Echidna (Beatriz Alcaná)

por José Luis Pascual

Título: Echidna

Autora: Beatriz Alcaná

Editorial: Casa de la Cultura Marta Portal de Nava

Nº de páginas: 68

Género: Horror cósmico, Pulp

SINOPSIS

Febrero de 1858. El HMS Echidna emprende una expedición científica con el objetivo de localizar el polo sur magnético. A bordo viaja el doctor Terrance Derleth, a quien su vieja amiga lady Augusta Sophia Young, la esposa del gobernador de Tasmania, pide ayuda en una carta al enterarse de que pasarán el invierno en la isla. Su ahijada, Moira Cox, padece unos extraños delirios: está convencida de que unas criaturas ancestrales se comunican con ella desde las profundidades del océano. Junto al doctor Derleth viajan el irreverente teniente Virgil Lockhart y el joven cirujano escocés Graham Doyle. Todos ellos tratarán de velar por la vida de la señorita Cox mientras la verdad se va desvelando poco a poco. Lo que ninguno sospecha es que tal vez sea la propia Moira quien esté tratando de salvar a la tripulación del Echidna de un destino peor que la muerte.

RESEÑA

Echidna plantea un interesante debate. Se dice que el terror literario contemporáneo transita por caminos en los que el monstruo clásico ha sido relegado a mera metáfora de algún comportamiento humano. Se dice, también, que los Lovecraft, Poe, Blackwood, Shelley, etc. resultan anticuados en sus propuestas y que ese tipo de terror no tiene mucho sentido en nuestros días. Es posible que haya algo de verdad en tales aseveraciones, pero que me aspen si uno no sigue disfrutando como un niño cuando relee las primorosas descripciones que hace Lovecraft de las imposibles cordilleras de En las montañas de la locura, o la música que sigue desprendiendo El cuervo de Poe, o los alucinantes lapsos de tiempo siderales que maneja Hodgson en La casa en el confín de la Tierra. Con Echidna, el efecto es prácticamente el mismo.

La novela de Beatriz Alcaná puede tomarse como un homenaje confeso —no hay más que leer la sinopsis para ver el espíritu— a Lovecraft y a El terror de Dan Simmons. Pero también se puede entender como el esfuerzo de una autora por expandir el imaginario lovecraftiano desde sus mismas raíces. Así, la novela calca en ciertos momentos la trama de En las montañas de la locura pero, lejos de quedarse en un cariñoso tributo, presenta algunas novedades que intuimos le habrían gustado mucho al mismísimo Howard Philips. 

La autora ha optado por una narración clásica que mezcla el intercambio epistolar con entradas de diario. Con ello, y con el tono adecuado, se logra la inmersión en la época desde las primeras líneas. Que nadie tema que el estilo pueda resultar caduco; más bien al contrario, Beatriz sabe, utilizando un lenguaje culto pero poco recargado, otorgar a la obra el tempo justo y necesario para trasladarnos al disfrute que debe proporcionar una novela pulp. Porque Echidna lo es y, como muchas de esas novelas, triunfa en varios aspectos. 

La ambientación es perfecta gracias a referencias geográficas, a la sensación de formar parte de una tripulación de barco o a la inocencia de los personajes tan propia del género. Los personajes se adecúan de maravilla a todo ello, resultando creíbles en su composición y talante. Se nota el oficio de la autora para contrastar la seriedad y tacañería del teniente Lockhart, por ejemplo, con el carisma arrollador de Doyle. Y sí, los propios apellidos también conforman otro homenaje, pues encontramos algunos que nos sonarán mucho, tales como Derleth, Phillips, Belknap, Ashton, el propio Doyle… 

Lo que para algunos pueda parecer una repetición, para mí ha resultado un maravilloso regreso al estrecho de McMurdo y a esas cordilleras en las que mora algo muy poco humano. La historia del HSS Echidna es un complemento que engorda la mitología de horror cósmico con personalidad propia, muy al estilo de lo que hace el maestro Francisco Javier Olmedo Vázquez en sus novelas. El jurado del V Premio de Novela Corta de Terror de Nava (Asturias) tuvo buen tino para otorgar el premio a Echidna, pues es toda una reivindicación de un horror que, aunque pensemos que ha sido superado hoy día, sigue tremendamente vigente y funciona con la precisión de los clásicos.

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