Randall Flagg: la maldad en exotránsito

por J. D. Martín

© Michael Whelan

Mientras esperaba que la Arena Dragón se disolviese en el vino, Flagg se sentó para estudiar el antiguo libro, encuadernado en piel humana, que el loco Alhazred había escrito en las mortales mesetas de Leng.

Esta es la referencia, el guiño, más cercano al maestro de Providence que he encontrado en la larga y compleja historia de Randall Flagg, villano recurrente de otro maestro del terror. Flagg aparece en Apocalipsis y Los ojos del dragón como uno de los protagonistas principales, pero también tiene un gran peso en la saga La Torre Oscura, obra maestra de Stephen King. De hecho, la primera frase, esa que me enganchó e intrigó siendo un niño, nos dice que “El hombre de negro caminaba por el desierto, y el pistolero iba en pos de él”. Quizá una de las mejores primeras frases de la literatura, que nos plantea un conflicto y dos antagonistas despertando nuestra curiosidad, preparándonos para la adicción.

Pero no quiero hablar de la épica, ni del heroico pistolero. Hoy quiero dedicar unas letras al villano más influyente de la obra de King. Su primera aparición fue en Apocalipsis, también llamada La danza de la muerte; esta novela nos cuenta cómo un virus de gripe mutado en un laboratorio escapa del control humano, sembrando una pandemia que a punto está de acabar con todos los hombres y no pocos animales del planeta. Los supervivientes se encuentran, reuniéndose poco a poco en dos grandes bandos, tratando de recuperar o reinventar la civilización. Y los grandes imanes que aglutinarán a estos supervivientes lo harán, primero, apareciendo en sus sueños. Si Flagg se asoma a tus sueños, más te vale estar muerto.

Este ser, el hombre oscuro, el hombre de negro, surge del desierto sin que ni él mismo tenga claro dónde estaba antes, o si estaba en algún lugar; botas, ropa vaquera, unos cuantos panfletos de grupos radicales y una indomable voluntad de caos son todo lo que tiene. Más que suficiente para alguien con el poder de dominar a los lobos, de matar con un gesto y, sobre todo, de comprender la naturaleza humana. El gran tentador, que mediante la adulación o la amenaza será capaz de ofrecerte todo lo que puedas desear hasta que te rindas a su voluntad. ¿No os recuerda a Nyarlathotep?

Stephen King contó que la inspiración para el personaje fue Donald DeFreeze, uno de los responsables del secuestro de Patty Hearts en 1974. DeFreeze pertenecía a un grupo ultra de izquierdas que exigió como rescate la donación de comida para los pobres por parte de la familia de Hearts. Aunque lo consiguieron, ella no fue liberada, y de hecho se la detuvo tiempo después por participar en algunos de los atracos llevados a cabo por el grupo. Se considera un caso extremo de síndrome de Estocolmo, y muestra esa naturaleza manipuladora, extremista y malvada en esencia que Flagg tendrá en todas sus apariciones literarias.

Siguiendo con Apocalipsis, Flagg tendrá como objetivo la destrucción del bando contrario, la imposición de una sociedad totalitaria en la que el castigo más leve es la muerte. Un mundo de miedo y caos. Sin embargo, no es el clásico villano megalómano que trata de gobernarlo todo. Durante la mayor parte del libro, Flagg está vagando por el desierto, dejando el control de su naciente imperio en manos de subordinados que, por convicción o por miedo, aplicarán sus leyes con todo rigor. Creo que actúa así porque no es un malvado absoluto, sino una especie de emisario, un sumo sacerdote del mal mayor. El desorden no es un objetivo, sino un medio, la forma de sembrar un futuro. Esto le reviste de un aura de misterio, que en no pocas ocasiones nos hace pensar qué vendrá después de Flagg.

Al acabar Apocalipsis encontramos al villano derrotado y, en una forma oscura, renacido en otro tiempo y lugar, dispuesto de nuevo a iniciar su cosecha de maldad. Nos preguntamos si puede morir, si recuerda lo que hizo y quién fue en otras vidas. La inquietante respuesta es que no lo sabemos, ni él mismo lo sabe muy bien. Que el mal regresa. Que siempre estará ahí.

Apenas seis años después se publica Los ojos del dragón, un breve y no demasiado exitoso cuento de príncipes y magos, al viejo estilo de los juglares. Mi opinión personal, que por supuesto no tienes por qué aceptar, es que King se encontraba en un momento de gloria literaria y tenía ganas de divertirse, de hablar con desenfado de la gran epopeya que ya crecía en su inquieta mente, esa Torre Oscura cuya sombra ilumina toda su obra. Se contó a sí mismo, y por suerte a nosotros, un cuento casi infantil en el que esbozaba el mundo que habitaría el pistolero, y Flagg tiene un lugar necesario en ese mundo.

Como creo que quienes no conocen esta novela la disfrutarán mucho, y además parece que se está preparando una serie de televisión sobre ella, trataré de no desvelar demasiado del argumento.

