Ritual Román 113: Bajo un cielo lívido

por Román Sanz Mouta

Título: Bajo un cielo lívido

Autor: Philip Fracassi

Editorial: Dilatando Mentes

Nº páginas: 382

Género: Relatos de horror pesimista y catastrófico

Precio: 21,95€ (tapa dura)

Bajo un cielo lívido recoge ocho historias de terror que te llevarán desde la sala de un hospital psiquiátrico hasta la cumbre de una noria en un malecón junto al océano. Estas historias te enterrarán en los escombros de un terremoto, descorrerán el velo en el viaje de un alma al más allá y convertirán un pequeño pueblo del Medio Oeste en el patio de recreo de dioses transdimensionales.

Combinando el terror de la vieja escuela con el weird contemporáneo, Philip Fracassi llevará al lector a lugares en los que nunca ha estado, y le mostrará paisajes que no olvidará con facilidad. Lo sobrenatural se inmiscuye en una boda; un muelle se convierte en el lugar de una tragedia; un edificio derrumbado es solo el germen de la pesadilla para quienes quedan atrapados entre las ruinas; un científico hace el hallazgo de su vida, solo para descubrir que lo que ha desenterrado tiene consecuencias nefastas no solo para él, sino para toda la humanidad.

 

RITUAL

De nuevo Fracassi, con otra antología multipremiada, con el recuerdo de su primera colección, esa inmejorable Contemplad el Vacío. Las expectativas son altas, el anhelo por tenerlo en mis manos y adentrarme en los terrores del para mí maestro del horror pesimista y catastrófico, máximas. Porque tiene algo, dentro de la nueva terna de autores y autoras de horror, patrios o ajenos, que lo diferencia; mezcla una contundencia en la construcción de frases, expresiones, escenas, momentos, emociones o miedos, que desmonta la psique y hace que la leamos y releamos y nos relamamos, ya que resulta algo tan novedoso como viejo, mezclando literatura clásica y voces bien conocidas, con la atmósfera actual y los pánicos presentes. Porque además lleva cada cuento, cada trama, a cada personaje, al límite, doliendo, consiguiendo que te afecte, lector, lectora (al tiempo, ya me dirás). Sobrepasando las fronteras de lo correcto, lo posible o lo improbable, fusionando la maldad humana, la esquiva fortuna, lo paranormal o lo cósmico. ¿Que cómo lo hace? Siendo bueno, muy bueno. E inclemente. Con esta premisa me pongo a devorar, a sufrir con sus ocho nuevos cuentos a disposición. Veamos…

 

Campo de cultivo:
Ha llegado la boda entre Carrie y Parker, una boda con varios invitados tan imprescindibles como indeseados por la parte opuesta. El hermano y los colegas del novio quieren ajustar cuentas con el mejor amigo de la novia, dejar las cosas claras. Un joven que siempre se ha mantenido al lado de Carrie, inseparable, en perfil bajo, en tercer y hasta en cuarto plano, reprimiendo sus emociones, sin reclamar nada para sí. Porque Eli es especial, tiene ciertos dones. Cuando todo confluye en la iglesia, anhelos, rencor, alcohol, y una tormenta descomunal (algo nunca visto, un arrebato climatológico personal contra aquellos que abajo tratan de celebrar), la ceremonia se condena. La inquietud se traslada por medio de tensión creciente, en alerta, porque la conjunción de elementos devendrá en imprevisible y funesta. El autor con su carta de credencial; convertir una ceremonia en el preámbulo del desastre, desastres que combinan la estupidez y maldad humana con la alteridad y cierto componente extraño. La boda supone una nave a la deriva que no sabe que ya ha naufragado, que se mantiene unos segundos más a flote por medio de emociones, emociones que comparte con el lector. Bien.  

