XXVIII Club de Lectura de Terror: T.ERRORES (Varios Autores)

por José Luis Pascual

La lectura de nuestra antología T.ERRORES ha resultado una experiencia intensa, enriquecida por la interacción con KATTY Cool, con quien organizamos la lectura conjunta en su canal de Discord. Los 24 relatos incluidos han dado para mucho, generando debate alrededor de tantos y tantos puntos de vista sobre el género de terror.  

La reseña, esta vez, viene firmada por Román Sanz Mouta, que volvió a leer la antología y a escribir sobre ella. Al final, incluimos un par de opiniones de miembros del Club así como el vídeo del debate que le dedicamos a la obra, que como siempre viene acompañado de una fantástica sección de recomendaciones. Espero que os guste.

Por Román Sanz Mouta

Retomo el ritual de T.Errores aprovechando su publicación física, en una edición ilustrada, con algún relato añadido, y dando contexto tangible a este maravilloso proyecto auspiciado por José Luis Pascual, y nuestro hogar que supone Dentro del Monolito.

La idea original era proponer un reto, que los autores salgamos de las zonas de confort del género de terror (literatura con mayúsculas) para crear no solo nuevos miedos, sino también novedosas fórmulas con las que perturbar las inquietas psiques de los aficionados. Para ello, en su edición primigenia (ya esperamos esos Bosques), se dividió en dos tomos, el primero con relatos regidos por premisas, formas y fondos más normales, el segundo, de innovación y totalmente experimental, generando dichos nuevos mecanismos para alcanzar más altas cotas. Porque, ¿cómo se provoca la inquietud a través de meras palabras? Planteamos una pregunta que debe llevarnos hasta la revolución, y no hay mejor camino para la (r)evolución de la literatura que el relato; piezas cortas que deben provocar, desafiar, angustiar, ilusionar, contagiar, enamorar, fabular y desquiciar. Es imposible apoyarse en sustos o efectos visuales y sonoros a través de las páginas (aunque hay modos para ello, sutiles, desde luego). La idea es otra, ir gestionando una sensación ominosa a fuego lento, apostar por los nuevos miedos implantados en el presente de la sociedad, sin dejar de lado esas fobias antiguas, combinar las grandes voces de maestros con un estilo en constante movimiento, y mantener la tensión arrítmica, siempre en progresión creciente (hasta disparar metafóricamente en la sien del lector). Cada cual es poseedor y depositario de sus propios miedos, que malbien llevamos tal que podemos, pero descubrir uno diferente, algo que no sabíamos podía llegar a obsesionarnos, supone una maravilla. En este tomo, de tamaño ciclópeo y multiplicidad diversa de escritores y escritoras, podréis encontrar veinticuatro cuentos que producen incordura (junto con dos prólogos de exquisita firma, gracias a Amparo y a Daniel), que van a quedarse con vosotros una vez que cerréis el libro. Que aspiran para haceros desear lugares seguros, sitios iluminados, universos más grandes, refugios impenetrables. Que generarán desconfianza por la rutina, lo conocido, lo que dábamos por fiable. La alteración puede sorprender en cualquier momento o lugar, y la sugestión es el más terrible de los enemigos. Pasemos al desglose, pieza por pieza:

 

TERRORES

  • Motuo, por L.M. Mateo: el cuento de un niño con justificado miedo a la oscuridad de su casa, porque sabe que alberga monstruos que temen a la luz. Uno en especial peor que todos los demás. Quien anhela al pequeño. Tremendo el esfuerzo y valor de ese niño para enfrentarse a ellos, perder el miedo y no preocupar a su madre. Porque ya es mayor con sus 4 años. Y tiene un plan… Un texto tan bien hilado como estremecedor, que te pone en la piel del crío para que puedas compartir sus terrores e ilusiones, su coraje. El cierre despedaza, y me ha dejado marcado.

  • El matadero, de Luis Gómez García: el trauma infantil de un personaje para con el matón del colegio, y cómo ese trauma le acompaña durante toda su vida adulta, con el aliciente que el hermano del acosador es su mejor amigo. Pero todos esos sentimientos acabarán por explotar… Una narración rica en matices, que nos lleva desde ese resentimiento justo a un plano totalmente diferente. ¿Qué guarda el matadero? ¿Qué te puede hacer?

