Un poco de nostalgia: La máscara negra

por J. D. Martín

A día de hoy hay mucha calidad en la narrativa española. Series, películas, cómic y literatura de la buena. Pero para hablarles de ella ya están mis compañeros de redacción, así que yo voy a permitirme el lujo de los ancianos y recordaré  con cariño cosas del pasado.

Hoy quiero hablarles de La máscara negra, serie española de 1982 que nos hizo vivir las aventuras de un justiciero enmascarado en la España del siglo XIX, cuando los franceses nos invadieron.

Como leve contexto histórico, recordemos: La Revolución Francesa ha dado paso al imperio de Napoleón. Ideas de libertad y progreso, rechazo a la iglesia católica y enciclopedismo se extienden y discuten. España, gobernada por uno de nuestros peores reyes, sigue siendo oscurantista y tradicional, aunque muchos intelectuales desean cambiar las cosas, evolucionar. Napoleón cuela a sus tropas con la excusa de que iba de paso a Portugal, y se quedan. Los españoles, divididos entre quienes desean aceptar las nuevas ideas y quienes prefieren el inmovilismo, acaban por rebelarse y se produce la Guerra de la Independencia. Como pueden ver, un momento de lo más convulso y animado, y por tanto un buen escenario para las historias de aventuras.

Nuestro protagonista, la Máscara, lucha contra el invasor francés, pero también contra los poderes más conservadores, que a fin de cuentas defienden un feudalismo servil y abusivo. Miembro de una buena familia, Diego de Zárate será la Máscara en el primero de los once capítulos, pero poco le dura la alegría. Cuando su hermano Carlos, vividor cínico e individualista en apariencia, regresa a España tras una larga ausencia, Diego y él tienen que tomar las riendas de la hacienda familiar, pues el padre acaba de morir. Diego ocultará a Carlos su identidad secreta, aunque este acaba por descubrirla al morir Diego a manos de un capitán francés, y decide seguir la lucha, en parte por venganza y en parte porque no es tan cínico y ajeno, porque ver cómo se desgaja el país y sufre el pueblo llano le desgarra.

Me dirán ustedes, no sin razón, que un señor con dinero viviendo una vida secreta de lucha contra la injusticia no es nada nuevo. Hasta el nombre de Diego y el apellido iniciado en Z nos harán pensar en el Zorro. Traje negro, recursos, sociedad convulsionada. Podríamos hablar del Zorro, el Coyote, Batman y tantos otros. Acabaríamos por retroceder en el debate hasta el siglo XV y las primeras leyendas sobre Robin Hood, si a ustedes les place.

Dejando claro que no es el planteamiento más original de la historia, vayamos con la puesta en escena, uno de sus méritos. El traje del héroe mezcla lo goyesco con la Comedia del Arte italiana y los majos de la época, y es mérito de Javier Artiñano, uno de los mejores y más premiados escenógrafos de la época. Dirigieron los once capítulos que componen la serie Antonio Giménez Rico, Emilio Martínez Lázaro y José Antonio Páramo,  con guiones de Manuel Matji, Antonio Larreta, Guido Castillo y Duccio Tessari. No les entretendré desglosando el currículo de cada uno, pues la extensión de este artículo resultaría excesiva. Créanme si les digo que son oro molido.

Los episodios muestran aventuras independientes en las que la Máscara actuará en favor del débil, contra la ocupación francesa y los abusos de los poderosos españoles. Vista con la distancia que nos da el tiempo, cabe destacar que se emitió en una época difícil para España, en la que la democracia se estaba asentando y desarrollando, nuestras relaciones con Europa aún eran difíciles, y la búsqueda de nuestra identidad tras tanto tiempo de dictadura era muy compleja. Pensemos que acababa de aprobarse la primera ley de divorcio, y que las mujeres podían abrir una cuenta bancaria sin permiso del marido, derecho suspendido por la dictadura y que ya tenían en 1904, para que se hagan ustedes una idea. Por tanto, las aventuras de un héroe que defiende a los más humildes, aunque sea mediante la mentira y la astucia, y el poner en tela de juicio aspectos del status quo como la monarquía o el poder de la iglesia, tienen mucho mérito.

Pero volviendo a lo divertido, este espadachín con madroñera y máscara a lo Pantalone nos ofrece algunas de las mejores escenas de esgrima, un buen montón de humor y bastantes acrobacias, siempre con argumentos bien desarrollados, investigaciones cuidadas y un impresionante trabajo de vestuario y decorados. Resulta por tanto una experiencia muy recomendable para los aficionados a la aventura, un acercamiento interesante, aunque con todas las licencias de la ficción, a nuestra historia, y un entretenimiento seguro.

1 comentar

Vicente Ortiz diciembre 18, 2023 - 10:37 am

No sabía que existió esta serie.
Me ha gustado.

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