Robert Eggers: Lo desconocido y la realidad

por Carlos Ruiz Santiago

El bueno de Lovecraft decía que no hay emoción más intensa que el miedo ni miedo más intenso que el miedo a lo desconocido. Siempre me ha encantado esa aseveración, porque se vuelve más real cuanto más la piensas. ¿Por qué creéis que las historias del maestro de Providence siguen apasionando a día de hoy? Juegos de rol, reediciones, versiones revisadas, comentadas e ilustradas, comics, videojuegos y merchandising para hundir la ciudad de R’lyeh. Muy sencillo: es un terror personalizable. No a todos nos dan miedo las mismas cosas, pero a todos nos da miedo lo que no sabemos qué es, lo que no entendemos, lo que no podemos entender. A los niños les suele dar miedo la oscuridad porque la rellenan con sus propios miedos. No es la oscuridad, es lo que mora en ella. Yo te digo lo horrible que es algo y tu cerebro te dice por qué lo es. Pinceladas para que la mente rellene los huecos. Es una idea simple y magistral a un tiempo. Sin embargo, ese sentimiento, ese terror a lo ignoto, es muy difícil de llevar a la pantalla. Al fin y al cabo, el cine es un arte cimentado sobre la narrativa visual. Muestra, no cuentes, como diría algún versado en estos ámbitos. Pero, si muestras, entonces lo desconocido pasa a ser conocido. Por muy extraño o alienígena que pueda parecernos, cuando consumimos arte llegamos a un pacto espectador/lector/jugador – autor en el que nosotros aceptamos sus mentiras como verdad para el disfrute completo del relato. Es decir, que si muestras nosotros lo aceptamos y nos acostumbramos. Por lo que lo desconocido tiene poco lugar.

Eso es hasta que aparece un barbudo de New Hampshire llamado Robert Eggers, que viene a tratar ese tema como un dios. Con tan solo dos largometrajes en su plantel, Eggers ha demostrado maestría tratando el tema, que se ha vuelto algo principal en su estilo y que le ha valido no pocas alabanzas bien merecidas. A través de estas dos cintas exploraremos su estilo y su relación con lo desconocido como motivo principal, aunque sea un tanto complejo, cuando no antagónico, explicar lo inexplicable.

Fanart de THE VVITCH, por Superprongs

Vayamos por partes. La obra de Eggers es escalonada, es decir, que su segunda cinta es mucho mejor y más compleja que la primera pero, para hablar de ella, tenemos que empezar por el principio. Su primera película, La Bruja, es una obra maestra del género de terror. Y ojo cuidado que es la peor de las dos. En esta cinta Eggers usa el acervo cultural para hablar de lo oculto, una historia de folklore y religión. Una familia hiper religiosa en la época del puritanismo viviendo solos en una casa cerca de un bosque tenebroso donde vive una bruja que se dedica a hacerles la vida imposible poco a poco. Sé que como descripción suena manida y, joder, puede que lo sea, al fin y al cabo la película se ciñe a eso. No obstante, aquí es más importante el cómo que el qué. Eggers se encarga de crear una normalidad que se rompe cada vez que aparece la bruja. Cada aparición es diferente: desde cuando atrapa al bebé en esa escena tan onírica y pesadillesca, hasta la incertidumbre con la cabra negra o la casa en el bosque con la mujer voluptuosa para cazar al niño.

Es un método inteligente porque usa nuestra imaginería cultural para dar miedo. Esto es importante, no usa leyendas o monstruos del folklore, sino nuestra concepción de los mismos. No nos presenta la figura que debe atemorizarnos (mira qué miedo da mi bruja), sino el por qué nos atemoriza (¿Qué está pasando? ¿Qué le ha hecho al niño para que le pase lo que le pasa? ¿Por qué siempre está ahí la cabra? ¿Es un enviado, es la bruja, es algo más, algo peor?), y la figura la creamos nosotros solos. Son conceptos muy encorados en nuestra cultura y Eggers nos hace enfrentarnos a esas leyendas, difuminadas entre líneas entre los cuentos y la realidad sin terminar de borrarla nunca, creando una incomodidad creciente en la que no sabemos muy bien qué pasa o por qué sucede. Si no podemos ni confiar en nuestros propios sentidos, ¿qué nos queda?