  • La luminaria, por Érica Couto-Ferreira: un anciano recluido e incapacitado asiste a la aparición de un joven cura que altera la vida en la residencia por su efecto en las mujeres, del que disfruta él y ellas. Pero su cometido es bien diferente… Un relato descarnado sobre la triste realidad de nuestros mayores, olvidados y abandonados, narrado con una prosa casi poética y rítmica que convierte el terrible final en un susurro al merced de las olas y el tiempo.

  • Mulher Jaqueira, de Diego Chozas Ruiz-Belloso: en lo profundo de la selva todavía quedan tribus desconocidas y, dentro de ellas, criaturas marginales que quieren y deben vivir en soledad. Una intrusión exterior con ánimo de ayuda rompe ese precinto, lo que causará mucho dolor… Un cuento narrado dentro del relato, formato siempre agradecido, que además posee grandes descripciones y un crescendo que narra parte de la vida de tan misteriosa y maldita (para ojos ajenos) mujer.

  • Háriel, por Nohemí Abad Jiménez: Háriel corre y corre para salvaguardar la última esperanza de su pacifica raza, que ha sido atacada hasta casi el exterminio. Su búsqueda de ayuda no puede ser truncada, ¿o sí…? Hay una pequeña digresión en este texto con relación a los demás, porque mezcla la fantasía más pura con lo truculento en esa escapatoria desesperada. Un experimento terrible que debe revelar al mundo el protagonista, si consigue huir de la persecución.

  • La cura, de Kalton Bruhl: un padre atormentado ante el inminente final de su hija, postrada en coma, le hace buscar la mejor y más temeraria de las soluciones; una cura experimental. Pero el riesgo es demasiado alto… Una lucha por la supervivencia desde la visión del científico cuasi loco, que haría lo que fuera para recuperar a su niña con prueba y error. Los resultados son inesperados.

  • Colección, por KATTY Cool: una madre le cuenta a su hija, siempre que puede, versiones propias de los cuentos clásicos para amenizarle las veladas en una dulce escena. Solo que la niña no es su hija… Perverso cuento donde las intenciones de la madre se revelan poco a poco y el giro te deja torcido. Muy destacable y juguetón. Siempre que nos asomamos al abismo del alma humana, dejamos un pedazo nuestro allí, en su colección.

  • Al otro lado, de Alejandro Masadelo: un hombre con fobia a los espejos hace todo lo posible por llevar una existencia normal. Pero, un día, decide enfrentase a su miedo, creyendo salir victorioso. El espejo aún tiene algo que decir… Nos adentramos desde la herida psicológica en un mundo distorsionado, pues tiene ese elemento perturbador, como son los espejos, el no saber qué puede haber detrás; si somos nosotros mismos u otro. Esta versión de su reflejo te transporta dentro de la vívida pesadilla en un notable viaje. 

  • Baronesa a media luz, por B.J. Sal: un relato epistolar donde se sobrevuelan las malas intenciones, puesto que la comunicación entre dos hermanos, por cartas cruzadas, denotan una afección en el muchacho y la preocupación de ella por un tercer elemento: la Baronesa. Mujer telúrica que pudiere estar aprovechándose del joven, que padece lánguido, más de inerme por desánimo, quizá incomodidad psicosomática, que de enfermedad real. Las claves van apareciendo en forma de pista que cobran significado en la conclusión. Interesante el juego de súcubos, con una oscuridad subyacente que acaba por envolverte con sus tintes góticos. Es recomendable la segunda lectura para su entera comprensión.

  • El propietario, de Beh Sam: el flamante nuevo propietario de una casa todavía en reformas desconfía de un elemento que distorsiona su hogar y ha salido de la nada; un microondas. Y no cejará hasta descubrir la verdad del infecto aparato… Jugamos de nuevo con la mente, con la obsesión del protagonista por creer y querer trasladar sus convicciones, convertirlas en reales. Cuando puede que tenga amenazas mucho peores a su alrededor. Que se manifestarán, y no en un electrodoméstico.