 

La noria:
La demoledora frase inicial anticipa lo que sucederá en el cuento: «se requiere de tres hombres y un destino aciago para acabar con la vida de Mary». Cercena la esperanza de un relato en apariencia inocente en el arranque post prefacio. La chica emocionada por esta cita que se prolonga en el calendario, que alimenta la llama. El chico emocionado con esa chica y que quiere proponerle el mayor de los tratos de confianza con la escena perfecta, culminada en lo alto de la noria, ¿qué podría salir mal? A partir de ahí, metidos en la feria, veremos lo que el destino y su voluntad inclemente deciden para ellos, con la ayuda de un piloto borracho, divorciado y descastado que quiere recuperar lo perdido con ayuda de sus alas, y un tercer hombre, operador de noria, capaz de arreglarlo todo menos sus antecedentes y su perversión. Ahora, cambian las tornas, porque, con esta combinación ¿qué puede salir bien? Pues aun a sabiendas, y con un dominio extremo de la arquitectura de la tensión y el drama, siempre se guarda una sorpresa, un giro que nos avalancha. Tantas formas del desastre a elegir y solo una que no adivinamos. Pelos sin parpadear y mirada de punta provoca.

 

El vendedor de helados:
Una familia se muda a un pequeño pueblo debido a problemas consensuantes con la realidad. Su hija, Ellie, no está de acuerdo, lo pierde todo en el trasvase, un trauma adolescente, el horror definitivo. Jimmy, un joven apuesto, se presenta para agasajar a la familia en su llegada. La madre casi parece ansiosa porque su hija salga, conozca gente, se integre, incluso que pase la noche por ahí. La subasta. Se arrepentirá, lo sabemos. Jimmy le enseña a la joven los lugares predilectos de Sabbath, el peculiar pueblo. Con su lago, un lago poseedor de ruido propio, tiempo propio, color y textura propias, las sombras y el viento lo confirman. También el vertedero es parte de la experiencia, la cuna de tesoros según él, un muchacho de dos caras divergentes. Cuando regresan a la villa y su ocaso, ella ya no puede con su desconfianza… Con este relato hiperbreve cruzamos la frontera de la realidad, de la verdad tras lo planteado como argumento, que devendrá en estremecedor. Texto de atmósfera opresiva, la principal protagonista junto a la amenaza latente, nieblas y ambientes que pueden morderte.

 

Sinfonía:
¿Son los sueños ángeles y demonios? ¿Son mensajes? ¿Son una llamada, una convocatoria inevitable que olvidas al amanecer? Esther cree recibir esa llamada recurrente, y decide contestarla. Una niña transformándose en mujer que ha perdido a su madre y malvive con un padre enloquecido, quien juega indecorosamente con ella (y duele, mucho). No lo puede soportar Esther, se refugia en los sueños, que la mandan bajo la tormenta a buscar tesoros. Tesoros que pueden cambiar algo, porque sabe que su vida es errónea, incorrecta, y se siente mal, pero no puede compartirlo con nadie (impotencia). Ese algo arriva desde el otro lado, un quimerismo improbable. Esther se aferra a la esperanza, nosotros ya no… Fábula oscura, siniestra, lesiva y realista sobre el abuso y la evasión. Ese mundo de fantasía que pasa al primer plano para preservar nuestra cordura infante. Terrible.

 

Ateuchus:
Alfie, un ambicioso y joven experto en lo suyo (hay que mantener algún secreto, por mucho que aquí se desgrane, las sorpresas siguen en el fondo…) acude a la llamada de un colega para ver los restos de una roca imposible venida del espacio, de tiempos antediluvianos o incluso más antigua. Su amigo no encuentra la razón ni la composición. Alfie se lleva la piedra a casa, a un laboratorio que es fortaleza blindada que quizá se convierta en su enemiga, porque igual que no deja entra tampoco permite la salida. Allí, mientras examina, estudia y trastea muestras con la mayor rigurosidad y los mejores equipos sustraídos de la universidad, algo surge de ella, esa alteridad que todo lo cambia. El progreso del descubrimiento irá salpimentado por los sueños de fama del investigador, ya colmado de imaginarias loas futuras, sin tener en cuenta el peligro inminente de algo que ni conoce ni sabe cómo pueda comportarse, cosa que tú y yo sí intuimos… ¿Algo alienígena venido allende del tiempo y del cosmos? Obsesión como cumbre, fatalidad mayestática en el horizonte. Huele y sabe a cuento antiguo, a ciencia ficción, a inocencia, a lo sencillo que es soñar y lo duro que resulta el despertar, con visuales y desenlace ominoso.