Otro gran acierto es presentar una normalidad enormemente mundana que es destrozada por la magia. Y con magia quiero decir magia en su sentido más primigenio. Aquí no hay explicaciones a lo Brandon Sanderson de sistemas de magia ni nada por el estilo, aquí la magia es un puto engranaje caótico romperrealidades, es un simple mare magnum de incomprensión quebrantamentes, es desmenuzar las normas establecidas. Puede parecer malo a priori, pero esto crea una sensación muy específica. Dejadme ejemplificarlo. Si tú tienes una rata en un laberinto y al final hay un queso, la rata avanzará hasta llegar a un callejón sin salida. Después volverá al principio y recorrerá el mismo camino salvo por ese giro, donde tomará otro. Así hasta llegar al queso, como un mapa mental que se va formando en su cabeza. Si cada vez que la rata vuelve al principio tú cambias todas las paredes, llegará un momento en el que la rata dejará de intentarlo. Simplemente, verá que todo es aleatorio y que no puede luchar contra eso. Se quedará en el inicio y se morirá de hambre. Eso se llama miedo a la indefensión, y es lo que esta cinta logra. Simplemente, como no hay normas tienes miedo de todo. En cualquier momento tu realidad puede acabar hecha pedazos, y eso creo que es un acierto colosal.

Y entonces llegó 2019 y Eggers demostró hasta qué punto puede destrozar nuestra realidad con lo desconocido.

Fanart de THE LIGHTHOUSE de Salvatore Scotti (Sasco)

La Bruja es una obra maestra, no me malinterpreteis, pero su corazón, ese choque entre lo desconocido y lo conocido, ese golpe entre la realidad y la irrealidad, es solo a medias. Al fin y al cabo, es un golpe contra la religión y el folklore, contra una imaginería cultural que ya tenemos. Es más sencillo de asumir. Por eso, en 2019 sacó El Faro, dispuesto a remediar esa estúpida queja y a crear su propio desconocido en una cita que se vendió como una experiencia lovecraftiana y que, aunque lo es por las sensaciones que provoca, en realidad va mucho más allá, creando su propio juego.

El Faro parte de una premisa curiosa. Dos fareros quedan atrapados en un faro (don redundancia me llaman) en un islote donde Cristo perdió el mechero, por culpa de una repentina y terrible tormenta. A partir de aquí todo se desmadra. Al principio parece que Eggers va a a basarse en folklore marinero o en la ya mentada temática lovecraftiana, cosa que es en parte cierta, pero pronto nos damos cuenta de la cosa va por otros derroteros. Es una lucha entre dos deidades por el control, una lucha de poder que ocurre completamente en la sombra. Nunca vemos nada, apenas sí podemos intuirlo. Un faro y un mar en perpetua lucha, leyes naturales casi. Una influencia creciente que sucede en las lindes de la propia mente de los protagonistas, únicos personajes de la cinta. La línea entre la locura y la realidad se volverá realmente fina.

Si un árbol cae en un bosque sin nadie para oírlo, ¿hace ruido?

Algo así es con lo que juega esta cinta. Si no sabes algo a ciencia cierta, ¿cómo puedes asegurar que sucedió? O, aún más interesante, ¿cómo puedes asegurar que no sucedió? Eggers juega con esta idea todo el tiempo, mezclando su desconocido mundo con el nuestro, deformando a fuego lento la normalidad.

Volvamos a esa mitología un momento, a ese tergiversado mito griego mezclado con algo más. Toda la historia funciona precisamente porque nos hace enfrentarnos a lo desconocido. No entendemos nada, esa es la realidad. ¿Una luz capaz de volver locos a los hombres? ¿Una sirena pelágica de atroz voz e intenciones libidinosas? Todo esto funciona no por su trasfondo y mito, que quizás es más un cimiento que otra cosa, sino por darnos las pistas justas para seguir sin entender nada por mucho que muestre.