  • IX, por Carlos Picazo: unos cuadros desconocidos de un artista que se da por muerto aparecen de la nada, teniendo que ser verificada su autenticidad por Ana, quien tiene una relación muy íntima con esa serie de obras que atentan contra la cordura. Seguirá el hilo del descubrimiento hasta su mismo origen, que puede ser también final… Por fin tocamos el tema lovecraftiano, en una representación muy buena de todas sus virtudes; ese saber para conseguir que el arte trasmita sensaciones desgarradoras capaces de derribar las barreras de la mente, y que dan forma al horror incognoscible que narra el autor con maestría.

  • En el filo de los diecisiete, de M.J. Ceruti: un grupo de adolescentes en la frontera del cambio son castigados y a su vez castigan a la vida, probando todas las crueldades y aceptando los retos más extremos. Cuando la expiación se excede, buscarán venganza… Un texto de rabia cruda, de ira juvenil como solo pueden tenerla esos jóvenes insatisfechos, torturados por las limitaciones del mundo, que perfila con detalle a cada uno de los chicos y chicas que son solo uno. Pues la amistad significa todo para ellos.

ERRORES

  • Sintasol, por Pedro P. González: la conciencia, que no es la conciencia sino tu otra voz, desnuda tu verdad, quién fuiste, quién eres y quién no serás. Junto con todo lo que hiciste, ¿te acuerdas? Eso te persigue. ¿Eres capaz de aceptarlo…? Una introspección en agonía que busca liberarte de forma insistente e insidiosa, narrada como una aguja en la sien durante la cuenta atrás de paredes y tiempo que se hacen más y más pequeños mientras tú degeneras y te apagas.

  • Leche fría, de Pepín Flores: en el laberinto de un hospital, una madre es atendida de sus dolencias estomacales; tratada, apartada, aislada y estudiada. Al final, no queda más remedio que operar. El resultado es inesperado, porque, ¿quién puede apartar a una madre de su hija y a una hija de su madre…? Nos brinda este texto algunas imágenes que cercenan el sentido, como ese doctor, como la criatura, como la madre de antes y después y dentro. Y el sabor de la leche. Fría. Muy fría.

  • Duérmete, niño, por Jorge Pérez García: las canciones de la infancia son puertas de reminiscencias a otros lugares, que se dividen entre sueños y pesadillas. Pero cuando vuelves a la realidad, solo queda el miedo. Y algo más, que ha viajado contigo y viene a llevarte… Juega aquí con la misma concepción de la mayor y más terrible de las sensaciones, a la que da personaje propio, quien gusta de explicarte, en detalle, porqué hace lo que hace. En sufrimiento y posesión.

  • En el ojo de la entropía, de José Ángel Conde: un viaje en nuestro futuro, con la galaxia ya cartografiada y colonizada por grandes naves y mejores ambiciones, desencadena en un punto de inflexión que muestra lo poco que sabemos y lo mucho que oculta el universo, quien marca una nueva hora y realidad… Nos recreamos aquí en un lenguaje, de terminología técnico-empírica, tan cuidado y escogido que arrastra cual marea cósmica desenfrenada, en un recorrido minucioso sobre esa singularidad que guarda la verdad del origen, el final y la creación de los tiempos, de la misma existencia.

  • El miedo, por Francisco Santos Muñoz Rico: un hombre convive en silencio con su fobia cada vez que se queda solo, refugiado bajo la sábana, temeroso de una esquina concreta, quizá no euclidiana. Y cada día se enfrenta a ella de nuevo… En bucle perpetuo. El miedo en su versión más cruel, inevitable en las rutinas de tu propia casa, y familiar acechando en un lugar de obligado paso. Trayendo recuerdos que deberían ser sueños o sugestiones sobre algo que pudo o no pudo ser, y que el autor desentraña implacable.

  • Quaerens quem devoret, de Nicolás Ayensa: una entidad se comunica con usuarios de redes sociales para atraerlos a su red de escalofriante perversión mental. Usa ese ser la metaliteratura para acercarse, para difuminar la individualidad e interactuar con el poco precavido lector, rompiendo la cuarta pared. ¿Y sabes quién es su siguiente víctima…? Tú. Atrevido reto el que propone este relato, exigiendo total implicación al lector, yendo más allá de sus páginas y su cierre, pues el juego no ha terminado. Trevor está aquí para quedarse.

