacto con los espíritus de los muertos para obtener noticias de la otra vida y, posiblemente, del futuro, pero también recurrieron a los espíritus para realizar hazañas imposibles sin su ayuda.

Consideraban que no todos los espíritus son fantasmas de personas muertas; algunos serían entes de lugares o fuerzas más abstractas. Los malos espíritus también podrían habitar en los vivos, lo que planteaba la posibilidad de que algunas formas de enfermedad mental fueran causadas por la posesión. Conan Doyle se interesó por el espiritismo en la década de 1880, luego disminuyó su interés durante una o dos décadas. Fue miembro del Ghost Club y de la Society for Psychical Research, que todavía existen. Esta última se describe a sí misma como la «primera sociedad que llevó a cabo una investigación académica organizada sobre las experiencias humanas que desafiaban los modelos científicos contemporáneos».

La posición de Houdini era compleja e interesante. El mayor ilusionista del siglo pasado se convirtió en el gran desacreditador de las ilusiones. Houdini se empeñó en destacar la habilidad y la fuerza física que constituían la base de su acto y en revelar los trucos empleados por otros, muchos de los cuales afirmaban no ser embaucadores. El propio Houdini se convirtió en objeto de creación de mitos, ya que algunos consideraban que tenía poderes chamánicos; y Conan Doyle no era el único que consideraba que Houdini era un mago.

Los desacuerdos entre Houdini y Doyle giraban en torno a varias cuestiones. En primer lugar, la cuestión de las pruebas y de cómo diferentes personas se mostraban convencidas o escépticas ante exactamente el mismo conjunto de acontecimientos. También había temas más profundos, relativos a la naturaleza del ser y la realidad en general. ¿Las personas se dividen en cuerpo y espíritu, y este último sobrevive a la muerte del cuerpo? A medida que crecía el escepticismo sobre las creencias religiosas, también lo hacían las dudas sobre la vida después de la muerte.

Las nociones de reinos ocultos se volvieron importantes tanto para una psicología emergente, en la idea del inconsciente de Freud, como para la no menos ascendente mecánica cuántica. En caso de existir, los espíritus tendrían que habitar en algún reino más allá de la realidad cotidiana, lo que implica que podría haber una serie de mundos paralelos, con posible comunicación entre ellos en determinadas circunstancias. Además, es posible que quienes habitasen en otros reinos tuvieran conocimientos sobre nuestro mundo que nosotros no tenemos: ¿serían los espíritus capaces de ver el futuro?, por ejemplo.

En enero de 1930, Conan Doyle escribió una carta de renuncia a la SPR. Lo que más le molestaba era lo que él veía como un enfoque cada vez más escéptico de la investigación del SPR en general. Escribió en su renuncia que «las afirmaciones de los oponentes del espiritismo se aceptan de inmediato por su valor nominal sin el menor intento de examen discriminatorio». Para Conan Doyle, la SPR solo trabajaba para refutar y negar, sin tomar en consideración la posibilidad de que los acontecimientos espiritistas fueran reales.

«Mi único recurso es, después de treinta y seis años de paciencia, renunciar a mi propia membresía y hacer algún tipo de protesta pública contra el trabajo esencialmente anticientífico y sesgado de una Sociedad que durante toda una generación no ha producido ningún trabajo constructivo de tipo alguno, sino que ha confinado sus energías a la tergiversación y el obstáculo de aquellos que realmente han trabajado en el problema más importante jamás presentado a la humanidad.

Atentamente,

Arthur Conan Doyle»

Doyle murió el 7 de julio de 1930 durante una de sus giras en defensa del espiritismo. Murió convencido de que estos sucesos eran reales, incluidas unas fotografías conocidas como Hadas de Cottingley, en las que se ve a dos niñas en un jardín acompañadas por un grupo de hadas.

Aunque los espiritistas reconocían que las fotografías podían ser falsas, esperaban que, controlando estrictamente el proceso de toma y revelado de las mismas, se pudiera descartar científicamente el engaño. El argumento era similar a la máxima de Holmes: «Cuando has eliminado todo lo que es imposible, entonces lo que queda, por improbable que sea, debe ser la verdad».

Frances Griffiths y Elsie Wright —las niñas de las fotografías—, reconocieron años después de la muerte del escritor que todo había sido una broma que prepararon para el buen doctor.

Después de la muerte de su marido, Jean declaró haber recibido mensajes de su difunto esposo. En 1936 se le detectó un cáncer que terminaría con su vida. Después de su muerte, algunos miembros de su familia dijeron haber sido contactados por el espíritu de la espiritista.

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