 

Identidad:
Un hombre deprimido se abre, nos cuenta directamente su historia, nos menciona, nos refiere, nos demanda; nos necesita. Cómo se intentó suicidar y acabó en el psiquiátrico. Cómo conoció a la peculiar fauna que allí habitaba, en particular a una mujer, Crystal, de la que desea narrarnos su historia. Una fémina cuyo cuerpo no corresponde con la cara o con el carácter, no tiene una parte propia de anatomía en relación con otra, pero sus ojos secuestran la voluntad del narrador en dicho rostro que continúa cambiando, quizá por operaciones estéticas sin freno, quizá por otro motivo más terrible. Por eso lo escuchamos, lo acompañamos, porque conoce algo que necesitamos saber y que anhela contar. Recuerda que, cuando estás solo, cuando el mundo se te cae encima, no escoges a los amigos (no tienes amigos, ya te abandonaron), aceptas lo que venga y te alegra que alguien se pueda interesar por ti, así de insignificante es la condición del ser humano cuando se derrumba la psique. Pues su protagonista te pedirá ayuda para resolver tal enigma, de ella, y de sí mismo. Este texto, quizá el mejor de la colección, nos parece mucho más contemporáneo, casi mudando el estilo como un reptil el autor. Una historia magistral que juega con la mente, con la percepción, con la cercanía para contigo, lector, lectora, con esos problemas tan patentes tras lo sufrido en la pandemia, y ese reflejo que puede llegar a destrozarnos. ¿Quieres escoger entre el pabellón verde y el pabellón azul?

 

Sueños inestables:
Matthew, junto a su adorable Diane y su buen amigo Kelly. Matthew, quien no sabemos si sufre un trastorno o es algo más complejo. Porque afrontaremos esa duda perenne entre la invisible línea que separa (según los cuerdos, la mayoría) la realidad de la ficción o el onírico. Esa frontera en la que navegamos y a veces naufragamos. Soñar dentro de un sueño dentro de otro sueño, imaginar en el mismo, salir o no salir, tener un mínimo de control con la capacidad de terminarlo y despertar. Preguntas inquietantes para todos aquellos (onironautas) que adoptamos una existencia en parte basada en lo que allí sucede. Paralelismos. Pues no. O sí. Este relato me engañó por completo. La anterior fue mi primera sensación inestable, de mundo que se movía bajo los pies. Y no, un desastre, esperanzas de vida y expectativas de futuro en una pareja que se forma y asienta y quieren ser uno y depender uno del otro en su futuro compartido. Estudios, profesión, hogar, planes anegados ante una hecatombe mayor. Un hombre roto, Matthew, que hace evaluación de sí mismo, de su físico bajo el derrumbe por terremoto, y de su línea vital hasta el momento. Todo lo relacionado con Diane. Agonía, desesperación, impotencia, privación de parte de los sentidos, disociación del tiempo, a eso nos enfrenta aquí Fracassi. Contagiando la fatalidad del protagonista, quien casi no clama por esperanza, que se aferra a cuanto puede en la ominosa oscuridad bajo el peso del mundo. Mi valoración es esquizofrénica, bipolar, he leído varios cuentos en uno, bien diferentes, traspapelados. Lo dejo a tu interpretación…

 

Muerte, mi viejo amigo:
¿Y si la Muerte, la propia Muerte, fuese un estado físico, una criatura como tú y yo? Con su nombre que ya es estigma, porque la Muerte no elige ni ejecuta, solo hace la transacción de vivos a muertos una vez que el caprichoso destino determina, dejándole a él o a ella la peor parte del trabajo. Esto lo vemos desde su infancia y adolescencia contado por su mejor amigo, el mejor amigo de la Muerte. Sus labores, todo lo que no podía compartir o en lo que no le era permitido participar, el miedo provocado por su mera presencia (poneos en lugar de unes y otres). Cómo se relaciona, qué piensa cuando debate sobre problemas y conceptos mundanos o divinos. Una inquietante disquisición que coge a esa figura totalitaria que es la Muerte y la convierte en alguien vulnerable, que siente, que padece o que disfruta, que tiene mejor amigo (de verdad que un amigo/a es el mayor tesoro). Pero, sobre todo, vulnerable, al resto, a sus futuras víctimas. Tremendo.