Delain, un reino gobernado por el buen, aunque torpe, rey Roland, cazador del último dragón conocido y partidario de hacer las cosas sin molestar demasiado a sus súbditos. Un reino que algún día heredará Peter, el mayor de sus dos hijos, engendrado la noche en que Roland cazó al dragón y comió su corazón aún palpitante; un reino en el que Thomas, príncipe eterno, verá cómo su hermano mayor es admirado y querido por todos, mientras que a él apenas parecen tolerarle o apreciarle. Después de todo, Thomas nació solo gracias a que el consejero del rey y mago de la corte dio a este una poción para que pudiese yacer con su esposa.

El consejero del rey. Flagg. El oscuro mago, siempre cubierto por una capucha sombría, alojado en las tenebrosas estancias cercanas a las mazmorras y las salas de tortura. Llegó a Delain hace más de setenta años, aparentando unos cuarenta, y se convirtió en consejero del abuelo de Roland. Ahora apenas parece tener cincuenta y sigue allí, susurrando al oído del monarca la necesidad de subir los impuestos o la conveniencia de aplicar la pena capital en respuesta a todo delito. Por supuesto no lo hace para beneficiar al reino, sino para provocar el descontento de la población, trabajando lenta pero incesantemente en la futura revuelta que traerá muerte y caos.

Quizá sea en esta novela donde se nos muestra más claramente su naturaleza confabuladora, su aparente apego al desorden, ya que ni siquiera pretende ocupar el trono. Solo busca la destrucción, y eso es lo que le convierte en un gran malvado, un ser impredecible y por tanto, difícil de detener. Por eso me gusta tanto Los ojos del dragón, aparte de ese guiño a Lovecraft al que aludí al principio. Por sus personajes arquetípicos, que pueden parecer aspectos maniqueos del Bien y el Mal y que poco a poco se nos revelan mucho más ricos y abundantes en matices, convirtiendo un pequeño cuento de hadas en una historia con entidad propia. Y en un complemento perfecto, un dibujo claro del mundo inmenso que encontraremos a lo largo de los siete volúmenes que componen La Torre Oscura.

Volvemos a encontrarnos con el malvado Randall Flagg en el primer volumen; perseguido por el pistolero, el hombre de negro cruza el desierto. Una persecución implacable que parece durar décadas y venir de años atrás, en la que el pistolero, adalid de la justicia y el orden, intenta atrapar a Flagg, arquetipo del mal y responsable en gran parte de que el mundo se haya movido hacia el caos, hacia la destrucción. En esta epopeya será la Torre Oscura, núcleo de todos los mundos posibles, sujeta a la realidad por los Haces o caminos de energía, la que evite esa caída en el desorden. Y Flagg será uno de los servidores de ese poder que trata de destruir la realidad.

Por supuesto, entrar en la Torre es entrar en un ejercicio de metaliteratura, referencias e intertextualidad que merecería toda una serie de artículos. Desde It hasta Corazones en la Atlántida tienen su relación con la Torre, pues todos los Haces conducen a ella, y todo sirve al Haz.

Centrándonos en Flagg, cuyo oscuro origen parece el lejano reino de Delain, sigue con su objetivo de disgregar el mundo y destruir la Torre; Delain, como la mayoría de reinos del mundo, ha caído. El pistolero y el hombre oscuro pelean por las últimas migajas de la civilización, y acabarán manteniendo un parlamento muy esclarecedor para Rolando y para el lector, que entenderá mucho mejor ese papel caótico del mago. Pasados, presentes y futuros, en plural, se entremezclan en la figura de Flagg, dando un contexto a la obra de King difícil de entender sin él.

Funciona perfectamente como villano, por su naturaleza arquetípica, pero teñida de esa imprevisibilidad; en un cliffhanger perpetuo, nunca sabemos si ha sido derrotado o regresará reencarnado. Sus actos más inocentes, sus palabras más banales, nos dejarán intrigados, puesto que pueden ser vitales veinte páginas o dos novelas más tarde. Su capacidad de analizar y aprovechar el carácter humano —que muestra perfectamente en el primer volumen de La Torre, arrojando a todo un pueblo contra el pistolero— nos hará ahondar en nuestra propia naturaleza y la de quienes nos rodean.

Es en resumen un villano capaz de hacernos sentir cierta simpatía, y de conseguir que nos preguntemos, si es que nos atrevemos a hacerlo, qué porcentaje de villano hay en nosotros mismos.

2 comentarios

Fanky
Fanky junio 9, 2020 - 9:05 pm

«Un mundo de miedo y caos». En realidad Flagg impone miedo y orden, y de hecho gay más orden en Las Vegas que con Abigail. Siempre me ha gustado equiparar a Abigail con Dudits, seguro que Dudits se comería todo el pan de la Msdre Abi, jejeje. Por otra parte en El Talismán y en su secuela hay otro «,ensayo» de Torre Oscura, creo yo.

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JD Martín
JD Martín junio 10, 2020 - 6:49 pm

Sí, desde luego “El Talismán” tiene mucho de saga épica, y soy de la opinión de que King ha estado ensayando la Torre durante gran parte de su obra. Incluso estuve tentado, en este artículo, de equiparar a Robert Gardner con Flagg, tal vez como una de sus encarnaciones, pero no encontraba la solidez suficiente. Me atrevería a decir que King siempre está ensayando sus grandes obras incluso en sus obras menores. Hace poco releí el relato “A veces vuelven” y me parece un boceto de la relación entre Henry Bowers y Los Perdedores de “IT”. Muchas gracias por leer y comentar, Fanky.

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