  • Una sonrisa, por Rocío Stevenson: un miedo que acosa y persigue va cobrando forma a través de los sentidos, ganando dimensiones, mostrando cómo se acerca; un rumor creciendo como un tumor. Está por doquiera, te ha encerrado en ti mismo, y no tardará en cogerte, aunque no sepas para qué… Una sensación de opresión, de claustrofobia, te capta para el relato, pues aunque creas que lo ves venir, con la sutilidad de la autora, con su concreción, te acabará sorprendiendo el giro final. Su desenlace resulta terrible, el que deviene en mi peor horror.

  • Manual para la detección y control de malformaciones ontológicas, de Bernard J. Leman: un completo y detallado manual te enseña, cual decálogo, a trascender y mirar más allá de la realidad y el espacio-tiempo, otorgando la capacidad de asomarse detrás del telón dimensional de la existencia y sus líneas paralelas, e incluso aspirar a mover sus hilos. Pero tiene un precio… Lo mejor del texto es que, al aceptar su premisa, parece posible, factible, alcanzable. Me he visto tentado a seguir esas instrucciones para saber. Todavía me contengo, no sé por cuánto tiempo.

  • Miedos, por Román Sanz Mouta: miles de personas desaparecen cada día y nunca se vuelve a saber de ellas. No por secuestro, muerte o fuga. Es otra cosa. Y el mismo concepto del miedo puede ser su vínculo y umbral… Me permitiréis que no comente este texto como propio, corresponde la tarea a lectores objetivos y subjetivos. Todo vuestro.

  • Una visión en el Castalio, de Maximiliano Ponce: en el cercano Marte, el proceso cognitivo de relajación que previene la salud mental desencadena una revelación. Esa reunión y la metodología astral-invasiva para poner las consciencias en común puede despertar no solo recuerdos, sino verdades peligrosas… Un cuento de ciencia ficción bien trenzado, que nos muestra a la vez que oculta secretos que solo la mente conoce. Pero el espacio es celoso, y gusta de sorprender con todo tipo de peligros inesperados.

  • Desagradecidos, por Andrés Granbosque: el gran titiritero habla de su obra, que le resulta insatisfactoria, y desgrana el proceso completo; las dificultades, las ilusiones, y sus iguales, amigos y enemigos. Porque todos somos hormigas… La visión absoluta desde lo alto que explica aquello que todo el mundo se pregunta; su casuística, su evolución, su degenerar, y esas gotas de azar que deparan un destino u otro. Porque todo cansa cuando deja de ser novedad.

  • Te susurré en el oído al nacer, de José Luis Pascual: hay un fino velo entre la cordura y su reverso, una frontera que podemos cruzar de la mano de un susurro que abre el discernimiento, y nos permite dudar de la identidad propia o el lugar que ocupamos en el mundo. ¿Quién me ha creado? ¿De dónde he salido? ¿Cómo he llegado aquí…? El protagonista, que tiene una presencia siempre amparándole, decide aceptar la realidad durante una sucesión de capítulos. Un acierto contado por este peculiar narrador, quizá también implicado en el juego de control, de verdades y mentiras.

Concluyendo largo: varias voces narrativas, innovación literaria, combinación de géneros, personajes desde lo normal a lo sublime y lo absurdo, atmósferas pequeñas, ciclópeas o innominables, y tramas que sentirás cercanas, incluso desde lo más profundo del cosmos o en la sima abisal más recóndita. Todo gracias a la caterva de autores y autoras reclutada (emergentes y prolíficos, pues os garantizo que algunes de los que aquí presentamos dominarán las librerías en las próximas décadas), por medio de relatos cortos (el formato en el cual más brilla e intimida el horror), y esbozado desde las maravillosas ilustraciones de Lucyna Adamczyk (que también nos regala una portada ignota).

Se ahonda en el mismo tejido de las pesadillas creando nuevos mitos y leyendas urbanas sin necesidad de repetirse ni caer en lo convencional. Lejos de los queridos creepypastas de consumo rápido. Trayendo de vuelta a fantasmas desconocidos para nuestro espectro, buceando allende lo inimaginable, probando el metamiedo… Con la sensación constante que estas historias, una tras otra, han sido concebidas para ti, y solo para ti, porque te conocen íntimamente.