Mi aplauso final a Luis Pérez Ochando, que cierra el volumen con una disección que hace del escritor mostrándolo en toda su tenebrosidad, con citas o palabras y sensaciones de la mayoría de sus creaciones, niños y niñas, pesadillas de verbo. Permite entender qué busca y por qué escribe así.    

Con Fracassi las horas y las hojas se te hacen cortas, porque quieres correr al desenlace pero a la vez no perderte nada del camino tortuoso, ese que ha prometido del inicio. Acabas por preguntarte, sabiendo que duele, si esa decisión que tomaste, esa cita que mantuviste, aquel lugar visitado… si cualquier instante de tu vida no puede terminar igual de mal, de nefando, rozando la peor de las perversiones en la catástrofe. La respuesta es sí, podría. Por eso nos atenaza, nos engancha, nos lleva de la mano para que contemplemos su verdad, con una construcción de prosa, unas comparaciones, unas metáforas, una arquitectura que mezcla el estilo clásico con otro más grandilocuente y moderno que te conduce a pensamientos íntimos, te arrebata como la ola hacia dentro del mar cuando no permite retorno a la orilla; primero te seduce, luego te arrastra y después te ahoga. Es difícil convertirse en un personaje de Fracassi (yo miro por encima del hombro a cada poco, con temor, para ver si escribe sobre mí), es sencillo y jodido leerlo.

Existen varias constantes en esta compilación, como los desastres meteorológicos de la nada (huracanes, tornados, tormentas, que parecen invocadas por algo más, algo mayor), los lagos (espejos de diversas épocas o dimensiones, manchas de pátina negrazulí que pueden llevarte a su otro lado). Tergiversa el universo para que nosotros decidamos lo que es real y lo que no. Indefectiblemente, acabamos cediendo a su oscuridad, convencidos que todo es posible, instalados en el miedo al detalle, al momento, a la persona, al cielo, a una gota de agua. El terror corre paralelo a la realidad, y a la vez, la otredad acecha, porque quizá ese miedo o esos actos atroces tan humanos convocan al otro lado. O quizá sean uno, se necesitan y se hermanen. Así destruye cimiento a brizna a cada personaje y situación planteada. Alteridad improbable, posible, inminente.

Fracassi genera desconfianza y desasosiego como un prestidigitador. Arranca el texto, todos y cada uno de ellos, y parece que captas el tono, el género y sentido, adivinando lo que vendrá después. Pues no. Habrá un golpe de cuento, lo pondrá del revés igual que a ti te dejará con la mente inversa. Compone cuadros, escenas, visuales, instantes, expresiones… para darnos un nuevo prisma con el que contemplar algo relativamente normal, y que convierte la rutina, el día a día, en una amenaza. Ese es el gran valor que tiene. Horror introspectivo y pesimista, funesto, enrevesado, tendencia al desastre mayor, en ocasiones te tortura lento, en otras a súbita calamidad. Pues con todo, uno de estos cuentos me ha desbordado una lágrima. Anverso y reverso. Grande.

He quedado con la sensación que en esta antología, comparada con la anterior, Contemplad el Vacío (de lo mejor en relatos que jamás leeré), y pese a los toques de lo extraño y paranormal o absurdo, se impone más el horror de ese realismo pesimista, los miedos, las situaciones que se repiten cotidianamente y que a la vez son ajenas para la mayoría de habitantes del primer mundo. Esa es la llaga donde mete el dedo Fracassi. Me dejó algo más completo su primera colección, manteniendo su excelencia en esta segunda, colmando los ojos, y haciéndonos revivir sus historias, las de sus protagonistas, ya bien dejadas atrás las páginas. En resumen, un autor de culto.

 

Pd: imagino a Fracassi escribiendo, disfrutando como un niño, vislumbrando las reacciones que provocará, nuestra cara de pasmo ante cada giro… Y, además de hacerlo bien, ¡lo pasa en grande!

Pd II: hazte con esta y con la primera antología de Fracassi, ¡ya!

 

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