Me explico.

Desde el principio tenemos algunas cosas claras, como que Wake no es trigo limpio, que hace cosas raras mucho antes de que se les vaya la olla. Que Winslow encuentra una figura extraña misteriosamente escondida. La gaviota tuerta. Detalles. No obstante, pronto todo se pierde en la demencia, la soledad, la paranoia y el alcohol. Es increíble como alguien puede tenerte dos horas mirando una pantalla sin explicarte nada y que aún así no puedas dejar de mirar. Y aquí, por fin, llegamos a donde yo pretendía llegar.

Póster fan de THE LIGHTHOUSE, creado por Tracer67

Aquí lo desconocido es una parte coral de todo, aquí lo desconocido no es una parte principal, es todo lo que hay. Aquí nosotros como espectadores también jugamos al juego. Es una mezcla de esa ambientación llena de texturas, sucia y aceitosa, es el mundo desgarrarse y el diseño del sonido. Es un conjunto de todo. Es horrible pero no podemos apartar la vista. Porque no lo comprendemos pero necesitamos comprenderlo. Sin embargo, no nos aburrimos, porque no es un sinsentido alargado dos horas, es solo lo desconocido.Y entiendo que estos dos conceptos sean separados por una línea tremendamente fina. Solo tenéis que leer reseñas de esta cinta: o unos o dieces, sin punto medio. Esta película es un festival de lisergia, es una escalera a un infierno extraño, a esas cosas que vemos por el rabillo del ojo, a todos esos cuentos que damos por leyendas, todos esos inexplicables que decidimos obviar, es nosotros contra lo que no puede ser y, aún así, es.

Y es que esa lucha no es entre los dos protagonista, ni siquiera es entre esas dos deidades misteriosas, ni entre esos dos conceptos antagónicos de la realidad. No, la lucha es entre nuestra normalidad establecida y todas esas cosas que no tienen sentido y ocurren, ese mundo incierto de rumores y susurros que solo experimentamos cuando no hay nadie más mirando. Un mundo de monstruos y magia y cosas más allá de nuestro entendimiento que solo suceden en lugares apartados.

Es lo que ocurre cuando conocemos lo desconocido.

3 comentarios

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Román octubre 26, 2020 - 12:32 pm

Interesante artículo, pero debo discrepar, con respeto.
Intenso aficionado al terror y a lo desconocido e inimaginable, no encontré tales premisas en La Bruja, que se me hace sobrevalorada.
Y sí estoy más cerca de sus sensaciones con El Faro, aunque creo que la película es poco ambiciosa.
Cuenta sin mostrar, pero no sé atreve lo suficiente para ahondar en esa frontera que nos provoque un desconcierto total, y se ciñe a las locuras humanas en su mínima divinidad. Tiene múltiples lecturas, según se afronte el visionado, pero la exigencia para con el miedo me pide ir mucho más lejos. Tenía la atmósfera, la historia, los actores y las posibilidades.
Con todo, me crea curiosidad cuál será su siguiente proyecto.
Saludos!

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Carlos Ruiz Santiago
Carlos Ruiz Santiago octubre 26, 2020 - 6:47 pm

No estamos tan en desacuerdo como pueda parecer.
En realidad, coincido mucho con el tema de la falta de atrevimiento de Eggers, pero también es un poco deformación profesional que, por cada explicación posible, yo me quedo con la más fantástica. Si que quizás falte algún momento más catártico que ahonde ene se terror más allá de toda barrera pero, al mismo tiempo, creo que es parte del encanto esa atmósfera ambigua que muestra.
Como mínimo, es un autor que da a debatir.

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Román octubre 29, 2020 - 11:01 am

Como mínimo, eso está fuera de discusión. Pero siempre quiero que intenten mostrarme lo inimaginable, lo innombrable, acercarlo más a mi desquiciada mente, traspasar los ojos…

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