Ese es el efecto, el juego entre el terror del primer volumen y el error del segundo; lo inexplicable, lo inequívoco, lo improbable y lo ignorado es la fuente de nuestros temores más primordiales.

Adentraos en T.Errores. Vamos a descubrir juntos una nueva manera de contar el terror. Y se trata solamente del principio del camino…

Pd: Una vez más, ¡bienvenides al circo de la entropía! Trae tus mejores miedos, prometemos mejorarlos.

Los miembros del club hablan:

T.Errores es para mí, sin duda, una antología diferente. Tiene el concepto de error como hilo conductor y el terror como niebla en la que hay que zambullirse persiguiendo el texto. En la antología he encontrado de todo y —la verdad— creo que todo tiene una gran calidad y variedad. Si bien es cierto que algunos pueden pecar de extraños o quizá demasiado abstractos para mi gusto, una segunda lectura más dedicada me hizo apreciarlos de otra manera. Y es que algunos son más exigentes que otros con el lector, y eso me gustó porque me mantuvo atento a cada giro.

Son muchos y destacar solo algunos sería injusto, pero valga esta breve muestra del recorrido emocional tan alucinante que hay aquí:

– La sensibilidad amarga de La Luminaria me dejó con el pecho frío.

– No fue menos lo descarnado del realismo marginal de En el filo de los diecisiete.

– Siguiendo con los pies en el asfalto, los casos relatados en Miedos creo que tocan algo que todos hemos sentido alguna vez y nos llevan a conjeturas de lo más sórdidas.

– Juro que terminé Una sonrisa con un escalofrío en el cuerpo.

– La originalidad de Manual para la detección y control de malformaciones ontológicas me rompió los esquemas.

En el ojo de la entropía me supuso un reto al desplegar un imaginario muy difícil de concretar en imágenes, dejándome con la palpable confusión de una ensoñación perturbadora.

Baronesa a media luz me parece exquisito, simplemente.

Leche fría y Colección me resultaron tremendamente siniestros.

– El miedo infantil tan reconocible que nos recuerda Motuo.

– El desasosiego que puede producir un electrodoméstico, la soledad y la oscuridad en El propietario.

– La angustia del determinismo existencial al que me llevó sin darme casi ni cuenta la voz amarga de Te susurré en el oído al nacer.
 
Solo he mencionado la mitad, por sacar algunas pinceladas.
En definitiva, encontré un crisol de terrores muy recomendables entre los que ni siquiera me puedo decantar por algún favorito, puesto que no creo que se puedan ni comparar entre sí.

Carlos Picazo

Doce Terrores y doce errores. Un antología dividida en dos partes bien definidas que abre con la vida y cierra con la muerte. Empieza con un relato estupendo que conecta con uno de los miedos ancestrales de la humanidad; la oscuridad y esos seres que esconde. Termina con un experimento metalingüístico en el que el narrador de nuestra vida podría ser uno de estos seres o en cualquier caso algo terrorífico.
¿Y quién maneja los hilos?
En este caso, José Luis Pascual, director de la web cultural Dentro del Monolito, que coordina esta antología bien equilibrada. Así, las dos partes no se distinguen solo por su título sino por la forma y los temas. En la primera encontramos miedos más clásicos y en la segunda una deriva hacia lo surrealista, lo onírico, el fluir de la conciencia y el experimento, aunque también hay una bronca a la humanidad.
Me gustaría destacar, como ávida lectora de antologías, que me ha sorprendido encontrar tan solo dos textos que, sin ser malos, no me han dicho mucho. Y esto me pasa con muy pocas colecciones de relatos.

Susana Calvo

Daniel Piniella

Para concluir, os dejamos con el debate realizado en directo el pasado 12 de septiembre, que contó con la participación de Elena (de Spanishfear) Juan Carlos (de TOC Libros), Daniel Piniella, Bernard J. Leman, Susana Calvo y un servidor. Esperamos que os guste.

Próxima lectura: Muro fantasma (Sarah Moss)

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