Desquiciada (Juliet Escoria – Horror Vacui)

por Francisco Santos Muñoz Rico

Título: Desquiciada

Autor: Juliet Escoria

Editorial: Horror Vacui

Nº de páginas: 320

Género: Autoficción

Precio: 19,90€

Me aparté de mis compañeros de clase para mirar el océano, que brillaba bajo la luz dorada. Era tan hermoso que no podía soportarlo. Sentí un cambio en mi tectónica, como si fuera a salir de mí misma, un cisma en mi pecho por el que se derramaba algo caliente y denso como la lava. Fue la primera vez que tuve consciencia de aquella cosa extraña. La sentía como algo eléctrico y emocionante, pero también como algo que tendría que ocultar. Así que me tragué aquella cosa. Me quedé callada y quieta. No había nada mutando dentro de mí. No había ningún mal creciente. Todo es normal, me susurré a mí misma una y otra vez hasta que mi respiración se hizo más lenta y la luz del sol se suavizó hasta alcanzar su color habitual. Tal vez eso era todo. Desde el primer momento en que sentí aquella cosa oscura, me di cuenta de que estaba invadiendo mi mente, mi cuerpo. De que había algo enfermo dentro de mí. De que en cualquier instante llegaría una plaga de malos pensamientos, un canto en mi cerebro repitiendo: quiero morir. Quiero morir. Quiero matarme. Quiero morir.

Empecé este libro con muy buenas perspectivas, había leído un parrafillo de muestra por ahí y se me presentaba interesante; algo atemporal, incluso, o anacrónica más bien. Y no defraudó de primeras, en absoluto; la historia de una persona cualquiera y a la vez todo lo contrario, ya sabéis: la historia de todos, al cabo. Es un relato duro, sí, y supongo que incluso, para cierto tipo de timorato, ofensivo. A mí me pasa todo lo contrario: no solo no me ofende, me siento muy identificado con la actitud del personaje principal, Juliet, sobre todo en la primera parte del libro, y digo su actitud frente a temas de los que aún hoy se habla poco y mal (con absurdos recatos o con cuidado de no ofender la moral imperante o no pasarse con la incorrección política), y en este sentido la historia, creo, debe ser leída e incluso debiera serle escupida en la cara a más de uno…  drogas, enfermedades mentales, suicidio, y en primera persona. La poca importancia que se da al sexo también me gustó, hubiera resultado ridículo que en un libro como este apareciera un romance pueril o una “primera vez” de esas que le funcionan a Walt Disney y sus malévolos subalternos. Esto es la puta realidad.

Lo que más me atrajo desde el principio fue que no parecía ser una moralina en absoluto. Una historia de este tipo contada desde el arrepentimiento suele apestar, a mí me apesta por lo menos, y por eso agradezco el tono a veces aséptico y de tanto en tanto desapasionado… pero es este mismo tono propio de un diario personal el que empezó a hacerme la historia algo pesada, la profusión de detalles insulsos y poco o nada importantes; es decir: poca literatura y demasiada crónica. Literatura vs periodismo, podríamos decir.  Me hubiera gustado un poco más de El almuerzo desnudo y un poco menos de Pregúntale a Alicia. No quiero que se me entienda mal, eh, estos títulos son orientativos (podía haber saltado con Trainspotting o Miedo y asco en Las Vegas, pero estas dos se alejan todavía más de la historia de Juliet —y tampoco soy experto en este tipo de literatura—), y quiero dejar claro que Pregúntale a Alicia me pareció vomitiva, ni lo puedo incluir en “literatura”, pero Desquiciada sí es literatura, es solo que se aleja de mi ideal, digamos. Pero que no dude en acercarse al libro quien quiera una historia cruda y certera acerca de los temas antedichos.

Y ya fantaseando con ser yo ministro de educación: independientemente de mis sentimientos encontrados por esa falta, a mi parecer, de preciosismo lírico y literario, pondría esta obra de lectura obligatoria para niños de entre catorce y quince años, que andan en general, según he podido observar, más idiotizados con el papel que les hacen interpretar que cualquier dichoso yonki adolescente atiborrado de pastillas, alcohol, marihuana y/o cualquier cosa que uno se pueda meter en el cuerpo. Y esto es triste.

Especial mención merece la cuidada edición de Horror Vacui, una delicia.

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